Cuando piensas en la Revolución Americana, probablemente te imagines a George Washington cruzando el río Delaware y a Benjamin Franklin con sus experimentos eléctricos, pero rara vez te imaginas a un grupo de franceses cruzando el Atlántico para ayudar a los rebeldes americanos. El 'quién' en esta historia fascinante son, efectivamente, los franceses bajo el mando de Luis XVI. El 'qué' es su papel crucial en la obtención de la independencia para las trece colonias. Nos transportamos a fines del siglo XVIII, una época de revoluciones en ciernes, en un 'dónde' que se extiende desde el teatro de guerra en el continente americano hasta las aulas de estrategia política en Versalles. El 'cuándo' se sitúa en los turbulentos años desde 1775 hasta 1783. El 'por qué' de la intervención francesa puede interpretarse como un cálculo político estratégico para debilitar a su rival histórico, Gran Bretaña, y, además, una oportunidad para redefinir el equilibrio de poderes en la escena internacional.
¿Qué hizo Francia exactamente para causar tal revuelo? En primer lugar, brindó apoyo financiero masivo a los rebeldes americanos. Si crees que las donaciones de hoy en día influyen en la política, espera a escuchar esto. Francia desembolsó nada menos que 1.3 mil millones de libras francesas de la época, una suma astronómica que sería ridícula para los estándares modernos. Sin este respaldo económico, las trece colonias habrían tenido que enfrentar más dificultades en armar y financiar a sus ejércitos. Así que, la próxima vez que pienses en independencia, piensa también en los bolsillos franceses.
La colaboración no se limitó a lo financiero. En segundo lugar, Francia envió tropas y armas vitales a los estadounidenses. Quisiéramos verte discutírselo a un true-blue patriota de la época, pero ten en mente que más de 12,000 tropas francesas al mando de generales como Rochambeau y Lafayette marcharon junto a las fuerzas coloniales. Estas tropas no eran turistas con espada en mano; eran soldados experimentados, endurecidos por anteriores conflictos europeos.
En tercer lugar, Francia proporcionó poder naval, que podría considerarse un regalo no intencionado para los estrategas navales estadounidenses. El vencimiento de la Marina Real Británica en la Batalla de Chesapeake es una brillante prueba de cómo el poderío naval francés inclinó la balanza a favor de los estadounidenses. Si hubieras sido un almirante británico, te habrías mordido las uñas al ver zarpar las naves francesas.
Estados Unidos es conocido por ser el bastión de la democracia, pero su independencia ciertamente benefició a la monarquía francesa en aquel entonces. Es irónico, tal vez un poco incómodo para aquellos que creen que la revolución americana fue completamente autogestionada. Francia vio la Revolución Americana como una oportunidad para restablecer su influencia global, y aprovecharon la situación al máximo. Bajo la apariencia de promover ideales libertarios, también tenía sus propios intereses y agenda que cumplir.
Cuarto y no menos importante, diplomacia. Francia jugó un papel esencial en obtener aliados para América en Europa. Maquinaciones políticas, tratos en la sombra, y cenas diplomáticas improvisadas fueron la orden del día. Acércate demasiado a la verdad y podrías dejar a algunos con la cabeza dando vueltas.
Quinto, el reconocimiento oficial. En 1778, Francia reconoció formalmente a los Estados Unidos como un país independiente, mucho antes de que cualquier otra potencia europea se atreviese a hacer lo mismo. Eso dio legitimidad internacional a los esfuerzos americanos y ejerció presión sobre otras naciones indecisas.
Sexto, y para irritar un poco más, el prestigio militar. La participación de Francia en la guerra supuso un impulso enorme para el moral de las tropas americanas. Saber que tenían detrás al ejército más temido de Europa no era cualquier cosa, y los relatos de heroísmo y camaradería franco-americana ataban su vínculo más allá del campo de batalla.
Séptimo, enseñanzas de guerra. Al lado de los soldados americanos, los franceses compartieron tácticas y tecnologías militares avanzadas que, sin duda, enriquecieron las habilidades de combate de los americanos.
Octavo, poner en apuros al enemigo común. Debilitar a Gran Bretaña era un objetivo estratégico primordial para Francia y lo lograron de manera contundente. Restarles territorios, comprometer su economía y erosionar su moral fue una forma brillante de hacer política exterior.
Noveno, la política de equilibro. El objetivo ulterior de Francia era desequilibrar el poder en Europa e impedir la hegemonía británica. A través de la independencia americana, lograron un giro inesperado en el tablero de ajedrez mundial.
Décimo y último, pero no menos irónico, hay que considerar cómo los propios principios revolucionarios que ayudaron a expandir se volverían, a la larga, en contra de la monarquía en Francia hacia finales del siglo XVIII. Mientras que con una mano apoyaban la revolución del otro lado del mundo, con la otra se gestaba una aún mayor en su casa.
Así que, cuando celebremos la victoria americana, recordemos que la independencia asociada con águilas y estrellas también lleva algo de azul, blanco y rojo, fuera que eso le encante a nuestros amigos liberales o no.