Si crees que eres un experto en cine y no has visto 'El Golpe' de 1974, bueno, prepara la butaca porque estás a punto de recibir una lección de historia cinematográfica con clase, estafa y sorpresas. 'El Golpe', dirigida por George Roy Hill e interpretada por las leyendas del cine Paul Newman y Robert Redford, es una obra maestra que emerge de las sombras de los años 30 en Chicago, en plena Gran Depresión, para mostrarnos, una vez más, quiénes realmente mueven los hilos del mundo. Este film ilustra la astucia, la inteligencia, y la clásica y correcta moraleja de que solo los más habilidosos sobrevivirán.
El argumento es simple pero sofisticado. John Hooker (Redford) y Henry Gondorff (Newman) son dos timadores astutos que se unen para ejecutar el “golpe” de sus vidas. Su objetivo: vengar la muerte de un amigo a manos del mafioso Doyle Lonnegan. A través de una intrincada estafa, no solo buscan justicia, sino que también envían un claro mensaje: en ocasiones, los menos favorecidos son aquellos que mejor pueden maniobrar en la marea del crimen y salir ganando. Y para cualquiera que crea que los viejos tiempos eran tiempos de honor infalible, este film nos muestra la realidad desnuda de un juego de sobrevivencia.
Los más desprevenidos podrían considerar esta película una simple pieza de entretenimiento. Sin embargo, al cavar un poco más profundo, 'El Golpe' nos sumerge en una sociedad cuyos valores se evaden al ritmo de quienes buscan el poder rápido y fácil. Hermosos escenarios, un score musical inconfundible gracias a Scott Joplin, y una trama que te mantendrá al borde del asiento, hacen de esta película una oda al arte de la estrategia y la táctica, por encima de la brutalidad y la confrontación inútil... quizá una lección que hoy en día muchos podrían aprender.
Por otro lado, podría decirse que esta película ha resistido la prueba del tiempo porque presenta una narrativa menos dependiente de correcciones políticas y más cercana al entretenimiento honesto. En el Hollywood actual, saturado de exámenes de conciencia forzados, es revitalizante ver cine que simplemente se preocupa por una buena historia.
Tomemos la dirección artística de George Roy Hill. El año es 1936 y nos lo creemos completamente. La atmósfera, la vestimenta, los hábitos, los coches. Todo se siente auténtico, sin la carga pesada de reconstruir el pasado con un filtro culposo y condescendiente, algo que tanto gusta hacer en tiempos modernos.
Lo interesante es que mientras algunos consideran que la película se centra en los marginados buscando su lugar, bien podríamos verlos como astutos hacedores de su destino, algo que difiere radicalmente de las ideas subsidiarias que hoy rezan. Una recomendación: cuando veas 'El Golpe', siéntate con alguien joven. Podrían aprender la importancia de una mentira bien contada y bien recibida, y formarse un criterio que desafíe la corriente de creencias que asumen la debilidad como médula.
Además, es sorprendente cómo esta película ilustra la inteligencia y la creatividad de un guión que premia al espectador atento, recompensándolo en cada giro y revés. Una táctica tan centelleante como un rayo en la noche. Y sí, a pesar de tratar con el crimen, existe un código de ética retorcido pero presente, una sensación de justicia poética que muchos extrapolan a favores modernos.
La pureza de 'El Golpe' reside también en sus actuaciones. Paul Newman y Robert Redford son dúctiles, encantadores y sagaces. Muestran que no siempre necesitas una legión de efectos especiales para ser espectacular. Estos hombres fueron titanes que ilustraron que el talento actoral no requiere de elementos superfluos.
Fascinantemente, 'El Golpe' aborda la lucha de clases a través de un filtro entretenido. Con fallas humanas, con empatías exageradas y rencores ahogados en whisky añejo. No es la dama de hierro ni los combates revolucionarios de moda; es una reflexión robusta desde lo individual.
Así, sumérgete en las calles empedradas de Chicago, bajo el cielo frío de una época que sin duda tiene mucho que enseñarnos hoy. Porque en un mundo donde el cine se vuelve sermón habitual, 'El Golpe' nos recuerda que la esencia de una buena narrativa sigue viva cada vez que alguien intenta llevarnos a dar una vuelta por las calles de un Chicago antiguo, donde la astucia era la llave del éxito.