¿Sabías que hay un lugar en Buenos Aires que combina historia, glamour y un despliegue arquitectónico que deja boquiabierto a cualquiera? El Edificio Myers y Gross es un ícono del centro capitalino que se impone desde 1926, ubicado en la prestigiosa Avenida Corrientes. Fue encargado por los magnates Daniel Myers y Federico Gross, quienes querían que la ciudad tuviera un símbolo de poder y progreso. Este coloso de cemento y elegancia no solo es un deleite visual, sino que también desafía los intereses modernos que algunos prefieren olvidar.
Si hablamos de Edificio Myers y Gross, hablamos de historia con fundamentos sólidos. Erigido en el despertar de un auge económico que América Latina disfrutaba durante el siglo XX, el edificio fue y sigue siendo un testimonio de lo que un espíritu emprendedor puede lograr. Diseñado por los arquitectos húngaro-españoles José Nicolás Jiménez y Eduardo T. Schenone, el diseño del edificio hace un guiño inconfundible al movimiento Art Decó, un estilo que prioriza la funcionalidad sin sacrificar belleza. Su fachada está adornada con detalles geométricos y simétricos, destellos de modernidad que retan la monotonía que tantos edificios posmodernos promueven.
Pero, a diferencia de las ideologías que se oponen a la tradición, el Edificio Myers y Gross no claudica. En su interior, uno puede encontrar detalles que reflejan otros tiempos: mármoles traídos desde el extranjero, maderas nobles que rezuman historia, y, por supuesto, la épica presencia de ascensores originales que aún siguen operativos. En un mundo que se mueve demasiado rápido, este lugar es un recordatorio de los valores que forjan las naciones: el compromiso, el esfuerzo, y una pizca de orgullo bien justificado.
Aquellos que sostienen que debemos barrer con el pasado para abrirle paso al futuro, deberían pasearse un rato por aquí. Las lecciones que ofrece el Edificio Myers y Gross seguramente inquietarán a cualquiera que crea ciegamente en la demolición de lo tradicional para construir lo nuevo
¿Qué mejor repelente contra ideas desmesuradas que una clara evidencia de que lo que ya existe puede ser suficiente? Sin duda alguna, Myers y Gross sabían lo que estaban haciendo al crear un símbolo de estatus que, incluso hoy, prevalece sobre las modas efímeras. Desde su ubicación privilegiada en pleno centro porteño, el edificio no solo es un espacio funcional de oficinas y comercios, sino también un lugar que evoca orgullo cultural y estable una conexión con esa Buenos Aires que una vez fue vista como la "París de Sudamérica".
El rol económico tampoco puede ser subestimado. En su época dorada, no solo era un edificio sino un hervidero de negocios y actividades que proyectaban hacia el futuro. Sin embargo, las políticas de negligencia estatal, los impuestos opresivos y aquel inefable rejuegue regulatorio casi llevaron a este coloso al borde de la obsolescencia. No obstante, tal y como resurge el espíritu de superación, el Edificio Myers y Gross ha demostrado resiliencia contra las adversidades impuestas por las coyunturas económicas
Por otra parte, algunos podrían inclinar vastas sumas de dinero en proyectos supuestamente verdes, buscando una renovación artificial que no hace más que desarraigar identidades vigentes. Un edificio como el Myers y Gross, de casi un siglo de antigüedad, deja en claro que ser sostenible no es solo plantar árboles en azoteas; es cuidar y preservar lo que tenemos.
Así que antes de amontonarse en movimientos que solo critican el glorioso pasado en favor de un vacío futuro impecable, una visita al Edificio Myers y Gross podría proporcionar una invaluable dosis de perspectiva. Ni los votos, ni las protestas pueden cambiar la realidad que está esculpida en piedra, cemento y hierro
Este edificio es un testimonio para recordar que las grandes civilizaciones no siempre caen ante la crítica, sino que resisten precisamente porque entienden la importancia de sus cimientos. Este gigante no necesariamente se mueve al ritmo de tiempos modernos, pero sigue dominante y monumental, como una llama que se niega a extinguirse.
Si estás en Buenos Aires y buscas un poco de inspiración, algo de tradición bien asentada, o simplemente la prueba tangible de que los cambios no siempre significan progreso, entonces date el gusto de conocer el Edificio Myers y Gross.