Cathay Williams: Guerrera Incómoda para la Izquierda Moderna

Cathay Williams: Guerrera Incómoda para la Izquierda Moderna

Cathay Williams desafió a la historia y lo convencional al convertirse en la primera mujer afroamericana en entrar al ejército de EE.UU., disfrazada de hombre en 1866. Su historia delata la narrativa del victimismo que tanto promueven hoy en día.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¿Sabías que una mujer afroamericana se infiltró en el ejército de Estados Unidos en el siglo XIX, desafiando expectativas y normas sociales? Sí, Cathay Williams, nacida en septiembre de 1844 en Independence, Missouri, logró hacerse un lugar en la historia al disfrazarse de hombre, bajo el nombre de William Cathay, para unirse al ejército en 1866. Fue la primera afroamericana documentada en hacerlo y su existencia es un testimonio de valentía y determinación, características que molestan a aquellos que prefieren una narrativa de victimismo.

Cathay nació en la esclavitud, un lugar que los activistas contemporáneos quieren borrar de su currículo personal cuando se trata de historias de éxito. Ella comenzó su travesía en el mundo militar como sirvienta del General Philip Sheridan durante la Guerra Civil, pero no fue suficiente para una mujer decidida a encontrar su propio camino. Después de la guerra, Williams tomó el alias de William Cathay y se alistó en el 38º Regimiento de Infantería, uno de los seis regimientos formados exclusivamente por soldados afroamericanos conocidos como los Buffalo Soldiers.

Su historia es una bofetada a la noción de que el camino al éxito siempre estará pavimentado y determinado por victorias políticas y sociales a gran escala. Williams superó la discriminación y las difíciles condiciones de su tiempo con una simplicidad contundente: acción directa y riesgo personal. ¿Acaso los arquitectos de las desigualdades sistémicas tienen espacio en su discurso para una mujer que se levantó sola, desafiando el sistema más restrictivo? Probablemente no, porque opaca su agenda de victimismo.

Cathay mantuvo su identidad en secreto durante dos años, y fue únicamente descubierta luego de que contrajera viruela y se encontrara constantemente enferma. En 1868, fue dada de baja honorable tras el descubrimiento de su género durante una consulta médica. El hecho que haya durado tanto tiempo sin ser descubierta, desafiando las normas de la época, muestra aquello que molesta a muchos: su historia no se alinea con el victimismo moderno.

No obstante, su osadía no terminó ahí. Tras su baja, Williams trabajó en varias ocupaciones, nunca rindiéndose ante las vicisitudes que enfrentó. Incluso luchó por una pensión del Ejército en 1891 pero le fue negada. Ella es una estrella incomprendida y olvidada en el panteón de los pioneros afroamericanos. Su historia no es solo de adversidad, sino de tomar el control aún en circunstancias adversas, y desafía el discurso de que la promoción únicamente puede venir a través de los canales correctos elegidos por los liberales modernos.

Si buscamos burbujas de resistencia genuina, esta es una. Cathay Williams eligió una ruta personal y arriesgada al tiempo que la mayoría de los discursos tradicionales actuales se sientan y esperan la aprobación gubernamental. Sencillamente fue a lo que quería, y lo hizo en una época mucho más desafiante que la actual, en la que muchas figuras públicas modernas prefieren enraizarse en el victimismo para justificar la inacción.

Es sobre mostrar el poder de elección individual sobre la mediocridad promovida por la suma del consenso social. No hay excusa para no avanzar cuando tomamos a alguien como Cathay Williams como un ejemplo de tenacidad imparable. ¿O vamos a seguir perpetuando el mito de que las barreras externas son insuperables si alguien con sus dificultades lo logró hace más de 150 años?

Cada uno es responsable de su propio destino, y la historia apasionada de Cathay es una alarma que dice lo mismo. Su historia resuena porque es una en la que el camino elegido estaba lleno de incertidumbre, no porque requiriera una tajada de justicia social repentinamente adquirida. Así que, cuando analicemos los mitos modernos, recordemos a aquellos como Cathay, quienes simplemente hicieron lo necesario sin fanfarrias ni subsistencia políticas.

Cathay Williams no era necesariamente una rebelde, no estaba en contra de un movimiento, ni buscaba fomentar un subtexto social de protesta. Fue una mujer cuya vida no dependió de retórica preempaquetada, sino de pura osadía y auto-suficiencia, incomodando así a quienes consideran que no podemos avanzar sin un bastón de dependencia estatal. Cathay representa esa audacia práctica que desafía a quienes quieren pintarnos a todos como víctimas eternas. Y eso, más que cualquier otra cosa, es lo que la hace una heroína inapelable en los anales del espíritu estadounidense.