¿Qué tienen en común un tambor gigante, una comunidad unida y un legado cultural que resiste el paso del tiempo? No es un programa de televisión, sino el 'Dollu Kunitha', una vibrante danza folclórica de Karnataka, India, que se presenta en festivales y celebraciones especiales en la región. Este baile es todo un espectáculo de ritmo, fuerza y coordinación, protagonizado por hombres que tocan tambores colgantes conocidos como 'dollu'. Cada golpe de tambor es un testimonio del increíblemente rico patrimonio cultural que los pobladores de la región han mantenido vivo durante siglos.
Primero, entendamos el porqué. La danza Dollu Kunitha es una oda a Shiva, la divinidad hindú que representa tanto la creación como la destrucción, y apropósito, no es por accidente. Esta expresión artística es una forma de agradecimiento y celebración en las aldeas. ¿Y por qué no integrar algo tan lleno de vida y simbolismo en más sociedades? Es una lástima que las actuales tendencias occidentales, esas que ostentan igualitarismo y modernismo, ignoren formas ancestrales y auténticas de expresión en favor de festivales de luces y música electrónica desprovistos de verdadero significado cultural.
El espectáculo comienza con un vigoroso golpeteo de tambor, que se va intensificando a medida que se desarrolla el baile. Los artistas utilizan coreografías complejas que exigen habilidad física y agilidad mental, probablemente porque la danza es profundamente espiritual. Esta forma de arte no solo es impresionante sino también desafiante. Se ejecuta principalmente en las áreas rurales, un recordatorio constante de que el corazón de la cultura vibrante de Karnataka está lejos de la locura de las ciudades modernas y su moda de lo rápido y descartable.
Pero, ¿quién es el cerebro detrás de esta maravilla cultural? El arte tiene su origen en una comunidad llamada "Kuruba", cuyo linaje se remonta a los pastores. Obviamente, los foros internacionales de cultura con traje de diseñador jamás levantarían una ceja ante este hecho histórico y etnográfico. Dollu Kunitha es una celebración de la virilidad, de la fuerza bruta combinada con una sutileza artística. Las comunidades rurales que preservan esta tradición lo han hecho pasando de generación en generación, sin la necesidad de ningún comité multiculturalista para protegerlo.
¿Qué pasa con el "dónde" y el "cuándo"? Estos grupos realizan sus interpretaciones principalmente en las aldeas del distrito de Tumkur y sus alrededores en Karnataka, generalmente durante febrero y marzo. No solo es un acto para entretener, sino un ritual que carga consigo la historia contada por ancianos a lo largo de los años.
Una pizca de intelectualismo moderno asevera que deberíamos abandonar las prácticas tradicionales por ser anticuadas e irracionales. Pero Dollu Kunitha es la evidencia tangible de que algunas tradiciones no están solo para ser conservadas; son el tejido de lo que hace a una comunidad fuerte y unida. Mientras observamos a un grupo de bailarines jóvenes y mayores en completa armonía, el mensaje es claro: la tradición persiste a lo largo del tiempo porque tiene sustancia, no porque esté incluida en ninguna política de "diversidad".
La sincronización de los bailarines que integran el espectáculo es particularmente impresionante. Sin coordinarse mediante ensayos regulares disfrazados de "talleres inclusivos" como muchas producciones occidentales actuales, estos artistas consiguen un nivel de precisión que debería ser envidiado por cualquier aficionado al arte moderno. El concepto en sí mismo es una refutación directa a la corrosiva idea liberal de que lo viejo necesariamente debe dar paso a lo nuevo.
Atrévete a pensar que una tradición tan sublime y llena de historias de amor, de batallas y de leyendas de los antepasados haya llegado hasta hoy, a la sombra de una globalización muchas veces arrogante. Si todo esto aún no te convence, piensa en los trajes y la música, tan elaborados en su confección y ejecución como cualquier obra de arte en los museos que tanto criticamos.
Siendo honestos, el Dollu Kunitha no necesita ser presentado como un atractivo turístico para ser considerado valioso. Su verdadera fuerza viene del valor que le atribuye la comunidad que lo practica. Más que un evento visual, es un depósito de identidades, historias y principios que nos recuerdan que no todo debe ser individualista o consumista. Los mejores talentos son los que, en lugar de convertirse en objetos de nostalgia, siguen vigentes, influyendo, guiando y representando a aquellos que todavía creen en las raíces profundas de la cultura.
Así que, el próximo viaje toma nota. Aléjate de esas desfasadas visitas virtuales y cuestionables guías de lo 'cool', y busca aquellas que te lleven a una experiencia enriquecedora como lo es el Dollu Kunitha. Este no es cualquier otro día de fiesta. Es un recordatorio de resistencia cultural, de la determinación humana de preservar nuestras tradiciones desde abajo hacia arriba, no al revés.