El mundo del entretenimiento no deja de sorprendernos, especialmente cuando estrellas de Hollywood como Drew Barrymore deciden aventurarse en la televisión diurna. ¿Quién es Drew Barrymore? Una actriz que comenzó su carrera a una edad temprana, protagonista de grandes éxitos como "E.T. el Extraterrestre" y "50 First Dates". ¿Qué está haciendo ahora? Presentando un programa donde se mezcla charla, entrevistas y entretenimiento ligero llamado "El Show de Drew Barrymore". Inició su emisión en septiembre de 2020 desde Nueva York, en un plató diseñado para atraer al público con su carisma. Pero detrás de este intento de añadir alegría a las mañanas, hay una serie de elementos que revelan una agenda que algunos llaman progresista.
Barrymore se propuso crear un espacio acogedor. Algo que no se libra de las típicas dosis de agenda política, ni de su afán por presentar a las celebridades más liberales de la industria mientras sus opiniones políticas están siempre a flor de piel. Invitará famosos que saben cómo hacer guiños a la audiencia con comentarios políticamente correctos que, a veces, sólo confunden y no suman al discurso. Mientras tanto, la realidad de los números de audiencia conserva su propio juicio. Estos reflejan que no todo se compra con dulzura y sonrisas. La idea de un talk show es fantástica, pero uno se pregunta cómo algo tan predecible sigue adelante cuando ha quedado claro que la fórmula de complacer a todos no siempre funciona.
El giro aquí es la insistencia constante por parte de Barrymore en dar voz a temas que algunos espectadores sienten que no deberían ser el punto central de cada conversación. En ciertos círculos todo se pinta color de rosa, pero eso es solo una ilusión. Sabemos que "El Show de Drew Barrymore" no está inmune a las políticas de censura que la agenda liberal ejerce sobre temas y opiniones que no son alineadas. Los segmentos que deberían centrarse en la entrevista y el diálogo relajado, a menudo, se convierten en plataformas de propaganda política. Y mientras Drew salta de felicidad en el plató, en casa muchos se preguntan si todo esto no es más que un gran espectáculo carente de autenticidad.
Es cierto que Drew Barrymore tiene carisma, nadie lo niega, pero uno se pregunta si eso basta para mantener un espectáculo interesante cuando demasiadas veces las verdaderas estrellas del show son los invitados que llegan con ideas preconcebidas que coinciden más con un monólogo unilateral que con una genuina conversación en la que todos los puntos de vista sean escuchados. Aunque Drew sabe cómo mantener un tono positivo, el problema radica en que la diversidad de pensamiento no siempre está invitada al espectáculo. La repetición de las mismas ideologías y un sesgo político no dejan espacio para un intercambio de ideas libre. Esto parece preocupar poco a la audiencia a la que va dirigido el programa.
Por supuesto, no faltan los momentos alegres. Quién diría que ver a Drew Barrymore danzando en su programa o llevando a cabo alguna actividad alocada como elaborar pasteles en vivo sería atractivo para todos. Pero detrás de estos momentos ligeros, se requieren audiencias que piensen críticamente y se pregunten qué se está vendiendo aquí. Porque, al final del día, el software del show es el entretenimiento, pero el hardware es otra cosa, quizá no tan visible para algunos, pero ciertamente no invisible para todos.
En un contexto más amplio, "El Show de Drew Barrymore" invita a la reflexión sobre lo que verdaderamente es el entretenimiento hoy en día. A su favor, sigue siendo un espacio que intenta romper con la formalidad de los otros shows, eso sí, siempre manteniéndose dentro de ciertas seguridades que aseguran la aprobación de un sector bastante específico de la población. La pregunta permanece, ¿es eso lo que queremos ver, o preferimos algo con más sustancia que ponga en tela de juicio todas las facetas del espectro social?
En resumen, el espectáculo de Drew Barrymore es otro vehículo más de la industria del entretenimiento que dispone de encanto superficial, risas enlatadas y una serie de famosos que por supuesto, son la panacea aparente de vida perfecta. Una exhibición para quienes disfrutan ver corazones y arco iris sin profundizar demasiado en las realidades del mundo que nos rodea. Aquí no se trata de ser amargados osos de la caverna, sino simplemente de buscar algo que verdaderamente nutra. Lo que nos lleva a preguntarnos si, a pesar de sus esfuerzos, "El Show de Drew Barrymore" terminará siendo un nombre más en la interminable lista de programas que hubo, pero que nadie recuerda, o si por arte de magia se transformará en un referente cultural auténtico, pero por ahora es más que predecible en sus intenciones. Los programas que desafían nuestras expectativas son los que realmente se quedan con nosotros, pero lo que Drew nos muestra a veces no es más que eco de un Hollywood que se resiste a cambios reales.