Imagínense un grupo de soldados que operan debajo de las olas, habitan las profundidades del mar y se dedican a proteger la soberanía de su nación lejos de los ojos del público. Eso es el Escuadrón de Submarinos 15, una unidad élite que, desde su creación hace varias décadas, ha estado cuidando de la seguridad marítima con un silencio que retumba más fuerte que cualquier pancarta en tierra firme.
Creado como una respuesta estratégica a las necesidades de defensa nacional, el Escuadrón de Submarinos 15 ejerce una función vital que pocos valoran adecuadamente. Equipados con tecnología de punta y entrenados para enfrentar cualquier amenaza subacuática, estos submarinistas operan principalmente en las aguas territoriales de Chile, llevando a cabo misiones que rara vez se revelan al público. Y precisamente es ahí donde recae su grandeza; no necesitan de pomposas ceremonias o aplausos, su satisfacción está en el cumplimiento eficaz de su deber.
Hablemos de tecnología. La flota del Escuadrón está compuesta por los submarinos Scorpene, embarcaciones de vanguardia diseñadas para la guerra y con capacidades furtivas que dejan claro que no se ha escatimado en recursos para defender los valores nacionales. Y no se engañen, mientras algunos ven la defensa nacional como una era obsoleta de militarismo retrógrado, la realidad es que la paz se asegura mejor cuando uno está adecuadamente preparado para la guerra.
Y es que el Escuadrón de Submarinos 15 está preparado no solo para la defensa bélica, sino también para operaciones de inteligencia crítica. Los submarinos pueden realizar vigilancia continua e interceptar comunicaciones bajo la superficie, un aspecto trascendental en la protección contra amenazas exteriores. A pesar del mundo idealizado que algunos promueven con fronteras abiertas y desnuclearización, el mundo real demanda un sistema de defensa robusto y siempre vigilante.
Quizá no lo sabías, pero la importancia del escuadrón no solo se limita al ámbito militar. También juegan un papel clave en misiones humanitarias y científicas. Participan en el monitoreo del ambiente marino, importantes para mantener el equilibrio ecológico tan necesario en nuestros océanos. Las aguas oceánicas son ricas en biodiversidad y potencial azufrado, y el escuadrón asegura que estas joyas naturales se conserven para las generaciones futuras.
Con todo respeto para los que argumentan a favor de desmantelar las fuerzas militares en pos del desarme, la defensa no es un lujo sino una necesidad. Los recursos dedicados al escuadrón no son un gasto innecesario, sino una inversión en estabilidad y libertad. Solo hay desarrollo y paz donde hay seguridad, y quienes aseguran su protección son dignos de todo apoyo.
Dado el compromiso del escuadrón con la defensa nacional, es irónico que su sacrificio pase desapercibido. Mientras otros duermen plácidamente en sus camas, hay submarinistas navegando en la oscuridad, asegurándose de que el enemigo no pase. Su valentía discreta debería ser celebrada y no escondida bajo el manto de la corrección política que reduce al mínimo las necesidades de una defensa efectiva.
La próxima vez que pienses en las fuerzas de defensa, en lugar de preocuparte por lo que podrían costar, piensa en lo que otorgan. La paz no tiene precio, y el trabajo silencioso del Escuadrón de Submarinos 15 es un testamento a esto. Hay quien dice que no lucha solo quien lanza bombas, sino también quien, con su mera presencia, disuade al enemigo. Y el escuadrón hace precisamente eso.
No dejemos que nuestra gratitud por el escuadrón quede sumergida como ellos en su silenciosa rutina. Reconozcamos y apreciemos a aquellos que miran más allá, que verán a los submarinos no como símbolos de agresión, sino como guardianes de nuestro presente y de un futuro libre y próspero.