El Arte de Gobernar: Duterte y su Audaz Visión de 2018

El Arte de Gobernar: Duterte y su Audaz Visión de 2018

En 2018, el presidente filipino Rodrigo Duterte presentó un audaz "Discurso sobre el Estado de la Nación", reafirmando su enfoque intransigente contra el crimen y destacando sus ambiciosos planes económicos de infraestructura y federalismo.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

En 2018, el controvertido y carismático presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, presentó su "Discurso sobre el Estado de la Nación", un fascinante y polarizador momento que dejó a muchos boquiabiertos. Fue una declaración de guerra, no en el sentido literal, sino contra las fuerzas percibidas de la corrupción, el tráfico de drogas y cualquier oposición que pudiera desestabilizar su visión del orden y progreso en Filipinas. En lugar de zambullirse en formalismos, Duterte se presentó como siempre: directo y dispuesto a todo para fortalecer su nación desde la raíz.

La seguridad fue una cuestión central, reafirmando su enfoque en la mano dura contra el crimen. Duterte no pidió permiso para proteger las calles de Manila y otras ciudades filipinas; asumió el papel de comandante en jefe con total vehemencia. Evidentemente, no tuvo compasión por los narcotraficantes. Muchos lo criticaron, pero pocos podían negar la reducción de la criminalidad. En su discurso, reiteró que la guerra contra las drogas no era solo una política, sino una cruzada personal.

En cuanto a la economía, Duterte destacó la ambiciosa iniciativa "Construir, Construir, Construir", un programa de infraestructura destinado a transformar el país. Él sabe que la infraestructura es el motor del desarrollo. Criticará quién quiera, pero los proyectos viales, puentes y aeropuertos nuevos son un legado tangible que beneficiará a generaciones. Los que sostienen que todo es un gasto superfluo, pasan por alto que el futuro de Filipinas necesita bases firmes, no castillos de arena.

Para los observadores internacionales, Duterte mantuvo su posición firme. Su diplomacia peculiar lo ha puesto en una curiosa posición con potencias como China y Estados Unidos. Sin embargo, ¿quién dijo que una pequeña nación no puede mantener equilibrios múltiples? El líder filipino maneja el juego geopolítico con astucia. Critican su acercamiento a China, pero no entienden que el pragmatismo es la única opción en un mundo regido por la competitividad.

El federalismo, tan polémico como crucial, también dominó su discurso. Propuso un cambio significativo en la estructura política del país, persiguiendo mayor autonomía regional para repartir el progreso de manera equitativa. Sin embargo, para algunos, esta es solo otra de sus excentricidades. Duterte sabe vender una idea, y esta es sobre darle el poder a las regiones para que se desarrollen con ritmo propio.

Aunque ha sido blanco de críticas por su incisivo método de gobierno, nadie puede acusarlo de ser aburrido o indiferente. Tampoco perdió la oportunidad de ajustar cuentas con los sectores que, según él, frenan su agenda. En suma, su discurso fue una mezcla de argumentos duros, planes tangibles y un toque de ese colorido que solo Duterte puede darle. Prescindió de florituras; su mensaje fue claro para aquellos con la valentía de escuchar.

El "Discurso sobre el Estado de la Nación 2018" de Duterte es como un torbellino que aún resuena en la política filipina. A lo largo de su mandato, demostró que en Filipinas gobierna un líder determinado, que no teme a los desafíos, ni mucho menos a las palabras de aquellos que prefieren hacer ruido en lugar de actuar.

No es tarea fácil liderar una nación con semejantes expectativas, pero si algo ha quedado claro es que Duterte sabe cómo dirigir el timón. Para aquellos en busca de liderazgo tradicional, no encontrarán consuelo en él. Su tipo de gobernanza desconcierta a los acostumbrados a la política medida y predecible. Él elige romper paradigmas, apostando por un tipo de liderazgo que, aunque muchos no comprendan, seguramente dejará una profunda huella en la historia filipina.