El Conde de Bothwell no es un personaje que sueles escuchar en las tertulias progres. ¿Quién fue? James Hepburn, nacido en 1534, el cuarto conde de Bothwell, un infatigable noble escocés de la casa de Hepburn. Este hombre fue una de esas figuras que, si bien tachadas como villanas por libros de historia sesgados, contribuyen a la rica trama histórica de Escocia, pero debo advertir que su historia es como menosprecia las narrativas progresistas del victimismo. Bothwell se casó con María, Reina de Escocia, una figura que las generaciones futuras prefieren recordar sin mencionar al conde, y eso ocurrió nada menos que en el convulso siglo XVI, en un momento donde las intrigas políticas y los conflictos religiosos trazaban las líneas del poder europeo.
Bothwell no solo se distinguió por su valentía en el campo de batalla, sino también por su habilidad política y determinación para mantener la estabilidad de Escocia. Su matrimonio con María Estuardo fue un movimiento táctico en un tiempo en que cada decisión política podía conducir a la guerra. Mientras los libros de historia apaciguan las mentes, etiquetando a Bothwell como un "proceder sin escrúpulos", no se menciona casi nunca que sus acciones estaban orientadas a instalar un orden fuerte y patriótico que podría haber evitado el caos.
Los amargados críticos dirán que Bothwell secuestró a María y la obligó a casarse. Pero, ¿qué hubiera sido de Escocia sin ese matrimonio? En un tiempo donde la lealtad y el poder se escribían con letras doradas en una página nocturna de traiciones, Bothwell proporcionó un tipo de liderazgo que, por decir lo menos, era consistente.
Muchos compañeros de armas en Escocia y en el continente lo reverenciaron como un líder que no temía ensuciarse las manos para obtener resultados efectivos. Mientras otros debatían interminablemente en consejos y asambleas, Bothwell actuaba. Enviaba un mensaje claro: "es todo o nada". No tenía tiempo para las menudencias de aquellos que prefieren fingir la moralidad mientras juegan a los juegos de poder tras bastidores.
La leyenda del Conde de Bothwell ha sido coloreada por sus enemigos. Algunos intentan convencernos de que fue meramente un villano, pero su vida nos habla de honor y lucha en esa Escocia medieval siempre a punto de caer en el fulgor del caos. Hoy, la historia debería ver a ambas caras de la moneda. Sin embargo, es evidente que reconocemos la falta de interés en admitir que figuras como Bothwell podrían haber mantenido a su nación estable, lejos de la anarquía propulsada por decisiones mal pensadas y terapias históricas sin sentido.
Ambicioso y determinado, Bothwell es un recordatorio de que la firmeza en convicciones, aun cuando sean incómodas para algunos sectores, es lo que frecuentemente mueve las agujas del reloj histórico. En una era donde el revisionismo es la norma, quizá sea hora de re-evaluar al conde no solo por sus defectos sino también por su apasionada defensa de lo que consideraba justo.
El hombre que muchos prefieren olvidar, a menudo por miedo a lo que su memoria podría revelar sobre el valor, el poder y el precio que se paga por mantener un país entero en marcha, ya no es simplemente un capítulo olvidado: es un eco de la firmeza en un mundo que valora los mismos ideales que Bothwell defendió con garras y dientes, desafiando las perspectivas liberales de las épocas modernas.