¿Por qué la Escuela de Arte de Birmingham provoca tanto revuelo?

¿Por qué la Escuela de Arte de Birmingham provoca tanto revuelo?

La Escuela de Arte de Birmingham ha sido un ícono cultural desde 1885, pero está ahogada en polémica debido a su inclinación hacia el arte políticamente correcto.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

La Escuela de Arte de Birmingham, un venerado emblema cultural, ha sido durante mucho tiempo una piedra angular en el panorama educativo del Reino Unido. Situada en el bullicioso corazón de Birmingham, esta institución se han convertido en el hogar de numerosos artistas audaces desde finales del siglo XIX, específicamente inaugurada en 1885, cuando todavía se trataba de una época vital para el arte antes de la modernidad desenfrenada que conocemos hoy.

Sin embargo, permíteme ser franco: en los últimos tiempos, el lío que rodea a esta escuela va más allá de las pinceladas en el lienzo. La Escuela de Arte de Birmingham va ganando notoriedad por las decisiones curriculares más inclinadas hacia lo políticamente correcto, esas que, digamos, agradan a cierta concurrencia pero que son un dolor de cabeza para quienes anhelan una enseñanza tradicional en el mundo artístico.

¿Por qué esta relevancia para los conservadores? Bueno, si reflexionamos un poco, el arte siempre ha sido una manifestación de libertad: de pensamiento, de expresión y de axiomas. Y, honestamente, parece que esta escuela comenzó a perder el rumbo, convirtiéndose en otra víctima de la retórica posmoderna que cambia las reglas del juego a conveniencia y sin mucho sentido. Ya me entiendes: diversidad por aquí, inclusión por allá, pero dejando de lado el rigor artístico necesario.

Digamos que no todos son pinceles y palomitas en este escenario académico. Observemos el tipo de arte que se promociona en las aulas y exposiciones, donde se abraza lo ambiguo y se posterga lo definido. Sucede que el arte abstracto está muy bien, pero si se abandona el valor del arte clásico y realista, perdemos una parte crucial de la educación artística. Esto es problemático, sobre todo en una escuela que alguna vez fue el epicentro de un aprendizaje serio en el Reino Unido.

Hablemos del cuerpo docente, que se muestra tan diverso como la paleta de un pintor abstracto. La escuela ha abrazado un planteamiento que se centra en la diversidad a ultranza, por supuesto, mientras ignora el mérito como criterio de selección. Hablan fervorosamente sobre la cultura cancelativa incluso antes de que una obra pueda ser colgada en el claustro, sacrificando el talento artístico en el altar de la corrección política. Y no nos olvidemos de las clases teóricas siempre tan "comprometidas" con el recuerdo del Bagdad de 2003 más que con el Renacimiento Italiano.

Es hora de ir al meollo del asunto en lo que a la Escuela de Arte de Birmingham se refiere: un sitio que no deja indiferente ni al más tolerante de los espectadores. Málaga para el prosista ortodoxo; New York para el inconformista. El hecho es que siempre parece haber preferencia por provocar debates filosóficos que no tienen punto final. Discusiones eternas sobre las injusticias históricas, mientras que la perspectiva creativa de Occidente es acusada de obsoleta. Lo curioso es el enfoque tan romántico sobre revoluciones distantes, pero un total desdén por las raíces propias. En resumen, ¡qué desperdicio de talentos!

¿Y cómo olvidamos el sacrificio del valor del arte como vehículo unificador? Empezaron ya a colar en el calendario del alumnado festividades exhaladas por la modernidad extrema que pretenden que todo lo que huela a tradición sea sacudido por un fiel militante del progresismo radical. Esa es la cruzada que muchos hemos observado al alzar la voz en aulas tapizadas de militancia política en despliegue.

La Escuela de Arte de Birmingham se enfrenta a un cambio que está siendo venerado por ciertos líderes de opinión, aquellos que prefieren que una obra de Banksy hable más que un Monet en una educación práctica. Por lo tanto, te invito a desafiar lo que parece la aceptación ciega al cambio sin cuestionar si ese cambio atiende la esencia del educar en arte. La comprensión por el pasado forja el futuro, pero aquí parece que la historia se diluye conscientemente para que la nueva narrativa sea la única protagonista.

Una escuela que debiera formar artistas en la simbiosis de todas las épocas, en lugar de quemar puentes, al ocupar su tiempo en excusas políticamente cargadas. Y así es como la Escuela de Arte de Birmingham se convierte, sentimos decir, en el reflejo de la confusión que nuestra propia cultura está afrontando. Así que vale cuestionar, replantear, e incluso ocasionalmente, resistir estos cambios innecesarios. Es un legítimo derecho en nombre de preservar el arte en su forma más genuina.