¿Alguna vez te has despertado pensando, '¡ojalá pudiera ser más dependiente del gobierno!'? Pues, bienvenidos al 'Nuevo Deal Viviente', una broma monumental que pretende cambiar las reglas del juego. En Estados Unidos, desde que Alexandria Ocasio-Cortez planteó esta idea en 2019, ha sido el delirio de quienes creen que imprimir billetes es igual a crear riqueza. Imaginemos un lugar donde dormir en los laureles sea más lucrativo que trabajar, donde las vacas sean más peligrosas para el calentamiento global que los aviones, y donde el impuesto al carbono te cueste más que las propias emisiones.
Primero, ¿qué es esto del 'Nuevo Deal Viviente'? Es una propuesta que quiere repetir el Nuevo Deal de Roosevelt pero con esteroides ecológicos. En teoría se presentó como un plan progresista para salvar al planeta, pero en la práctica, es un asalto a las carteras de los contribuyentes. Promete energía solar, una red eléctrica renovable, y carros eléctricos, todo impulsado por la generosidad de tus sobreactuados impuestos. Si ya te sientes complacido al pagar cuentas astronómicas de electricidad, este plan te dejará aún más feliz.
Hablemos del 'cómo': pretenden hacerlo construyendo una economía 'verde'. Esto significa eliminar los combustibles fósiles, pero sin un plan claro para mantener los empleos y las necesidades de generación energética inmediata. Además, quiere redistribuir la riqueza, algo que siempre resulta perfecto... al menos en teoría. Lo que olvidan mencionar es que mientras se intenta forzar una transición artificial hacia lo verde, los trabajos bien pagados en industrias energéticas no renovables simplemente se evaporan. Empleos verdes parecen tan firmes como las torres de viento, y tan estables como sus aspas rotas.
El 'para quién' es aún más controvertido. Se supone que esta propuesta es para proteger a las generaciones futuras, pero ¿qué ocurrirá cuando hereden una montaña de deuda impagable? El 'Nuevo Deal Viviente' suena muy bien en papel, pero en realidad podría dejar a nuestros nietos una carga inaceptable. Y sin olvidar, que todo esto se hace en nombre de un cambio climático más ideológico que científico, donde las emociones tienen más peso que los hechos.
Es importante mencionar el dónde. Estas políticas se promueven en las ciudades donde los trabajos principalmente dependen del sector servicios y la alta tecnología, a veces subestimando las áreas rurales que dependen de la agricultura y la industria. Pretender volver estos lugares autosuficientes en energías renovables es, como mínimo, ingenuo, y a menudo ignora el valor del trabajo duro.
El 'cuándo' es tan urgente como ayer, si creemos las predicciones apocalípticas de quienes apoyan este manifiesto. Pero avanzar con prisa y sin un plan sólido no es actuar con sensatez, es puro capricho. Los políticos que promocionan esta estrategia suelen olvidarse de explicar cómo sus propuestas afectarán al pequeño empresario que no puede costear parques eólicos, o el agricultor que depende del diesel.
No podemos dejar de hablar de costos, ese detalle insignificante al que se refieren como 'una buena inversión'. Y sí, si consideras que multiplicar el gasto de la nación en innumerables generaciones es una inversión. Algunos dicen que el capitalismo debe tomar una nueva forma para salvar el planeta, pero lo que realmente promueven se parece más al socialismo con medo ambiental.
Ante tanta palabrería verde, los críticos aun tienen voz. No es que carezcamos de aprecio por el medioambiente, simplemente es un llamado a la realidad. Antes de dejarnos llevar por el fervor salvador del planeta, habría que recordar a nuestros políticos que los árboles no crecen si arrancamos sus raíces. Pretender reemplazar la eficiencia del mercado con planes centralizados nunca ha salido bien. Si bien el 'Nuevo Deal Viviente' puede sonar como un acto heroico de civilización, solo es una camisa de fuerza pintada de verde.
Sin duda, habrá quienes lo vean como la solución a todos nuestros males, pero a menudo, quienes promueven tal ingenuidad son los mismos que viven alejados de las consecuencias reales de tales políticas. Ante cualquier desafío que debamos enfrentar como nación, lo último que necesitamos es más burocracia y menos libertad. Sería extraordinario que aquellos tan apasionados por salvar al mundo recordaran que éste no se salva atacando estilos de vida probados por el tiempo.
La próxima vez que habléis sobre el 'Nuevo Deal Viviente', recuerda que todo aquello presentado como revolucionario no siempre es brillante. La historia nos recuerda que los excesos ya han sido probados, y que el sentido común y el trabajo duro han construido las más grandes naciones. No es más políticas, sino menos intervención lo que en realidad nos llevará hacia un futuro sostenible.