¿Acaso la palabra "eliminado" ha llegado para salvarnos del reino despótico de la autocensura? En la era de lo políticamente correcto, donde cualquier opinión que no se alinee con el pensamiento único es potencialmente peligrosa, "Eliminado" surge como un grito de independencia. Los hipersensibles pueden abstenerse; esta palabra no les hará sonreír. En un mundo dominado por la autocensura, especialmente en plataformas de redes sociales y entre los medios tradicionales, "eliminado" simboliza esa ruptura con quienes hacen de la corrección política su bandera.
El fenómeno de "eliminado" tomó mayor auge con la llegada de nuevas normas de comunidad y el auge de cancelaciones digitales. Antes de darnos cuenta, cualquier comentario que representara una idea "incorrecta" o "no alineada" con la agenda del día podía ser borrado. Autores, comentaristas y usuarios de pie comenzaron a buscar nuevas vías para expresarse, muchas veces partiendo de plataformas alternativas en las que podían respirar libremente sin temor a ser silenciados. Por eso, "eliminado" no solo es un término; es una realidad, un estandarte para quienes luchan por su derecho a compartir y disentir.
Cada vez que alguna voz era "eliminada" representaba otra batalla perdida en esta guerra por la expresión libre. Una guerra protagonizada por algoritmos y reglas impuestas desde oficinas que, lejos de proteger el discurso libre, buscaban moldearlo a su antojo. Aunque se empeñen en decirnos lo contrario, esta censura encubierta favorece la homogeneización del pensamiento, eliminando cualquier disidencia. ¿Cómo es posible que nos hayamos acostumbrado a ver toda voz desafiante como "tóxica" o "ofensiva"?
Incluso en el ámbito académico, el fenómeno "eliminado" ha mostrado su brutal presencia. Profesores y estudiantes llevan la carga de autocensurarse para evitar cualquier percance en base a las normas de minorías ofendidas. El concepto de debate académico se ha erosionado de tal forma que ya no se puede discutir un punto sin la amenaza de ser "eliminado", física o verbalmente. Esta tendencia representa un riesgo para el pensamiento crítico, uno de los valores fundamentales del sistema educativo.
En plataformas de entretenimiento, hemos visto cómo la corrección política ha llevado al "eliminado" de personajes enteros. Aquellos personajes icónicos, nacidos en épocas de mayor libertad creativa, se han convertido en víctimas de reinterpretaciones posmodernas. Querido por algunos, detestado por otros. Pero, hay que admitirlo, en la industria del entretenimiento se refleja el mismo fenómeno: el miedo a lo "políticamente incorrecto". ¡Adiós! Han sido eliminados sin misericordia.
La tendencia de "eliminar" lo razonablemente objetivo es un fenómeno que también ha cobrado vidas digitales en el periodismo. Reportajes y artículos no alineados con una determinada línea editorial han visto el borrado de su presencia de forma repetitiva. Despedimos la diversidad de opinión y damos la bienvenida a un solo relato conveniente. La audiencia, antes acostumbrada a ver las cosas desde múltiples perspectivas, se queda con una visión distorsionada de la realidad.
Cabe mencionar que, el fenómeno "eliminado" tampoco ha sido exclusivo de la política ni de la prensa. En cuestiones tan cotidianas como en un debate barrial, el riesgo de ser "eliminado" del círculo social por expresar una verdad incómoda es real. Permitimos que personas nos "eliminen" de sus vidas por decir lo que han querido negar. Estamos más distantes que nunca, encapsulados en nuestra burbuja digital por este simple pero estremecedor término.
¡Eliminado! En resumen, no es solo un acto digital, sino una realidad que busca imponer límites a nuestra libertad de pensamiento y expresión. Vivimos en un mundo donde divergir de la narrativa consensuada equivale a ser invisibilizado. Este uso indiscriminado de "eliminado" nos tiene que hacer reflexionar, no con miedo, sino con una determinación firme para enfrentar y corregir lo mal implementado. Como decía un gran pensador: cuando el pensamiento único se vuelve norma, ser "eliminado" se convierte en un acto de resistencia heroica.