Imagínate un mundo donde las reglas y estructuras que sostenían a la sociedad simplemente desaparecen como un castillo de cartas en una tormenta. 'Esto No Es Una Mezcla' aparece como un fenómeno cultural y político que surge especialmente en regiones hispanohablantes desde hace un par de décadas. En medio de un fervor por lo inclusivo, lo igualitario, y lo que se supone que es la diversidad, lo que se ha creado es una amalgama imposible de sostener en el tiempo: un vórtice caótico que intenta borrar las diferencias hasta diluir cualquier identidad firmemente establecida. No se puede mezclar todo y esperar que el resultado sea sólido.
El término 'Esto No Es Una Mezcla' surge como reacción ante el intento de combinar ideologías opuestas de una forma que simplemente no tiene sentido práctico. Los conservadores lo ven claramente: intentar crear una sociedad que trata ideas fundamentalmente incompatibles como iguales es absurdo. Estás tratando de meter un cuadrado en un círculo con la esperanza de que encaje.
El primer punto de controversia empieza, como no, con la política de identidad. Este moderno altar se diseñó para romper los fundamentos tradicionales sobre los cuales se estableció nuestra civilización. 'Esto No Es Una Mezcla' aplica aquí a la perfección. La cultura no es un cuarto de juegos donde puedes mezclar las fichas como te venga en gana esperando que nadie note la incoherencia. Aplaudir la idea de que todas las culturas y sistemas de valores son equiparables lleva a una sociedad sin raíces, sin sustento moral ni histórico.
Pasemos al siguiente punto: la economía. La mezcla indiscriminada de políticas económicas neoliberales con ideas de socialismo por mera cuestión de moda es una receta para el desastre. Aquí radica el error de aquellos que piensan que puedes tener una economía robusta donde el mercado es regulado por un estado omnipresente y a la vez fomentar el espíritu empresarial. 'Esto No Es Una Mezcla' se convierte en un grito ahogado por aquellos que ven cómo estas confusas políticas económicas solo traen más incertidumbre.
La educación es otro caso. Aquí, los intentos de mezclar todos los métodos y contenidos para contentar a todos los potenciales grupos lo único que hace es crear un sistema donde 'todo vale', pero finalmente nada vale en serio. Cuando todo en la educación es válido, nada es realmente útil o destacable. De nuevo, mezclando para diluir.
En la esfera política, este intento de mezcla llega a un culmen descabellado cuando se pretende crear una 'unidad' política utilizando opuestos irreconciliables. Por intentar ser inclusivos, terminamos creando una sensación de caos donde las políticas sensatas se desdibujan tras una nube de demandas cuya prioridad es quedar bien con todos.
El arte y la cultura popular se han transformado en un espacio donde este fenómeno es más manifiesto. Pretender que todas las formas de expresión son iguales solo lleva a disminuir el valor del arte tradicional y marginar las verdaderas obras maestras. Seguir esta línea significa aceptar que la cultura no tiene estándares y vive de un consenso transitorio y caprichoso.
Algo similar se vive en el ámbito del medio ambiente. La ilusión de 'Esto No Es Una Mezcla' se evidencia cuando se buscan soluciones universales sin considerar las diferencias propias de cada región. Las iniciativas globales no pueden imponer soluciones uniformes a problemas que son locales por naturaleza.
Incluso en asunto de género la falsa premisa de 'Esto No Es Una Mezcla' se traduce en una distorsión de los roles que cada género históricamente ha tenido. La biología no entiende de argumentos políticos y es absurdo pretender que jugar a ser otros conducirá a una sociedad más justa.
Y así llegamos al sistema de justicia. Intentar mezclar todas las perspectivas hasta difuminar la línea entre el bien y el mal es un camino que erosiona la fibra moral de cualquier nación. El código civil y penal busca definir lo correcto precisamente para proteger los valores que una sociedad considera fundamentales.
Finalmente, la tecnología no escapa de esta mezcla insostenible. La suposición de que la innovación tecnológica puede sobreponerse a límites éticos y sociedades con normativas de siglos sólo porque es nueva es una idea profundamente errónea. Sin un límite claro, la tecnología pone en juego cuestiones tan vitales como la privacidad y la identidad individual.
'Esto No Es Una Mezcla' es más que una frase; es una advertencia. Vivimos en tiempos de cambios rápidos y decisiones en las que carecer de visión clara no es una opción. Se trata de defender valores y principios que no se pueden mezclar sin sentido en espera de que milagrosamente todo funcione bien.