¿Quién dijo que el baloncesto universitario no podía ser apasionante? Digamos que los Oklahoma State Cowboys de la temporada 2020-21 fueron el equipo que hizo parar a más de uno en seco antes de cambiar el canal. Hablamos de un grupo que no solo jugó en Stillwater, sino que dejó una marca imborrable, especialmente cuando la temporada universitaria quedó sacudida por la pandemia mundial. No era solo una cuestión de habilidad en la cancha, sino de cómo este equipo moldeó una narrativa tan americana como el pastel de manzana.
Primero, hay que mencionar al rey indiscutible de esta saga: Cade Cunningham. Esta joven promesa y futuro número uno en el draft de la NBA fue la estrella que brilló cada vez que entraba en la cancha. Con un sentido del juego y un liderazgo que desafía su corta edad, Cunningham no se contentaba con simplemente seguir el ritmo; él lo marcaba. Los Oklahoma State Cowboys se convirtieron en un equipo que, sin duda, dependía en gran medida de su destreza, pero también es claro que el baloncesto no es un juego de un solo hombre.
El equipo encabezado por el entrenador Mike Boynton demostró cómo se debe jugar un baloncesto moderno y digno de la NCAA. Su estrategia era clara y efectiva. Es un equipo que no solo se enfocaba en salir victorioso, sino también en mantener la integridad y el honor de una institución que representa los valores más conservadores: trabajo duro, dedicación y una feroz competencia. Era un soplo de aire fresco en una época donde a menudo se nos quiere vender la narrativa del eterno desfavorecido.
Pongamos el foco en algunos momentos estrellas para este grupo de luchadores. En marzo de 2021, los Cowboys desafiaron las expectativas al llegar al Big 12 Tournament Championship Game por primera vez después de seis años. Hicieron frente a oponentes que ya se creían dueños del campo. Su victoria contra Baylor, sembrado número uno en la nación en ese momento, fue un testamento del poder de este equipo. Pero el verdadero clímax fue su entrada en el Torneo NCAA, donde alcanzaron el Sweet 16 por primera vez desde 2005. Defendían los colores con orgullo, en un ambiente donde las cancelaciones de partidos y los cambios de planes a última hora eran la norma.
Podríamos señalar con el dedo y decir que todo fue gracias a Cunningham, pero el resto del equipo también merecía los aplausos. Jugadores como Isaac Likekele ofrecieron una defensa impecable, mientras que Avery Anderson III dio muestra de destreza en el ataque. Todo ello dirigido magistralmente por Boynton, quien se aseguró de que cada chico en el equipo se sintiera importante y jugara cada partido como si fuera el último.
La temporada 2020-21 de los Oklahoma State Cowboys es un ejemplo de cómo, en lugar de simplemente rendirse ante la adversidad o excusarse detrás de cortinas de humo, un equipo puede canalizar su energía hacia el logro común. Las críticas que puede haber recibido el equipo, especialmente de ciertos grupos ideológicos que siempre encuentran "versiones" alternativas de cada historia gloriosa, no opacan su maravilloso desempeño. Por el contrario, los Cowboys demostraron ser un equipo que no necesita justificarse ante los susurros críticos. Jugaron con ese estilo "americano auténtico" que irrita a los más sensibles a las derrotas.
Lo fascinante de estos Cowboys fue su capacidad para conseguir lo mejor de ambos mundos: el talento individual y la cohesión grupal. Esta combinación ganadora fue lo que les permitió atravesar una temporada repleta de desafíos inesperados. Traían el espectáculo cada noche y aseguraban que su fútbol de contragolpe y sus triples merecieran las miradas atentas de quienes saben apreciar el verdadero arte del baloncesto. No hace falta decir que los envidiosos podrían simplemente sentarse y tratar de aprender algo útil del manual Cowboy sobre cómo cámara al país,
Esta composición de hombres trabajó con un solo objetivo: dejar una marca eterna en los anales del baloncesto universitario. Deseaban mostrarle al mundo cómo un equipo podía, sin dejar de ser fiel a sus raíces, no solo competir, sino ganar de manera contundente. Este espíritu, tan tangible en cada rebote y cada pase, es algo que apenas muchas veces se puede observar en otras facetas contemporáneas del deporte universitario.
Al cierre de la temporada 2020-21, no era ya una sorpresa que el nombre de Oklahoma State Cowboys resonara en la nación. ¿Por qué? Porque demostraron que el verdadero espíritu competitivo y la defensa de unos principios sólidos son las bases de cualquier historia de éxito, sin importar cuántos desafíos necesiten superar. Por eso, cuando se habla de los momentos épicos en el baloncesto universitario, estos Cowboys son la referencia perfecta. Y ahora, con Cade Cunningham llevando las riendas en la NBA, es solo cuestión de tiempo que más ojos se fijen en la cantera de talento que es Oklahoma State. Si eres joven, con talento, y llevas el sentido común por bandera, deberías considerar unirte a las filas de los Cowboys. Su éxito lo dice todo.