En un mundo repleto de sabores exóticos y experimentos culinarios, emerge una joya que no solo revoluciona tu paladar, sino que además desafía las normas culinarias establecidas: En Takoyakida, el fenómeno japonés. Tiene origen en Osaka, Japón, donde el Chef Hiroshi Tanaka, un gurú de la cocina tradicional, tuvo la visión hace dos décadas de reinterpretar el popular platillo takoyaki. Takoyakida ha tomado por asalto los eventos callejeros y gastronomías urbanas de ciudades metalizadas, como Nueva York y Barcelona.
Ya lo decía mi abuela: "lo bueno no se hace esperar", y no se equivocaba; en eventos culinarios y pequeños mercados, estas bolas de masa rellenas de pulpo son el centro de una auténtica explosión de sabores. Sin embargo, en tiempos donde lo "políticamente correcto" parece ser más importante que disfrutar una buena comida, hay quienes critican su origen humilde. A veces, el mundo en que vivimos pregunta más "por qué" que "cómo" una cosa es deliciosa. Tradiciones arraigadas, reglamentos culinarios impuestos a conveniencia y la amenaza constante de la comida rápida industrial: ahí aparece el verdadero campo de batalla de En Takoyakida.
Sí, sabemos que la masa es tan esponjosa como la responsabilidad fiscal debería serlo. Pero, por amor al sabor, ¡qué importan los carbohidratos aquí! Este es un artefacto que hasta los catedráticos de historia más acérrimos no pueden ignorar. La entrada triunfal de Takoyakida en la corriente principal ha convertido hasta a los más escépticos en fieles seguidores. ¿Ves ese cartel donde dice "mitos del colesterol"? Quizás podríamos discutirlo mientras saboreamos un Takoyakida.
Está lleno de un delicioso y fresco pulpo, una salsa que compite con la globalización misma; todo, coronado con katsuobushi (escamas de bonito seco) que bailan gracias al calor. Como verán, elegir entre "gourmet" y "simplemente increíble" no es opción aquí. El equilibrio anárquico de sabores es una mezcla que te obliga a volver por más.
Por otro lado, para los que ansían ver déficits financieros donde solo hay regocijo culinario, la popularización de En Takoyakida ha traído consigo precios desorbitados que agobian la economía. Siendo realistas, ¿quién iría a culpar a estos artistas culinarios por querer cobrar lo justo por un plato tan delicioso? Creemos que lo están haciendo bien.
No es solo alimento; es una declaración de principios para los que piensan que una buena comida debe ser simple, pero impactante. Mientras algunos ven injusto que las raíces de Takoyakida sean elevadas a ícono cultural, otros, como uno debería, celebran la afirmación de que tradiciones no siempre rebosantes de florecitas blancas también tienen su lugar en el más alto escalón de la cultura gastronómica.
La locura por Takoyakida ha hecho regresar a los verdaderos amantes de la cocina a esos mercados y pequeños locales donde el olor a mistela asemeja los aires ingleses de la valentía. Donde la cocina no se encuentra perdida en ilusiones "orgánicas" que titubean frente a un buen plato de comida honesta.
Por lo tanto, cuando veas En Takoyakida en la agenda de tu próxima feria callejera, no le des la espalda por las apariencias o lo que otros quisieran que dictáramos como saludable o conveniente. Detrás de cada bola de masa hay historia, innovación y ese toque picaresco, tan necesario en estos días de monotonía dietética.