Si creías que las telenovelas mexicanas eran intensas, se nota que no has estado al tanto del drama político protagonizado por El Presidente Moribundo de Hispanoamérica. Estamos hablando de un líder que, a pesar de su estado de salud deteriorante, se ha aferrado al poder durante décadas como si fuera un papiro del Antiguo Egipto. Hablemos de quién es este personaje, qué ha estado haciendo con su país, por qué su condición ha capturado al mundo, cuándo esperábamos que diera un paso al costado y, lo más importante, dónde radica la verdadera debilidad de su dictadura.
Desde su orígenes ostensiblemente humildes, El Presidente Moribundo ascendió al poder con la promesa de ser un hombre del pueblo. Por algo dicen que las apariencias engañan. Una vez consolidado su mando, parece que su única política fue sentarse a esperar que la población naturalmente aceptara su dominio absoluto como un hecho consumado. Mientras tanto, las libertades individuales comenzaron a ser un lujo inalcanzable para los ciudadanos comunes. ¿Acaso no es curioso cómo los líderes con menos impulso del pueblo siguen siendo los más insistentes en permanecer en su posición?
A medida que su salud fue decayendo, no faltaron los rumores sobre su capacidad para gobernar. Con las venas del país llenándose de corrupción y capacidad administrativa, es legítimamente una ironía que el único flujo constante que parecía funcionar era el que mantenía en pie al presidente. Mientras tanto, sus amigos, o llamarlos esbirros mejoraría la imagen general, continuaron beneficiándose alegremente de sus conexiones con el poder.
Aquellos que han seguido la saga política estarían esperanzados de un respiro democrático, pero, mis queridos compatriotas, sabemos que eso es pedirle peras al olmo. ¡La cobardía política ha sido el ordén del día! Lo verdaderamente admirador es cómo todos estos años, sus opositores han jugado a los juegos políticos como si estuvieran encantados en no ganar nunca.
Sus reuniones secretas para debatir reformas sociales fueron por supuesto la comidilla de las noticias internacionales. Sin embargo, lo más relevante aquí es que lo único que han transformado realmente es el desastre redistributivo, que es en lo que parecen especializarse.
Pero, digámoslo claro: El Presidente Moribundo ha logrado mantenerse relevante en la política internacional como un referente de péguese a la silla tanto como le aguante el cuerpo. Los líderes que saben escuchar los vientos del cambio saben también cuándo retirarse. Algo que claramente, escape a la comprensión o al menos a la práctica de este dirigente.
Con cada discurso que nos recuerda una versión remasterizada de las viejas promesas, queda claro que detenerse no está en su vocabulario, aunque su salud diga lo contrario. Y mientras seguimos escuchando la rima poética de los cambios que nunca llegan, el pueblo, que observa pasivo, parece resignado a la narrativa de que cualquier cambio es tan lento como sea humanamente posible.
Es un cuento tan antiguo como el tiempo, y mientras su legado se tambalea, la pregunta que queda es si deberá retirarse, o mejor dicho, si esperará estar fuera de combate antes de ceder el paso. Hay algo fascinante en ver que el mundo no se conmueve del todo por esta trama languideciente. Algunos círculos incluso se atreven a llamar al estancamiento del Presidente como "una era dorada de represión a fuego lento".
Podemos estar seguros de que esta telenovela política continuará ofreciendo giros sorpresivos que mantendrán a su audiencia, si no encantada, al menos intrigada. Por ahora, es seguro decir que la marea del cambio aguarda a la distancia mientras nuestros amigos "liberales" lidian con sus propios dilemas de la espera infinita. Uno se pregunta si se reirán o llorarán cuando finalmente el telón caiga sobre el acto final del Presidente Moribundo.
Tal es la ironía de la situación, un culebrón político de proporciones continentales que tiene más capítulos de los que cualquier espectador podría seguir cómodamente. La pregunta que nos queda a todos nosotros es qué tan pronto estaremos viendo los créditos finales de este gobierno que ahora apenas se sostiene por la frágil columna vertebral de su mentor.
Finalmente, el verdadero misterio que permanece es quién, si es que hay alguien, reclamará el trono cuando por fin el moribundo ceda. Sin duda, el drama está solo calentando motores.