El manual de la decadencia progresista: Falta Personal

El manual de la decadencia progresista: Falta Personal

'Falta Personal' de Icíar Bollaín desafía el discurso progresista contemporáneo en España, denunciando cómo las políticas de identidad socavan la meritocracia.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Cómo puede un libro sacudir los cimientos de una ideología? 'Falta Personal', escrito por la autora española Icíar Bollaín y publicado en 2021, invita a plantearse precisamente esto al cuestionar el sentido común de las nuevas generaciones atrapadas en un laberinto de corrección política. El libro se centra en Lola, una joven que navega por la vida contemporánea en una España donde la meritocracia ha sido sustituida por cuotas. Una fotografía inquietante de un fenómeno global que parece expandirse a través de países que antes se enorgullecían de su libertad de pensamiento.

El argumento es sencillo pero poderoso: Lola, nuestra protagonista, se enfrenta a las luchas cotidianas de conseguir un trabajo en un mercado laboral que antepone el cumplimiento de una lista de verificación ideológica sobre la competencia y la preparación. Lo que Bollaín diagnostica en su obra es un síntoma de la corriente hegemónica en la política actual que prioriza la identidad sobre la capacidad, y el impacto colectivo sobre el individuo.

En el mundo de 'Falta Personal', la discriminación positiva ha alcanzado niveles inverosímiles. Nuestra heroína tiene que convivir en un escenario donde ser parte de una minoría te otorga un cheque en blanco frente a las exigencias tradicionales del desempeño. Aquí empieza el desfile de prioridades modernas que han sustituido la lógica pragmática por una quejumbrosa expansión de derechos. Bollaín esboza un retrato de lo que algunos podrían definir como el declive del sentido común, mientras el establishment sigue convencido de abrazar desenfrenadamente el multiculturalismo, el feminismo de la tercera ola y un ecologismo exacerbado. No es solo una crítica a lo que se está haciendo, sino a lo que estamos dejando de lado: la excelencia.

La capacidad narrativa de Bollaín brilla al mostrar cómo este juego de apariencias y discursos correctos tiene ecos en otros sectores de la sociedad. La protagonista observa cómo se cuestionan estructuras sólidas que antes organizaban la vida comunitaria. Las escenas son vívidas: entrevistas de trabajo donde las credenciales académicas se hacen a un lado porque es “más importante tener una representación justa de género”; mandatos de diversidad que dejan en el olvido la meritocracia. Todo esto no solo en el sector privado, sino también en las instituciones del Estado.

El libro divide audiencias, por supuesto. Quienes ven en las reformas un progreso hacia una sociedad más equitativa tachan la novela de reaccionaria, sin captar el mensaje subyacente que Bollaín comunica con astucia: hemos cambiado el fin por los medios. Argumenta que, a estas alturas, promulgar igualdad parece muy distinto a dar oportunidades justas. En 'Falta Personal', el vil enemigo no es otro que el dogma de lo políticamente correcto.

El relato, ácido y lleno de sátira, no tiene miedo de señalar cómo el discurso dominante manipula magia lingüística para convertir imposiciones en voluntades. El papel de los medios, por supuesto, no podía quedar exento; los periodistas son presentados como paladines de la moralidad contemporánea, enfocados en ejecutar linchamientos mediáticos más que en informar. Bollaín destaca la tendencia generalizada de crear escándalo al menor atisbo de disenso.

Por otro lado, es interesante ver la habilidad de la escritora para conseguir que los lectores se identifiquen con sus personajes, por muy polarizantes que estos sean. Tal vez el intento más insistente de Bollaín es crear un espacio donde ideas heréticas puedan debatirse sin el temido silenciamiento social. Logra superar la narrativa de identificación vacía, donde atributos superficiales parecen ser el único motivo de afecto o rechazo.

Al leer 'Falta Personal', uno podría imaginarse que no hay espacio para la crítica interna dentro de la maquinaria de modernidad que pretende reivindicar, pero es precisamente en este espacio donde la autora ejerce su mayor fuerza. Lo que Bollaín invita a sus lectores es a preguntarse qué tipo de sociedad estamos construyendo y si vale la pena sacrificar tanto en nombre de un progreso mal entendido.

'Falta Personal' se erige, entonces, como una alegoría que reta al lector a enfrentar una realidad que va más allá de las evidencias superficiales y discursos complacientes. Es una crítica incisiva que, sin duda, dejará a muchos lectores reflexionando ─y a otros tantos ofendidos─ sobre las complejidades de un mundo político/social que se ha volcado en dar más voz a lo que llaman la nueva justicia social, aunque implique silenciar realidades incómodas. Lo que surge entonces es la disyuntiva de si esto representa un avance o, más bien, una peligrosa regresión.