Cosas Infantiles: Desenmascarando ‘La Inocencia’ Encarcelada en Pantalla

Cosas Infantiles: Desenmascarando ‘La Inocencia’ Encarcelada en Pantalla

Prepárate para un viaje alucinante que desmonta toda la corrección política al hablar de "Cosas Infantiles", una película argentina que desafía las premisas progresistas.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¡Prepárate para un viaje alucinante que desmonta toda la corrección política! "Cosas Infantiles" es una película argentina que se atreve a cuestionar y desafiar las premisas progresistas que tanto aman aquellos que prefieren un mundo cubierto de nubes y algodón de azúcar. Dirigida por Julián Morales y estrenada en 2023, esta película se libera de los grilletes de lo políticamente correcto para poner en evidencia los problemas reales de la infancia moderna. ¿Dónde sucede la trama? En las urbanas y grisáceas calles de Buenos Aires. ¿Por qué deberías prestar atención? Porque mezcla comedia y política para sacudir conciencias adormecidas.

Comenzamos destacando al director, Julián Morales, que parece estar compuesto del mismo material que los verdaderos conservadores: honesto, valiente y alérgico a las tonterías. Su pieza maestra, "Cosas Infantiles", no esquiva lo real y lo incómodo como tantos otros cineastas actuales. Aquí el centro de atención no son conversaciones sin fin y sin sentido entre adultos sobre microagresiones, sino las verdaderas preocupaciones e inocencias de la infancia vista desde un ángulo mordaz. La narrativa se centra en Tomás, un niño de unos siete años, que deambula entre las luchas cotidianas por su autonomía en un mundo feminizado. ¡Sí, lo dije!

¡Hablemos de Tomás! Este pequeño protagonista va a hacer que te preguntes si la próxima generación tiene alguna esperanza de recuperarse de décadas de idealismo zurdo. Tomás es un niño normal, atrapado en un mundo donde los adultos están más preocupados por ofender que por cuidar realmente de su bienestar. Los colegios enseñan más de ideología que de matemáticas, y las actividades después del colegio giran en torno a talleres absurdos de autoexpresión.

Por supuesto, no podemos dejar de tocar el tema de los padres. Estos son los representantes de esa sociedad obsesionada por proteger y sobreproteger a cualquier precio. Mamá y Papá Tormenta, como se refieren regularmente en la película, son el epítome de lo que pasa cuando los adultos pierden contacto con la realidad. Atrapados en la trampa de la perfección social, se olvidan de lo más importante: dejar que sus hijos realmente vivan, se ensucien, y sí, incluso se equivoquen. La película nos recuerda algo esencial: el error es el mejor maestro.

Un buen punto para reflexionar es el papel de la escuela. En lugar de ser un lugar enfocado en la educación y el conocimiento real, se presenta aquí como una institución dominada por agendas alocadas donde lo principal no es preparar a los niños para el futuro, sino evangelizarlos. Las canciones de bienvenida del colegio incluyen letras que bien podrían haber salido de un manifiesto. Un guiño más que sirve como golpe magistral de humor negro donde, en lugar de preocuparse por las notas, el enfoque está en cómo "ser más aceptante" al siguiente nivel.

El conflicto en "Cosas Infantiles" no viene de villanos mágicos ni de problemas existenciales, sino de los desafíos de encontrar un espacio en un mundo que pide demasiados placeres fugaces. Cada segundo de la vida de Tomás está cronometrado, no tiene tiempo para jugar al aire libre porque necesita estar en sintonía con clases absurdas de mindfulness para niños. ¿Qué pasó con los días de juegos sin preocupaciones en las calles y con el sonido del timbre llamándonos a casa al anochecer?

Un toque increíblemente refrescante es el gran sentido del humor en la película. Cuando te encuentras a punto del sofoco provocado por la ridiculización social actual, aparece un momento de comedia lúcida que te recuerda que hay una manera de levantar la voz sin tener que debatir en parlamentos. Julián Morales domina este arte, y no solo presenta una crítica feroz; lo hace con un mordaz sentido del humor que obliga a una reflexión seria mientras te ríes a carcajadas.

Además, la banda sonora tiene un papel destacado. En lugar de las usuales tonadas pegajosas, escuchamos música que reafirma cada punto de vista planteado, asegurándose de que no te detengas ni un segundo para cuestionar la validez del mensaje. La combinación perfecta entre sonido e imagen hace que los momentos clave sean inolvidables.

El mensaje que nos transmite Julián Morales es claro: mientras navegamos en una sociedad que ha perdido el equilibrio, es imperativo no solo regresar a lo básico -valores y ética familiar- sino que debemos estar dispuestos a enfrentarnos a los tabús implantados por las nesgas del progresismo. Ahora que más o menos has comprendido lo que "Cosas Infantiles" representa, ¿no te apetece poner a prueba tus propias percepciones sobre el sentido de la niñez? No dejes que el ruido externo te impida ver lo esencial: una película que merece ser reconocida por su valentía y su crudeza.

A medida que los progresistas liberales evitan este tipo de verdades, "Cosas Infantiles" resuena como un llamado a la acción; a navegar en el mar de la realidad sin miedo a lo políticamente incorrecto y a permitir que los niños sean simplemente eso: niños. Hay magia en permitirles vivir honestamente, lejos de los moldes y las restricciones que los sofocan constantemente. Nos dejaron con una película que no se perderá en la memoria, sino que permanecerá como un clásico para aquellos que valorizamos la verdad por sobre los artificios.