¡Qué elegancia la de Francia! O mejor dicho, ¡qué locura la de las políticas progresistas que nos ahogan económica y socialmente en pleno siglo XXI! El estrangulamiento no solo es físico, sino también económico. En 2023, cuando el estado interviene a dónde va cada centavo con regulaciones sofocantes, vemos una clara estrategia en juego. Desde las grandes metrópolis de Estados Unidos hasta los pequeños pueblos de América Latina, este tipo de 'política del ahogo', lleva años restringiendo las libertades individuales bajo el pretexto de un 'bienestar común'.
¿Por qué, se preguntan algunos, deberíamos preocuparnos por las tasas impositivas y regulaciones 'benéficas'? La respuesta es sencilla; porque cada vez que el gobierno expande su control, los emprendedores y los trabajadores sufren. Sacar adelante un negocio pequeño se ha vuelto una gesta heroica; entre los permisos y licencias, cada paso parece un proyecto faraónico. Recordemos que las trabas burocráticas son la forma más efectiva de impedir el crecimiento económico.
El estrangulamiento, a menudo ennoblecido como 'proteccionismo', no deja de ser otra cosa que una receta para el fracaso económico. Todos los días, los ciudadanos comunes llevan el peso de políticas mal diseñadas, al mismo tiempo luchando para pagar servicios básicos y alquilar un techo donde vivir. Y mientras, los arquitectos de estas políticas insisten en más de lo mismo.
La realidad es que el costo de vida sigue subiendo implacablemente. ¿Y quién paga el precio? Las clases trabajadoras, por supuesto. Mientras a algunos les cae de sorpresa, los conservadores hemos advertido sobre estas consecuencias inevitables desde hace un buen tiempo. Así como dureza de la gente común, los costos ocultos de regulaciones sofocantes agudizan el golpe a las economías familiares. Vivir al día se ha convertido en la norma; el ahorro, un lujo impensable para muchos.
Los entusiastas del control estatal cantan virtudes de un sistema paternalista que supuestamente ofrece seguridad económica. Irónico, ¿verdad? Ofrecer seguridad cortando las raíces que nutren la innovación y el emprendimiento. Los progresistas se pierden en sus propias fantasías cuando ignoran que el estrangulamiento económico comienza precisamente allí, al coartar las libertades de quienes quieren producir y crecer.
¿Acaso hay evidencia tangible de que la intervención gubernamental es la respuesta ideal? Más bien al contrario; parece desmoronarse bajo el peso de su propia ineficiencia. Los países que más sufren son aquellos que han cedido a las tentaciones de este modelo fallido. Busquen por ustedes mismos las tasas de desempleo y crisis inflacionarias donde estas políticas han arraigado profundamente.
En un entorno donde cada nuevo día parece darnos más razones para preocuparnos, es vital defender el crecimiento libre de un mercado no estrangulado por políticas paternalistas. Las generaciones venideras merecen ver un mundo donde el éxito dependa de su talento y emprendimiento, no de la permisividad gubernamental. Ante la amenaza de estrangulamiento, el verdadero progreso es elegir libertades por encima de cualquier artificio del control estatal.
El estrangulamiento económico es más que una metáfora; es la representación tangible de un sistema que oprime más allá de los números y estadísticas, afectando vidas humanas real y profundamente. Basta de ahogos: reduzcamos las tensiones fiscales, liberemos los mercados y permitamos que la verdadera prosperidad, basada en la acción humana, florezca incontrolada por mecanismos restrictivos de la autoridad.