Existir no es una opción, ni una ideología, ni un invento moderno para confundir a las nuevas generaciones; es una realidad vívida y sin adornos. La palabra 'existir' engloba quién eres, dónde estás, qué haces, y por qué estás aquí en primer lugar, en cada pequeño instante de la vida diaria. Llegó al idioma español hace mucho tiempo, sin fanfarrias ni discursos grandilocuentes. Es la sabiduría popular desprovista del caos moderno. Entonces, ¡¿por qué hacer tanto escándalo sobre esto?!
Existen aquellos que prefieren envolverse en la complejidad de las teorías en lugar de aceptar la simplicidad de vivir. La realidad es simple: estamos aquí y tenemos un propósito, aunque cueste admitirlo a quienes prefieren perderse entre etiquetas sin sentido. En un mundo donde parecer ser más importante que ser, no es sorpresa que algunos hayan olvidado lo esencial.
¿Y realmente hemos cambiado tanto desde que el verbo 'existir' entró en la lengua española? No. La vida sigue. Pero ¿quién está dispuesto a mirar esta simplicidad a la cara en lugar de cubrirse con capas de teorías y complejidades sociales? No muchas. Hay un valor inmenso en aceptar la realidad de existir tal y como es, sin filtros. A algunos esto les suena como algo incómodo, pero lo primordial en la vida es reconocer nuestra existencia.
Despertamos cada día, respiramos, ocupamos un espacio. Antes de dejar espacios mentales para las revoluciones de aquellos que dicen luchar por el 'progreso', es crucial entender que vivir, en su forma más pura, es respirar y facilitar el cambio dentro de ti primero. Tener una brújula moral para saber por qué te despiertas diariamente es más importante que criticar todo lo que te rodea desde una nube de ideologías.
En contraste, 'existir' también refleja todas las luchas que la humanidad ha enfrentado. Este verbo pudo haberse olvidado en una esquina de la historia si no hubiera sido por aquellos valientes que lo vivieron sin miedo a la verdad. Los mártires, los innovadores, los que no siguen la corriente estancada, han transformado el significado de existir. Son ellos quienes no han permitido que este verbo se desmorone entre las capas del conformismo.
Hasta la fecha, quienes enfrentan sus días con la realidad del existir pueden ser vistos como dinosaurios por quienes han perdido sentido de lo que significa tener un propósito de vida. Algunos pueden decir que en el siglo XXI, el significado de existir ha cambiado. Pero cada día que sale el sol, la realidad demuestra que la complejidad no define la verdad. Vivimos en un mundo de pantallas y etiquetas, pero al final del día son pasajes vacíos sin contenido alguno. Quien entiende esto vive con un propósito real.
Entender la existencia también es entender que las respuestas no siempre están en los libros o en las palabras de los que gritan más fuerte. Están en esas acciones diarias, en el trabajo incansable y en la moral de quienes no han vendido sus valores por una ideología de moda. Lo irónico es que aquellos que critican este enfoque a menudo terminan dándose cuenta demasiado tarde de que lo esencial de existir está en el corazón de cada uno, no en la nueva tendencia del día.
Respirar hondo y valorar la existencia es darle sentido a lo que hacemos. Es sembrar tus raíces en un terreno fértil donde las respuestas a las grandes preguntas no necesitan ser envueltas en teorías modernas. Es identificarte con el quién eres tú cuando las luces se apagan y no buscas tener el rostro ilustrado con palabras de otros.
'Existir' no es meramente coexistir debajo de banderas de ideales prestados que cambian con las modas del pensamiento; es simplemente ocupar un lugar en este mundo y luchar cada día por un futuro mejor, no en términos de desgaste mental por las ideologías, sino desde la genuina voluntad de prosperar. La existencia como tal es una declaración, una que no requiere discursos, sino hacerse cargo de lo que realmente somos como individuos.
Se podría discutir que esta visión es claramente una realista, pero a los patrones antiguos de quienes prefieren etiquetar todo como una protesta contra el statu quo, le cuesta aceptar que el verbo más simple de nuestra lengua es la única verdad pura que conoceremos jamás. Despojado de adornos y falsas promesas, 'existir' es la confirmación de que ocupamos un espacio real y ya vale la pena valorar eso.