Ciervos: Una Serie que Desafía la Gravedad del Sentido Común

Ciervos: Una Serie que Desafía la Gravedad del Sentido Común

La serie de televisión 'Ciervos' desafía la lógica al presentar un mundo distópico donde humanos y criaturas híbridas coexisten de manera absurda. Gus, un niño mitad ciervo, es el protagonista que nos guía a través de un viaje moral en un paisaje postapocalíptico.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

La serie de televisión "Ciervos" es una de esas joyas que desafía la lógica y nos hace preguntarnos si los creativos de Hollywood tienen mucho tiempo libre o si simplemente están desconectados de la realidad. Debutó el 4 de junio de 2021 en Netflix y se desarrolla en un mundo postapocalíptico, en una realidad alternativa donde humanos y criaturas híbridas, es decir, parte humano y parte animal, coexisten en un entorno que, aunque ficticio, se siente como un sueño febril salido de la mente de algún guionista particularmente atrevido.

La historia sigue a Gus, un niño híbrido mitad ciervo y mitad humano, mientras viaja en busca de un nuevo comienzo después de que un evento devastador llamado "El Gran Desmoronamiento" ha transformado el mundo en un caos distópico. En su odisea se encuentra con Jepperd, un errático pero intrigante protector que uno podría describir como un tipo de héroe reticente. La serie está basada en la serie de cómics de DC Vertigo, pero seamos sinceros, ninguno de nosotros está aquí porque lêimos el cómic, sino porque Netflix tiene la habilidad de decidir por nosotros qué ver cada fin de semana.

La belleza y a la vez el dilema con "Ciervos" radica en su habilidad para crear una alegoría sobre la condición humana, pero lo hace mientras recurre a metáforas tan obvias que hasta el espectador más distraído podría entender. La trama muestra cómo los llamados híbridos son perseguidos, temidos y enjuiciados, lo cual sirve de obvia crítica a la intolerancia y miedo a lo diferente. Sin embargo, lo fascinante es cómo esta serie intenta abordar el discurso sobre diversidad y aceptación pero al mismo tiempo cae en una caricatura de sus propios argumentos.

A través de sus episodios, "Ciervos" propone una atmósfera de esperanza y adversidad, con toques de moralidad dignos de una clase de ética de preparatoria donde el profesor intenta desesperadamente dejar un mensaje. La serie nos enfrenta a preguntas sobre la aceptación de lo diferente y el miedo a lo desconocido. Pero es difícil tomar demasiado en serio una narración que utiliza un ciervo niño como precursor de un dramón moral. Este intento de crítica social puede atraer a cierto tipo de público que se siente a gusto en su burbuja de corrección política, pero no sería sorprendente si muchos se ven frustrados por el enfoque simplista de asuntos complejos.

La forma en que "Ciervos" aborda el caos postapocalíptico en el que vive Gus se torna en una mirada antropológica a cómo los humanos podrían reaccionar ante la alteridad extrema. Pero mientras otros antes han usado el género de ciencia ficción para ofrecer críticas agudas de nuestra sociedad, esta serie se siente más como una excusa para usar efectos especiales y prótesis que realmente profundicen en la naturaleza humana. Quizás sea injusto esperar profundidad real de una serie dirigida más bien a la típica maratón de Netflix un domingo lluvioso.

El gran desmoronamiento del mundo dentro de "Ciervos" no deja de ser un trasfondo interesante, y la estética visual ciertamente es un regalo para la vista, pero uno no puede evitar preguntarse si estos productos creativos son más que un entretenimiento pasajero. En un intento desesperado por avanzar una narrativa de inclusión y superación de las diferencias, ¿podría ser que "Ciervos" olvide que la autenticidad en el enfoque también es esencial? Ver los problemas del mundo real reflejados en una fantasía de niños-ciervo podría resultar incluso ofensivo para aquellos que valoran un diálogo real y matizado sobre los problemas que nos afectan.

A pesar de los momentos en que "Ciervos" nos invita a soñar con un futuro más amable, la paradoja es que la serie quizás exagere la simplificación de los problemas sociales que dice querer abordar. Su enfoque en la esperanza y la capacidad de redención nos deja pensando si realmente es consciente de las implicaciones de sus propias narrativas. En fin, esta es una serie que dejará a algunos meditando sobre la condición humana y a otros simplemente entretenidos con la noción bizarra de un niño que necesita tanto biberón como agua de lago. Tal vez la próxima vez que alguien venga a hablarte de diversidad y entendimiento, lo harán sin utilizar a un infante ciervo como metáfora.