Atrapante, enigmático y musicalmente audaz, así es el ‘Rubaiyat’ de Dorothy Ashby, una joya que pocos conocen y que merece ser redescubierta. El álbum fue lanzado en 1970 por la arpista y jazzista Dorothy Ashby, una figura central de la escena jazz en Detroit. Ashby rompió esquemas al introducir el arpa en un género dominado por trompetas y saxofones. En una época donde la música era una declaración de principios, ella eligió ser diferente. Recordemos que 1970 fue un periodo de convulsiones sociales en Estados Unidos, donde mucho del enfoque estaba en los movimientos de izquierda que idolatraban la contracultura. Sin embargo, Ashby, con su arpa, simplemente se concentró en hacer arte sin ceder a las demandas del ruido político predominante.
¿Por qué nadie habla más de ‘El Rubaiyat’? Es un misterio que incluso Agatha Christie no podría resolver, pero quizás la explicación sea que es una pieza demasiado sofisticada para un público que estaba más interesado en las canciones protesta de la época. Su fusión de jazz, soul y elementos orientales es una bofetada al conformismo musical que reprimía la creatividad durante una era de fuerte turbulencia cultural. Esta obra maestra logra lo que pocos álbumes en su tiempo: evita el sermoneo manifiesto, deja que la música hable por sí sola. Algo que debería ser más valorado en una época donde todo necesita una etiqueta política.
‘El Rubaiyat’ no es solo un conjunto de canciones, es una experiencia introspectiva. Cada pista se desliza con gracia a través del arpa de Ashby, sintiéndose a veces más como una serie de poemas musicales que como un álbum de jazz convencional. Desde la apertura conmovedora de ‘Myself When Young’ hasta la meditativa ‘Wine’, Ashby ofrece un viaje sonoro que, sin necesidad de palabras, invita al oyente a redescubrir valores olvidados en un mundo que insiste en polarizarse a cada instante. ¿Quién necesita letras cuando tienes un arpa que puede cantar por sí misma?
De manera significativa, 'El Rubaiyat' es un tributo a la obra literaria de Omar Khayyam, un poeta persa del siglo XI que desafió el status quo de su tiempo. Aquí Ashby lo homenajea tomando los rubaiyat originales y dándoles una nueva vida en la forma de notas musicales. Nos presenta una obra densa y rica que, irónicamente, resuena con más claridad precisamente porque no se ensaña en lo político, sino que se centra en lo universal y eterno, lo cual es el poder de la música en su estado más puro.
Jugar con los sonidos del arpa en una era dominada por guitarras eléctricas y voces fuertes es un acto de valentía que muchos hoy temerían hacer; sin embargo, la verdadera libertad artística no es seguir el rebaño, es simplemente crear por el puro hecho de crear. Ashby dio clase magistral de integridad artística, permitiendo que sus creaciones hablen por su cuenta. La ironía, claro está, es que ahora vivimos en tiempos donde lo emocional se ha sobrepolitizado; hoy día no es común encontrar música que se atreva a ser solo música, sin estar empañada de razones dogmáticas.
Incluso la portada del álbum mezcla lo clásico con lo moderno, usando ilustraciones inspiradas en el arte medieval islámico, algo que revela la apreciación de Ashby por las raíces culturales, sin convertirlo en un sermón. Su elección para dedicar un álbum a un poeta iraní del siglo XI no fue por razones de corrección política, sino por un genuino interés en el arte y la cultura, algo que muchas producciones actuales deberían considerar. No todo necesita ser un acto de retórica ardiente; a veces, solo un arpa y un talento innegable son suficientes.
Finalmente, Dorothy Ashby sigue quizás en las sombras de la historia musical, una injusticia que solo puede subsanarse redescubriendo su legado y reconociendo su genuina y única contribución. No necesariamente encaja con el relato progresista del jazz, pero quizás es eso mismo lo que hace a su música atemporal. Dorothy Ashby desafió expectativas, y su ‘Rubaiyat’ es la mejor evidencia de que el arte valioso será siempre irreductible al paso del tiempo y las modas pasajeras.