Drácula: La Historia que los Liberales no Quieren Contar

Drácula: La Historia que los Liberales no Quieren Contar

¿Quién pensaría que Drácula podría volver a ser relevante en nuestros días hiper-sensibles a todo lo políticamente incorrecto? "Drácula: La Historia Jamás Contada", de Universal Pictures, nos lleva en un viaje épico al trasfondo de Vlad III en una película que no teme abordar lo incómodo.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Quién pensaría que Drácula podría volver a ser relevante en nuestros días hiper-sensibles a todo lo políticamente incorrecto? Pues resulta que Universal Pictures nos sorprendió en 2014 con "Drácula: La Historia Jamás Contada", una épica historia sobre el trasfondo de Vlad III, conocido como Vlad el Empalador, estrenada en octubre de ese año en diversas partes del mundo. En dicho largometraje, se combina el drama histórico con el mito vampírico, haciendo que hasta los más escépticos muerdan el anzuelo—tal vez buscando un escape de un mundo contemporáneo lleno de censura y corrección política.

Primero, hablemos de la estrella del show: Luke Evans, quien interpreta a Vlad. Seamos honestos, Evans logra proyectar a Vlad como un líder fuerte, un hombre de familia que tiene que defender su país y lidiar con un peligro inminente: la invasión otomana. Bueno, para ser justos, Vlad se enfrenta a la decisión de hacerse monstruo o ser destruido, convirtiendo este drama en una meditación sobre el sacrificio personal. Todo esto, por supuesto, empaquetado en brillantes efectos especiales e impactantes escenas de acción. ¡Quién diría que a un héroe tan problemático como él podrían presentarlo casi como un libertador!

El director Gary Shore logra dar vida a una historia oscura y compleja donde los héroes no siempre son galantes ni los villanos, tan claramente malévolos. Buena suerte intentando encontrar esa profundidad en algunas de las propuestas de Hollywood actuales que se conforman con arcos y guiones predecibles que no ofenden a nadie. Aquí, al contrario, Drácula se convierte en una cuestión de perspectiva, esperemos que hagan una historia igual de compleja sobre algún otro monstruo de larga data, Latinos tomando venganza ante colonos, quizás. Lo divertido es que la película toma licencia para reelaborar la historia real de Vlad y lo transforma de príncipe transilvano brutal a mito moderno que fascina.

Ahora, algunos críticos fueron rápidos en señalar que está lleno de "licencias creativas". ¿Realmente se podía esperar otra cosa en una película que se llama "La Historia Jamás Contada"? La verdad es que Drácula, el personaje icónico, nos recuerda que las mejores historias muchas veces nos obligan a ver la vida y sus dilemas de una manera menos cómoda y más directa. Y, hablando de comodidad, no es raro ver una cierta frustración entre ciertos sectores que prefieren los insultos por encima de la contemplación.

Para una película que no pretende ser un documental histórico, logra ofrecer una nueva narrativa sobre el sacrificio, la familia y el poder—temas incómodos que pocos quieren discutir de forma honesta hoy día. Sobre todo en un momento donde evitar el enfrentamiento parece ser la consigna. Quizás algunos desearían que películas como esta elevaran más tópicos sobre el feminismo o la diversidad, ¡pero vamos! A veces el arte es solo eso: arte para entretenimiento y reflexión personal, sin agenda que te dicte cómo deberías sentirte.

En cuanto a lo visual, no se puede negar los valores de producción; con secuencias de batalla impactantes y efectos especiales que llevan al espectador de lo humano a lo sobrenatural sin parpadear. Esto fue un alivio, ya que estamos cansados de ver películas empujando el mismo visual homogéneo cada trimestre. "Drácula: La Historia Jamás Contada" se enorgullece de su filigrana estética, haciendo de la batalla algo poético y no un simple bombardeo visual sin alma.

La película se enfrenta con su propia mitología. Por un lado, busca humanizar al monstruo que ha simbolizado lo gótico y lo terrible durante generaciones y, por otro, no tiene miedo de embellecer esa brutalidad para contar una historia accesible y, al mismo tiempo, emocionante. Las tierras de Rumania nunca se vieron más espectaculares, presentando un telón de fondo brutal y hermoso que parece paraíso e infierno al mismo tiempo—un reflejo perfecto de las complejidades de su protagonista.

Así que, en esencia, lo que "Drácula: La Historia Jamás Contada" nos ofrece es algo que en el fondo todos podemos apreciar si dejamos de lado los prejuicios: la capacidad de entender que en la línea entre la moralidad y la monstruosidad, hay matices que todavía valen la pena explorar, aunque revuelvan las plumas de aquellos que prefieren todo blanco o negro. ¿Y no es eso lo que hacemos todos los días? Navegar en un mundo lleno de grises, aunque algunos traten de convencerte de lo contrario.