¡Ah, las historias que las recetas no cuentan! La saga de Fania Lewando es una de esas joyas históricas que se revela como un golpe sorpresa, una narración que nos recuerda que la cocina es mucho más que ingredientes y sabores; es rebeldía, creatividad y sobre todo, resistencia. Fania Lewando fue una figura clave en el Vilna de los años 30, una ciudad que hoy es parte de Lituania. ¿Y quién era esta mujer? Una chef revolucionaria que tuvo la audacia de llevar la culinaria judía a niveles nunca antes imaginados. En un tiempo de cambios, (1938), justo antes de que el horror de la Segunda Guerra Mundial intentara barrer con todo, Lewando tuvo el desenfreno de publicar un libro de cocina vegetariana —sí, vegetariana, lleno de platos que rompían con el estereotipo de la cocina asquenazí centrada en carnes.
La primera lección que Fania Lewando nos ofrece es que la tradición puede ir de la mano del cambio sin perder su esencia. En su restaurante, situado en Vilna, no sólo cocinaba para la comunidad local, sino también para prominentes visitantes europeos que buscaban nuevas experiencias. Sin embargo, Lewando no se quedó en la comodidad de sus ollas y sartenes; fundó un instituto culinario dedicado a la promoción de la cocina vegetariana judía. ¡Sí, pese a no atarse a un multiculturalismo desbordado que algunos adoran imponer!
Segundo, la publicación de su libro de cocina en 1938, "Vegetarische-Dietische Küche", es una especie de declaración de guerra culinaria. En un mundo cada vez más polarizado, donde en Europa los tambores de la guerra retumbaban, un libro que promoviera la paz con recetas vegetarianas no era simplemente una campaña de marketing: era resistencia. Sin embargo, ¿dónde quedaba su legado en medio de la cultura del liberalismo gastronómico que aboga por lo "étnico" mientras olvida las raíces? Tal vez algunos consideran que su dedicación a las recetas tradicionales con un twist moderno era una afrenta a quienes pretendían ver reducida la gastronomía judía a un conjunto monolítico de recetas sin innovación.
Ahora, pensemos en la tercera genialidad de Lewando: sus recetas no eran meras instrucciones de cocina. Eran un recordatorio palpable de que la comunidad y la cultura son inseparables. En esta era de globalización sin barreras, resulta importante recordar cómo personas como Fania Lewando usaban cada plato no solo para nutrir, sino para contar una historia que hoy sigue viva. ¿No es molesto cómo a veces el "progreso" intenta suplantar lo que no necesita ser suplantado?
La contundencia de su obra alcanza una cuarta lección, pues su legado llega hasta nosotros a pesar de la destrucción que la guerra dejó a su paso. Si Lewando hubiera sido contemporánea probablemente habría sido vilipendiada o ignorada por esos relativismos culturales que hoy en día empañan nuestra comprensión del pasado. No solo sobrevivió su obra; ¡sobresalió! Su libro fue traducido décadas más tarde al inglés, permitiendo redescubrir lo antiguo en un contexto moderno sin pervertirlo, manteniendo la esencia de aquello que el tiempo había guardado.
Quinto, Fania Lewando nos enseña que la cocina es un acto de resistencia. Como política conservadora, aprecio su firmeza. Mientras algunos liberales tratarían de poner etiquetas políticamente correctas, Fania simplemente crea. No importa cuánto la modernidad tenga que decir al respecto.
La sexta faceta de su legado nos habla de sus métodos culinarios únicos, uno de los muchos recursos que permitieron preservar su legado aún hoy. Bien podríamos decir que su capacidad de innovar se convertiría en su sello personal, una habilidad que permitió trascender su tiempo. Y si hoy día escuchamos discursos sobre el “innovador” deseo de cambiar las tradiciones culinarias por dietas de moda, Fania se destaca como un ícono de cómo puede hacerse, guardando siempre el respeto a los cimientos originales.
Séptimo, su historia es un recordatorio de cómo una persona puede ser el eje central en el cambio social y cultural, incluso desde el ámbito culinario. Fania Lewando era tanto una educadora como una chef, demostrando que enseñar va más allá de un discurso en un salón: se ofrece con cada cosa que se hace y se comparte. ¡Qué golpe a quienes dudan que los cambios auténticos nacen del trabajo real y no solo de proyectos aéreos!
Octavo, su espíritu emprendendor al helar su esencia pionera en las páginas insólitas de un libro de cocina es algo que, intencionadamente o no, termina provocando una inquietud cuando se confronta con estereotipos desactualizados. Fania entendió que incluso los mayores cambios culturales inician con lo más esencial y básico: lo que comemos.
Noveno, su aporte al campo vegetariano no puede ser subestimado. En tiempos en los que nadie hablaba de tal tipo de alimentación, Fania ya era adelantada a su época sin recurrir a lo que hoy llamaríamos 'virtue signaling'. Era algo genuino, no una declaración vacía de principios sin seguimiento.
Finalmente, la lección más importante podría ser que las narraciones históricas como la de Fania Lewando no solo llenan un vacío de conocimiento, sino que sirven como un punto de encuentro insólito entre lo que éramos y lo que podemos ser si se elige preservar y no simplemente olvidar lo que vino antes. Fania Lewando se mantuvo fiel a su tradición mientras con una mano escribía nuevas historias, demostrando que lo mejor del pasado puede iluminar el futuro si se le permite.