El Inmortal: Lo Mejor de los 70 que Nunca Agradará a los Progresistas

El Inmortal: Lo Mejor de los 70 que Nunca Agradará a los Progresistas

'El Inmortal', una serie de TV de 1970, desafía las normas políticamente correctas de hoy, ofreciendo una aventura única sin la necesidad de inclinarse ante agendas progresistas.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Ah, los años 70, una década llena de ideas novedosas, cambios de mentalidad, y, sobre todo, series de televisión tan extraordinarias que ninguna liberalidad moderna podría tolerar. 'El Inmortal', estrenada en 1970, nos llevó por las aventuras de un hombre incapaz de morir, gracias a una píldora milagrosa. Este protagonista, interpretado por Christopher George, enfrenta una serie de amenazas en un mundo donde su condición única lo convierte en el objetivo de aquellos que buscan vivir para siempre. ¡Imagínense el drama, los dilemas éticos y la crítica del deseo de vivir eternamente encapsulado en una píldora! Esta serie es el epítome de lo que hoy parece tan imposible: entretenimiento que no necesita adherirse a la corrección política.

El primer motivo para hablar de 'El Inmortal' es su historia cautivadora. En un mundo donde todos tememos a la muerte, esta serie toma ese miedo y lo convierte en una narrativa fascinante sin forzar una agenda política subyacente. No hay sermones por la diversidad o inclusiones excesivas; es buena televisión que nos transporta a un concepto increíble sin desviar la narrativa con mensajes innecesarios.

El segundo punto que hace destacar a 'El Inmortal' es el elenco, liderado por Christopher George, un actor de gran carisma y talento que encarna al inmortal Ben Richards. George era conocido por su presencia en pantalla que captaba la atención de la audiencia sin necesidad de apoyarse en trucos repartir equitativamente tiempo de cámara. ¿Por qué necesitamos todo el tiempo recordar la 'diversidad' cuando podemos ver a personajes bien desarrollados lidiar con moralidades universales?

Tercero, abordemos el ambiente de la serie. Este espectáculo nos lleva en un viaje a través de paisajes americanos en una búsqueda constante, tocando la esencia de una nación libre y valiente. Escenas que muestran la belleza de los Estados Unidos tal como es, sin intentar modificarlas para complacer a los que viven en los estados más 'progresistas'. No hay trucos: solo una auténtica representación de un país libre.

Cuarto, uno de los mayores placeres de la televisión y el cine de antaño. Mientras ahora debemos soportar una marea de efectos especiales y gráficos por computadora, 'El Inmortal' nos brinda escenas llenas de acción cruda y real. Acrobacias que eran hechas por personas reales, huyendo o luchando sin pantallas verdes de por medio. La adrenalina del tiempo real.

Quinto, aunque es un detalle técnico que podría pasar desapercibido frente a los ojos de las generaciones modernas, debemos reconocer que la banda sonora y efectos sonoros de 'El Inmortal' ayudaron a crear una atmósfera única. La música realzada evoca una sensación de urgencia y aventura, llevando al espectador a una experiencia inmersiva. Algo que no se logra con las orquestas sintéticas de hoy.

Sexto, la serie también aborda temas filosóficos profundos sin la necesidad de golpear la cabeza del espectador con un martillo de propagandas modernas. El deseo humano de vencer a la muerte, de encontrar el elixir de la vida eterna, genera discusiones que nos invitan a reflexionar sobre nuestra verdadera naturaleza y las consecuencias de nuestros deseos.

Séptimo, el guion era simple pero increíblemente efectivo. Las tramas eran directas y los diálogos bien articulados, sin rodeos innecesarios. El ritmo de 'El Inmortal' fluía naturalmente sin la necesidad de detener la trama para cumplir con cuotas.

Octavo, la búsqueda constante del protagonista por mantener su libertad y privar a otros de explotar su condición única, resuena profundamente con aquellos que valoran la autonomía personal y la responsabilidad individual; valores que parecen estar desapareciendo en la cultura contemporánea.

Noveno, los antagonistas en la serie eran claros en sus intenciones, sin necesidad de redactar complicadas historias de fondo para hacerlos parecer comprensibles o 'humanos' en exceso. El bien y el mal estaban bien definidos—a veces el blanco y negro es lo que necesitamos.

Finalmente, 'El Inmortal' puede parecer a los ojos de hoy en día una reliquia de un pasado donde las series de televisión no necesitaban cifras abultadas de audiencia ni diversos elementos para ser exitosas, pero su autenticidad perdura como evidencia de que la narrativa clásica y honesta nunca pasa de moda. Eso es lo que debería inspirar a los creadores de contenidos actuales: dejar de preocuparse por apaciguar todas las voces y, en su lugar, contar historias con verdad, valentía y libertad.