La deforestación en Victoria es el tema candente que está en boca de todos, aunque deberíamos estar dando palmas por el progreso en vez de criticarlo. Cuando se trata de quién, estamos hablando de los propietarios de tierras y desarrolladores que están abordando el arduo trabajo de hacer que sus tierras sean útiles justo ahora, en nuestra preciosa Victoria, cuando necesitamos más crecimiento y desarrollo que nunca. ¿Por qué se habla tanto del tema? Porque hay quienes prefieren abrazar un árbol en lugar de ver la prosperidad que trae el cambio.
Si alguna vez has conducido por la campiña de Victoria, sabrás que hay ciertos espacios que podrían usarse mucho mejor que simplemente como un hogar para miles de ardillas. Deforestar algunas áreas selectas no es el fin del mundo, es la cúspide del progreso. El agua no corre precisamente en esos bosques inhóspitos donde ni siquiera un canguro quiere saltar. ¿Por qué no crear espacio para proyectos que puedan revitalizar la economía local? Una pregunta políticamente incorrecta para algunos, pero necesaria.
Espera, vamos por partes. Primero, el mito de que cada árbol talado es el inicio del apocalipsis está más anticuado que una radio de manivela. Considera que estas tierras no se están convirtiendo en desiertos baldíos; en realidad, muchos de estos espacios se transforman en áreas útiles contribuyendo a la infraestructura de Victoria, creación de empleos y, lo más importante, al crecimiento económico. Algunos dirán que esto es venderle el alma al diablo. Bueno, esos mismos están comprando mugshots de campos vacíos mientras el mundo se mueve hacia adelante.
Los conservacionistas dirán que los árboles son los pulmones de la tierra, una frase bonita para una canción de cuna, pero cuando esos árboles impiden el progreso humano, quizás sea hora de repensar las prioridades. No es que los árboles no sean importantes, pero a menudo se olvida que las personas también importan. Sin ese progreso, nos quedaríamos atrás en un mundo que no espera a nadie.
Imaginen un Victoria lleno de nuevas empresas, centros educativos y viviendas que de otra forma no serían posibles debido a la expansión de la vegetación. Mientras algunos prefieren criticar la modernidad desde la comodidad de sus oficinas urbanas, los verdaderos actores están allá afuera, enfrentando burocracia, tramitación de permisos y costos disparatados, sólo para convertir un simple bosque en el próximo epicentro de avance económico.
El caso triste es que incluso con evidencia clara de este beneficio, hay ciertos grupúsculos que piensan que es un dilema ético cada vez que ¡incluso un matorral insignificante es arrancado! Lo que también se olvida rápidamente son los esfuerzos de reforestación intencional y evolutiva que suelen acompañar estas actividades. No es como si fueran talando sin ton ni son para luego dejar el suelo estéril. La riqueza generada suele impulsar nuevas iniciativas de plantación y conservación, algo que raras veces llega a las noticias matutinas.
Un dato interesante que pasa desapercibido es que muchos de estos movimientos neolíticos son impulsados por pequeñas empresas y no megacorporaciones sin rostro. No se trata de vencedores millonarios destruyendo sin piedad, más bien de una planificación estratégica para un futuro sostenible. Para ponerle la cereza al pastel, la diversificación de uso del suelo puede mitigar incluso algunos efectos del cambio climático. Irónico, ¿no?
Ah, pero claro, aquí es donde todos ponen el grito en el cielo cuando se pisa el terreno filosófico. Digamos que hay menos hielo derritiéndose en los polos porque al explotar ciertos recursos generamos energías limpias; sin embargo, a nadie le importa cuando la retórica del fin del mundo es mucho más jugosa para causar impacto.
Así que la próxima vez que pasees por un nuevo parque o conduzcas por una nueva carretera nata en aquel espacio que solía ser tupido en vegetación, agradece el paisaje y encuéntrale el sentido al sacrificio hecho en nombre del progreso. No es el resultado de la codicia desenfrenada, sino del deseo de ver mejor a una región que lucha por encontrar su lugar en la economía global.
Cuando pienses en la deforestación en Victoria, piensa menos en historias de terror y más en las oportunidades que ello desbloquea. Y no te dejes arrastrar por el ruido de quienes prefieren quedarse en el pasado mientras se envuelven en su bandera ambientalista. Toca avanzar y hacerlo con la mirada fija en el horizonte, donde el desarrollo y la naturaleza puedan coexistir, al menos hasta donde es razonable para no volver a la edad de piedra.