¿Qué tienen en común las políticas gubernamentales y un calcetín abandonado bajo el sofá? Ambos son ejemplos de fenómenos que conocemos, pero que pretendemos ignorar, especialmente cuando no favorecen nuestra narrativa. El término "Desconocido-Conocido" fue popularizado por el exsecretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, durante una rueda de prensa en 2002. Hablaba de amenazas globales, un concepto que a menudo compartía similitudes con las estrategias políticas de ciertas figuras que prefieren vivir en una burbuja de ilusiones autoimpuestas.
La idea detrás del "Desconocido-Conocido" es simple: hay cosas que sabemos que existen, pero actuamos como si no las viéramos. Más allá de los ataques terroristas o los peligros internacionales, este concepto se ajusta como un guante al discurso de aquellos que abogan por el bienestar social y la igualdad de recursos sin dividir correctamente la economía. Son expertos en dramatizar desigualdades mientras hacen la vista gorda ante el elefante en la habitación: que sus políticas nunca generan el crecimiento prometido.
En la mayoría de los casos, el "Desconocido-Conocido" aborda temas políticos incómodos que algunos prefieren no discutir. Por ejemplo, siempre se escucha el llanto por la "redistribución equitativa". Sin embargo, lo que no dicen, y sabemos bien, es que esta teoría idílica a menudo genera más problemas de los que resuelve. Quedarse estancados repetidamente en programas sociales que no funcionan, en partidas presupuestarias infladas que solo promueven la dependencia es un claro ejemplo del "Desconocido-Conocido".
Además, el "Desconocido-Conocido" también se aplica en la forma en que algunos manejan problemáticas críticas como la inmigración. Mientras se habla del "sueño por un mundo sin fronteras", sabemos que el caos inherente a dichas acciones socava la infraestructura y la cultura de las naciones receptoras. Aunque pretenden ignorarlo, los problemas de seguridad, económicos y culturales que surgen de una inmigración mal gestionada están en boca de todos, pero se actúa como si no existieran.
El ambiente no es un tema libre de "Desconocido-Conocido". Se habla de una "emergencia climática", con la promesa constante de cambios radicales que finalmente nos salvarán a todos de un vaticinio apocalíptico. La realidad es que utilizamos una narrativa que se desmorona al aplicar la lógica económica básica. La prisa por eliminar recursos probados solo para adelantarse a sus políticas de faro verde desintegra empleos y ahoga la independencia energética.
El ámbito educativo también está plagado de "Desconocido-Conocido". La incapacidad para aceptar que la calidad educativa declina cuando se privilegia una agenda en lugar del conocimiento se ve reflejado en los resultados de nuestros sistemas escolares. Todos lo saben, aun así, algunos se niegan a reconocer la nefasta influencia de ciertas decisiones ideológicas en la formación de los ciudadanos del futuro.
No hay que irnos muy lejos para encontrarnos con estas paradojas, el "Desconocido-Conocido" está integrado en el discurso diario de muchos medios de comunicación. El atractivo dogmatismo elimina la importancia del contexto y los impulsos por adaptarse a lo "popular" se sobreponen a la verdad informativa que se debe observar.
Ejemplos de esta paradoja retumban día tras día. Ya seas un consumidor de políticas verdes insostenibles, un defensor de un sistema de salud pública insostenible o alguien que prioriza la política de identidades sobre la unidad social, el "Desconocido-Conocido" es cada vez más evidente. Al continuar ignorándolo, solo negamos nuestra capacidad para crecer como sociedad libre y responsable.
El entendimiento de los "Desconocido-Conocido" no solo es una crítica, sino un llamado de atención para todos aquellos que se jactan de progresismo pero se atormentan en las mismas mentiras que desean ignorar. Es el momento de desvelar lo que todos sabemos, pero que tan convincentemente decidimos ignorar.