El Juego Sucio del Estado Islámico en Arabia Saudita

El Juego Sucio del Estado Islámico en Arabia Saudita

El autoproclamado Estado Islámico ha puesto sus miras en Arabia Saudita, buscando expandir su nefasta agenda en la región petrolera más famosa del mundo. ¿Quiénes son y qué buscan? Aquí te lo contamos.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¡Sorpresa! El autoproclamado Estado Islámico ha puesto sus ojos en Arabia Saudita y no precisamente porque quieran irse de vacaciones al desierto. Desde 2014, este grupo terrorista ha querido mantener viva su nefasta agenda en la región, estableciendo una llamada provincia exterior. Y sí, no están precisamente interesados en abrir una cadena de restaurantes; lo que buscan es una puerta trasera hacia la región petrolera más famosa del mundo.

Entonces, ¿quiénes son estos individuos que desean convertir el reino saudí en un patio trasero del terror? Son un grupo fanático que se esconde bajo el manto del Islam radical. Aunque han intentado poner bandera en la tierra de los dos lugares más sagrados del Islam, no podemos dejarnos engañar por un discurso que abraza el extremismo violento. Si bien el mundo observa con cierta indiferencia, Arabia Saudita no va a bajar la guardia ante estos desastrosos aspirantes.

¿Y por qué es precisamente Arabia Saudita? Porque el Estado Islámico busca una tierra fértil para su retórica malintencionada y el reino saudí, con su agotadora batalla contra las visiones más extremas del Islam, es visto como un objetivo perfecto. Mientras que algunos países permiten que sus cortinas de seguridad sean más difusas, Arabia Saudita parece estar afilando sus espadas (metafóricamente, claro) para enfrentarse a esta amenaza interna. Aquí se trata de una cuestión de supervivencia: derrotar a esos que intentan manchar la religión por fines políticos y violentos.

El año 2015 fue famoso no solo por las películas taquilleras y los nuevos avances tecnológicos, sino porque el Estado Islámico decidió que era un buen momento para hacerse notar en Arabia Saudita. ¿Y cómo? Cómodamente sentado, planificando ataques contra comunidades chiítas y las fuerzas de seguridad sauditas. ¡Cómo si no tuvieran ya suficientes problemas con los bajos precios del petróleo!

Las tácticas usuales de este grupo que busca imponer su fuero radical han encontrado una casa fría en Arabia Saudita. ¿Por qué? Porque aquí la seguridad no se toma a la ligera y el gobierno saudí ha pisado el acelerador de las reformas sociales y económicas, construyendo un escudo contra las agresiones extranjeras e internas. La cuestión ahora está en poner toda la carne en el asador para neutralizar las operaciones de este grupo que busca infiltrarse disimuladamente.

En esta complicada partida del ajedrez geopolítico, el Estado Islámico ha subestimado el talante de Arabia Saudita y su enfoque en las reformas moderadas. Con una población que lentamente se orienta hacia una versión más moderna e inclusiva del Islam, los intentos del Estado Islámico para generar descontento han sido rechazados de manera uniforme por la mayoría del pueblo saudí. Los jóvenes de la nación tienen aspiraciones muy distintas a las que este cancerígeno grupo propone.

Ahora imagina que estás en un tablero de juego donde las amenazas no solo provienen del interior, sino también de la agenda de potencias extranjeras que tratan de debilitar el pilar fundamental de la región. El gobierno saudí ha redoblado sus esfuerzos para evitar la expansión ideológica y militar del Estado Islámico en su tierra. Este doble juego no es una broma, y mientras Occidente se enfoca en sus propios problemas sociales y culturales, Arabia Saudita está tomando medidas proactivas para no caer en las manos de este grupo virulento.

Mientras tanto, en el ámbito internacional, algunos actores parecen empeñados en criticar las políticas saudíes, como si no tuvieran nada mejor que hacer. Pero Arabia Saudita no está sola en este juego; cuenta con aliados que comprenden el juego sucio en el que el Estado Islámico está participando. No es momento de debilitar nuestras defensas en favor de agendas de corrección política, sino de confirmar la posición de un país que está sufriendo amenazas reales y tangibles.

El verdadero debate no debería ser sobre las acciones de un gobierno determinado, sino sobre cómo todos podemos actuar contra aquellos que usan a la religión como una herramienta de guerra y muerte. Mientras el mundo se enfrenta a retos de todo tipo, el enemigo común debería ser cualquier organización que busca vuestro sufrimiento como el Estado Islámico hace. En lugar de discutir entre nosotros, el enfoque debe estar en continuar reprimiendo sus esfuerzos de expansión, en todas las formas posibles.

Así que sí, el Estado Islámico tiene un objetivo claro. Mientras el resto del mundo se distrae con controversias menores, Arabia Saudita tiene la tarea de liderar la carga contra el extremismo que amenaza su soberanía. Y la respuesta no puede ser otra que la más simple: no dejaremos que la intolerancia ni el terrorismo ganen esta partida.