¿Qué sucede cuando llevas el liberalismo al extremo? ¡Tienes a los Cármatas! Este grupo radical islámico floreció en el siglo IX en la península arábica, rebelándose contra el califato abasí desde su bastión en Bahréin. Inspirados por una interpretación utópica y revolucionaria del islam, su objetivo era cambiar la sociedad islámica del momento. Pero su visión, que prometía igualdad y el fin de la discriminación, escondía un lado verdaderamente oscuro.
Desde 899 hasta 941, los Cármatas construyeron un estado casi independiente y desafiaron el poder establecido del califato. Eran conocidos por su singular doctrina chiíta ismaelita, su oposición a las clases dirigentes y su creencia en la llegada de un salvador. Liderados por Abu Saíd al-Jannabi, y posteriormente por su hijo Abu Tahir, los Cármatas hicieron de la violencia un lenguaje constante. Se dice que durante el saqueo de La Meca en el año 930, profanaron la ciudad sagrada, llevándose la Piedra Negra de la Kaaba. Este acto no solo desafió al islam de su tiempo, sino que fue un mensaje escalofriante para cualquier otro que quisiera desafiar el orden establecido.
¿Por qué decidieron llevar su revuelta a tales extremos? Es simple. Pretendían reemplazar el califato con un orden nuevo, igualitario a su modo, eliminando la noción de califato centralizado. No es de sorprender que su interpretación extrema del islam haya tenido seguidores, pero la crueldad y el terror terminaron siendo su legado. Y como todo proyecto político basado en utopías radicales, tenía sus días contados desde el principio.
Un punto crucial en su caída ocurrió en 944, cuando sus diferencias internas y su incapacidad para mantener un estado cohesivo los expusieron a las fuerzas tradicionales. Sus medidas, aunque enérgicas, eran insuficientes frente a las crecientes presiones económicas y el descontento generalizado. Así, poco a poco, fueron perdiendo terreno. Las élites temieron una anarquía total, y sin embargo, los hechos confirmaron que el orden no llegaría a través de las doctrinas cármatas. Su radicalidad terminó por dividirlos, mostrando que las ideologías sin sentido común y visión estratégica están destinadas al fracaso.
El principio del fin llegó finalmente con el establecimiento de los Banu Uyún en la región, que sustituyeron a los Cármatas en Bahréin. Sin una base fija, toda su estructura llegó al colapso. Como muchas otras ideologías radicales y desprovistas de sentido en la historia, los Cármatas ofrecen una lección invaluable: el radicalismo nunca es sustentable. Estos actores revolucionarios se enfrentaron a gobernantes más capaces y pragmáticos, resultando en una caída inevitable. La historia de los Cármatas es la historia de una entidad terrorífica que no logró sustentar su imperio, revelando la importancia de gobernar con orden y no con locura.
Próximo tema: cuando un deseo de justicia social se convierte en un escuadrón de saqueadores. Sin habilidad para reconocer sus propios errores, los Cármatas se aislaron. Es una historia para recordar, en especial cuando se invita a la reflexión en tiempos donde aún vemos ideologías igualmente destructivas intentar ganar terreno en el mundo moderno.