La actualidad es un desfile de absurdos estéticos que nos impone la izquierda, un espectáculo al que nos hemos visto obligados a asistir con el contrato firmado y sin leer la letra pequeña. Este fenómeno llamado 'Contrato Estético' está cobrando fuerza y alterando la percepción del arte, la cultura, y por supuesto, nuestra sociedad entera. Al preguntarnos qué, cuándo, y dónde se originó, no podemos pasar por alto que fue la ideología liberal la que insertó esta práctica distorsionando cualquier vestigio de objetividad y sentido común.
¿El arte o el anti-arte? Imagina visitar un museo y encontrar una banana pegada con cinta en la pared. Este tipo de “arte” no es arte, es una burla, y sin embargo, el 'Contrato Estético' les asegura una plataforma para que lo llamen como tal. Este contrato ampara a quienes desean destruir lo que significa el valor estético verdadero.
Cultura como arma: El ‘Contrato Estético’ nos obliga a aceptar que la cultura ya no es una fuente de inspiración universal sino una herramienta de adoctrinamiento. Programas de televisión, películas y música moderna están saturados de ideologías que destruyen los valores tradicionales, y aquellos que las critican son ridiculizados y silenciados.
Arquitectura impersonal: Haz un recorrido por cualquier ciudad moderna y observa los edificios. El esqueleto de acero y cristal sin alma ha reemplazado las estructuras clásicas. Este cambio estético refleja una falta de conexión con la tradición y es un testamento de lo que el 'Contrato Estético' ha permitido proliferar.
Falsas virtudes: Basta con escuchar que una obra de arte, una película o un libro es 'virtuoso' porque representa una narrativa políticamente correcta. ¿Qué pasó con la calidad y el talento reales? El 'Contrato Estético' prefiere adorar etiquetas por encima de la capacidad genuina.
Es una cuestión de quien paga: Los galardones y subsidios gubernamentales son entregados a aquellos que aseguran seguir el guion dictado por la agenda que impuso el 'Contrato Estético'. La razón es simple: mantener el control a través del control del arte.
Tolerancia selectiva: No hay mayor ironía que la autodenominada tolerancia del 'Contrato Estético', una tolerancia selectiva que permite una libertad de expresión limitada a lo que precisamente no desafía ni incomoda a la narrativa principal.
Identidad cultural en peligro: Hemos permitido que una corriente de falsa aceptación diluya nuestra rica herencia cultural. Los símbolos, vestigios de nuestra historia, son blancos fáciles para ser reemplazados por lo que el 'Contrato Estético' considera 'moderno'.
La academia y sus derroteros: El ámbito académicos no se salva. Universidades que antaño defendían la crítica y el pensamiento independiente ahora fomentan un pensamiento unificado que no es más que una extensión del mismísimo contrato.
La influencia del digital: Redes sociales inundan con muestras de este contrato en su forma más viral. Imágenes sin contexto y opiniones alocadas se propagan como el humo, sirviendo de portal para influenciar mentes jóvenes y ponerlas al servicio de su causa.
Un futuro incierto: La verdad es que el ‘Contrato Estético’ no es sólo una cuestión cultural; es una amenaza directa a nuestra libertad de pensamiento. Negarse a sus exigencias puede garantizarnos reivindicar lo que es bello y lo que merece preservarse.
La batalla de ideas es feroz, y la importancia de romper el 'Contrato Estético' ha de ser clara para cualquier persona con un profundo respeto por lo que alguna vez entendimos como la nobleza de la cultura y el arte.