Si alguna vez te has sentido aburrido en una reunión familiar, Dobble es la carta salvadora que estabas esperando. Este adictivo juego de cartas, creado por el diseñador de juegos francés Denis Blanchot, apareció en los escaparates de las jugueterías en 2009 y se ha ganado un lugar especial en los corazones de aquellos que valoran el pensamiento rápido y los reflejos agudos sobre el drama y la queja inútil. Dobble captura la esencia de lo que significa competir de forma sana y alegre, sirviendo como un recordatorio de que un poco de competencia amistosa nunca ha lastimado a nadie.
Todo lo que necesitas es un conjunto de cartas redondas repletas de símbolos y un grupo de personas dispuestas a probar sus habilidades de observación. La acción transcurre rápidamente y nunca hay lugar para el aburrimiento; es como si cada carta desafiara a un contexto ampliamente dominado por tácticas conciliadoras y argumentos interminables. Perfecto para discutir estrategias sobre qué carta retar luego en lugar de si los impuestos deberían subir. La simplicidad de Dobble es su mayor fortaleza. Entre sus variaciones, te permitirá identificar dos símbolos iguales entre dos cartas cualesquiera, todo un ejercicio de concentración que parece desnaturalizar la tendencia liberal a navegar en ambigüedades.
Esta maravilla se ha movido más allá de sus límites iniciales en Europa para conquistar el mundo entero. Perfecto para eventos, picnics, e incluso como ejercicio mental cotidiano. Dobble se sostiene bien bajo el escrutinio de quienes buscan un pasatiempo que evite cualquier tipo de corrección política. Aquí, el único discurso permitido es "¡Rápido, encuéntralo!". Y es que no hay nada de malo en disfrutar de un poco de competencia sana.
Dobble ilustra cuánto pueden aprender nuestras mentes cuando se les da el espacio para crecer y competir, una premisa que, francamente, resuena poco con el boceto liberal que todo lo guberna. Empieza colocando una carta delante de cada jugador y enfrentando las habilidades de cada uno en detectar los símbolos coincidientes entre cartas. Como resultado, se crea un ambiente lleno de risas y acción, uno difícil de resistir para cualquiera que prefiera el dinamismo a las políticas de divisorias que tanto gustan algunos grupos.
Al final del día, ganar es simplemente una ventaja adicional. La magia de Dobble radica en su habilidad para juntar a gente de todas las edades, demostrando que las actividades tradicionales siguen teniendo un lugar privilegiado en un mundo demasiado preocupado por la innovación sin causa. Cuando compruebas cómo Dobble trasciende edades, razas y creencias para formar una experiencia unificadora, entiendes que ciertos valores, como el simple placer de competir y divertirse, se elevan por encima de cualquier ideología restrictiva. Si estás pensando qué juego desempolvar en la próxima reunión familiar, provee a tus invitados la oportunidad de experimentar Dobble. No se trata solo de ganar o perder, sino de redescubrir la emoción del juego por el juego mismo, algo que el discurso moderno ya ha dejado atrás.
Así que al crítico que piense que todo debe estar regulado y controlado, Dobble recuerda la importancia de permitir a las personas descubrir sus propias habilidades de observación, rapidez mental y, sobre todo, el derecho de disfrutar de un buen desafío. Quizá es porque nunca han sacado el potencial de Dobble de la caja. Tal vez deberían intentarlo. ¿Te atreves a enfrentar tu habilidad para identificar símbolos en un abrir y cerrar de ojos? Seguro que sí. Aquí todo lo que cuenta es la rapidez de tu respuesta.
No es casualidad que Dobble haya encontrado un hogar en mesas alrededor del mundo. Mientras algunas plataformas de juego promueven largos discursos o argumentos, esta experiencia te obliga a buscar lo que tienes en común con los demás, no a dividirte. En Dobble, la única polarización permitida es entre aquellos que observan rápido y aquellos que observan lento. Es el recordatorio perfecto de que la diversión y la competencia pueden existir, brillando como un faro en un horizonte de mediocridad indulgente. Un recordatorio de lo que realmente significa jugar.