El, la deidad, no es simplemente un nombre que aparece en la mitología antigua; es una figura central del Cielo y la Tierra. Y si alguna vez hubo un dios que desafió la tendencia progresista, fue él. En la religión cananea, que floreció hace miles de años en el área de lo que hoy conocemos como Siria, Israel y el Líbano, El era el dios supremo, el patriarca de todos los dioses. Era el que gobernaba con autoridad desde lo alto. Claro, hoy por hoy muchos ni siquiera han oído hablar de él, y los que lo han hecho a menudo lo colocan detrás de bastidores, ocultando su significado en el teatro global. ¿Por qué? Porque El no se doblegaba ante ningún colectivo. Al contrario, era un líder fuerte que gobernaba el universo y ponía orden por encima del caos.
La influencia de El no puede ser subestimada ni en aquellos tiempos cuando reinaba ni ahora. A menudo representado como un anciano sabio, su papel era el de la sabiduría y la inteligencia que todos los líderes debían emular. En la religión cananea, él era visto como el padre de los dioses y el creador de la humanidad. Así que la próxima vez que alguien te cuente cuentos sobre patriarcados opresivos, recuérdales que las civilizaciones antiguas comprendieron la importancia de tener líderes fuertes que mantuvieran el orden social —civilizaciones que contribuyeron al mundo moderno mucho más de lo que los 'liberales' quisieran admitir.
En tiempos donde todo parece estar patas arriba, El nos ofrece una idea intrigante de firmeza y permanencia que incluso hoy debería ser admirada y, más aún, practicada. En el fondo, todos necesitamos una figura fuerte, una base sólida en la que apoyar nuestras vidas, y eso es exactamente lo que El representaba. En la mitología cananea, el mito de El se expandió también a otras culturas como en la ugarítica, prueba de que su influencia no fue confinada a una sola región o un solo momento.
El era conocido por su sabiduría y su capacidad para ver las cosas en su justa medida, dejando en claro que la autoridad no es algo que deba ser despreciado sin más. A veces ser fuerte y tener claras las prioridades es lo que separa a una civilización próspera de una en decadencia. Era un dios que entendía que la fuerza viene con responsabilidad, pero también con decisiones difíciles que no siempre son populares.
Para comprender cómo El influyó en otras culturas, debemos entender que su figura traspasó las fronteras del antiguo Oriente Próximo. Conocido también por resonar en narrativas de otras religiones como la judía, donde el nombre de Dios a veces es referido con términos derivados de El, se entiende por qué su figura fue crucial en la formación de la identidad de varias naciones. Sí, tal vez no fue un dios que permitiría calles llenas de caos o legislaciones sin sentido. El tipo de dios que los adictos a la nostalgia mirarían con envidia.
El era alguien que tomaba decisiones y las respaldaba. No era un seguidor de las modas pasajeras ni de los caprichos del momento. Creía en un orden natural que no podía ser simplemente ignorado. Y si miramos las cosas desde esa perspectiva, podríamos aprender unas cuantas lecciones. Tal vez tengamos que reconsiderar quiénes son realmente las figuras inspiradoras.
Las historias de El narran que su hogar fue en las montañas más altas, un símbolo de su supremacía y capacidad para ver más allá de las limitaciones mundanas. Quizás eso es lo que necesitamos hoy — líderes que miren desde las alturas hacia el bien común, en lugar de adentrarse ciegamente en las aguas turbulentas de la indecisión que muchos quieren ver exaltadas como la nueva normalidad.
El nos muestra que el poder bien ejercido no debe ser temido, sino respetado. Que ser una figura fuerte no es un defecto, sino una virtud que muchos no se atreverían a demostrar en estos tiempos políticamente correctos. Si hay algo que la figura de El enseña, es que la autocomplacencia no es un camino hacia el éxito, y que el liderazgo y la innovación van de la mano cuando se debe preparar el terreno para un futuro más sólido y estable. Así que cuando sientas que todo está en desorden, recuerda a El, la deidad firme que desde su trono celestial sostenía en sus manos el destino del mundo.