Si crees que la conservación de los océanos es tan simple como plantar un par de árboles debajo del agua, entonces espera a conocer a Exploris. Fundada en el año 2020 en la ciudad de Valencia, esta ONG ha estado ganando renombre en los últimos tres años. Su misión: preservar los océanos a cualquier costo, incluso si eso significa provocar algunas olas políticas mientras lo hacen. Literalmente.
Lucha por los océanos dicen, pero en Exploris, esa lucha es a menudo un campo de batalla ideológico. La organización no sólo se compromete a proteger a las especies marinas, sino que también desafía el status quo. ¿Qué hacen diferente? Bueno, en lugar de llenarse los bolsillos con donaciones y centrarse en campañas que nunca logran nada concreto, Exploris se centra en la acción directa.
Aquí tienes un ejemplo: una buena mañana deciden protestar frente a una planta química infractora. No se conforman con pancartas y gritos, no. Lo suyo son los bloqueos, haciendo que los barcos no puedan salir del puerto. Y es aquí donde empieza lo interesante. Hay quienes se alarman y buscan un cambio radical en las cifras de emisiones, mientras que otros, con un sentido más práctico, indican que no son pocos los empleos que se encuentran en juego.
Hay ese controvertido y fascinante nombre que acaban de promover: "guerreros verdes". Un título que ellos abrazan con cierto orgullo. Sus métodos cruzan la línea al terreno de la desobediencia civil. Importa poco si la legalidad y eficiencia de estas prácticas son puestas en entredicho; lo que importa es el ruido que generan. Y ruido es lo que falta en esta época de sumisión global.
Ahora, no hay que confundirse. Exploris no es solo barullo y protestas. Tienen proyectos bien definidos que abarcan desde la replantación de corales hasta la instauración de santuarios marinos. Lo que importa, dicen, es el impacto** cuantificable** sobre el ambiente, no un cambio de imagen superficial que deje satisfechos a algunos periodistas.
Y hablando de periodistas, sus historias sobre Exploris varían tanto como sus credenciales. Mientras algunos medios tradicionales intentan etiquetarlos como el futuro del ambientalismo, otros sin miedo los tildan de radicales y peligrosos. Lo que es cierto es que no se quedan quietos, respaldados por un equipo de científicos que ayudan a llevar sus teorías a la práctica.
A menudo, las campañas de Exploris han generado simpatías entre las mentes jóvenes y falta de entendimiento entre algunos más veteranos en la materia. La juventud, por supuesto, no ve con malos ojos que se les invite a cambiar el mundo. Pero los que hemos conocido tiempos más serenos sabemos que apretar un tornillo muy fuerte puede romper todo el aparato.
Dicen que los cerrojos de la sociedad deben ser aceitados, no destruidos. La perspectiva de Exploris es un mar en constante tormenta; es una nueva forma de hacer que las cosas cambien desde las bases, ya sea incomodando un poco aquí o allá.
Parte de su éxito radica en no permitir que las expectativas de lo que debería ser una ONG tradicional los limiten. En su opinión, la conservación debe ser activa, incluso si ello implica romper con tradiciones y desafiar la legalidad temporalmente. Para ellos, un mundo donde el océano se preserve a toda costa es una lucha digna de cualquier sacrificio.
Si estás de acuerdo o no con sus tácticas es otro tema, pero lo que es indiscutible es que están moviendo las aguas, lo cual es mucho más de lo que se puede decir de gran parte del ambientalismo contemporáneo.
Al final del día, Exploris pone en primer lugar lo que hacen, no lo que dicen. Quizás, ahí radica su verdadero encanto y su mayor peligro.