Imagina una fila en la que la prioridad no depende del tiempo, sino de un sistema de créditos. Sí, has oído bien. Esta es la llamada "cola justa basada en créditos". Pero, ¿quién, qué, cuándo, dónde y por qué? Esta idea está ganando terreno en ciertos círculos urbanitas progresistas, especialmente en lugares como Europa y EE.UU., con la intención de redistribuir el tiempo de espera basándose en algún tipo de crédito social. La razón, argumentan, es crear una sociedad más equitativa. Pero ya sabemos adónde lleva todo eso, ¿verdad?
El engaño de la aparente equidad. Quieren que creamos que esta "justa cola" rediseña las jerarquías del tiempo de espera hacia una utopía de igualdad. Sin embargo, no es más que una versión moderna del socialismo clásico: prometen una distribución "justa" mientras los mismos que regulan el sistema siempre salen beneficiados.
La muerte de la meritocracia. El esfuerzo y la temprana llegada ya no tendrían influjo. Este sistema elimina cualquier incentivo para esforzarse por llegar primero. ¡Adiós competencia sana!
Vigilancia disfrazada. Estos créditos estarían basados en múltiples factores, ¿pero quién decide qué factores? La pista va hacia una férrea vigilancia que decide por nosotros. Imaginemos la burocracia detrás de determinar si tu puntaje de crédito merece priorizar tu lugar en la cola.
Implicaciones de un valor moral en cada paso. Dar valor moral a cada paso que damos puede parecer central para la "moralidad progresista", pero... ¿es lógico? Convertir una acción tan simple en una declaración moral complica la vida hasta el ridículo.
Un ensayo perverso de crédito social. Más pobreza de gobernabilidad, convirtiendo actos de presencia en fórmulas calculables. La cola justa basada en créditos es la nueva oleada de un crédito social traído al estilo académico occidental.
Tu comportamiento en su lupa. Este sistema contempla tu "comportamiento cívico" para adjudicarse de tus días un sentido ético. Se presenta como una cornucopia de justicia social, pero su esencia no es más que la coerción enmascarada de progresismo.
El control amañado. El simple hecho de que alguien tenga que vigilar nuestro comportamiento asegura una jerarquía de control constante. Todo esto orquestado por aquellos que predican libertad.
¿El fin de la paciencia? Más que minimizar el tiempo de espera, se extinguiría la paciencia. Niños crecerían en un mundo donde no tienen que aprender a esperar por nada, plantando semillas de impaciencia y una falsa percepción de gratificación instantánea.
La paradoja de la opresión autoproclamada. Aquellos que claman justicia inescrutable son los mismos que impondrían reglas arbitrarias. La idea de una cola justa basada en créditos es más cómica que trágica - un guion sacado de una distopía de Orwell.
Una utopía de crítica fácil. Sin duda hay quien diga que criticamos sin proponer soluciones, pero siempre olvidan que una sociedad basada en el esfuerzo y la responsabilidad personal necesita menos control externo y más credibilidad personal.
El sentido común y el esfuerzo valen más que cualquier sistema de puntajes. Tradicionalmente, una fila funciona perfectamente bien: el primero que llega, primero que es servido. Imperfecta, pero lo suficientemente justa y funcional para admitir nuestra naturaleza humana. Este riesgo travestido de altruismo es otro intento de ajustar sin razón lo que ya funciona de manera natural. La verdadera cola justa no necesita créditos, solo necesita respeto por el orden y valor por el esfuerzo.