Carlos Cheppi, un nombre que resurge del pasado para sacar de las cenizas la política agrícola argentina. Como quien invita a un ex a una boda, el gobierno de turno ha convocado a este economista y político para poner en orden el sector más candente de la economía nacional. Nacido en 1955 en Buenos Aires, Cheppi tiene una larga carrera en el ámbito agrario, ocupando cargos como Secretario de Agricultura durante el turbio mandato de Cristina Fernández de Kirchner. ¿Qué significa su regreso para un país que parece repetir la misma historia errada?
Primero, hablemos de su currículo: Carlos tenía a su favor un impresionante historial académico y profesional antes de manchar sus zapatos con el barro de la política. Fue director del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y representante argentino ante la FAO. Estas credenciales deberían haber sido suficiente para elevar el sector agrícola a nuevas alturas, pero algo se quedó en el tintero. ¿Cuál fue su error fatal?
Para muchos, su mandato durante el gobierno de Cristina Fernández es recordado por el conflicto del campo en 2008. Sí, la famosa Resolución 125 que proponía un nuevo sistema de retenciones móviles a las exportaciones de soja y girasol. En otras palabras, un golpe al sector que no hizo más que agitar las aguas ya turbulentas. Esencialmente, un ataque frontal a los productores que, como era de esperar, respondió con tractorazos y manifestaciones por todo el país.
Ahora, cualquier estudiante de economía podrá ver el problema aquí. Privatizar las ganancias y socializar las pérdidas es el mantra preferido de aquellos que no saben cómo manejar algo tan crucial como el salario del productor rural. En una ironía que cala en lo más profundo, fue durante su gestión cuando se alejaron más que nunca del diálogo, agudizando el conflicto con un sector vital para la economía. Mientras otros países miraban hacia innovaciones tecnológicas, producción sostenible, y estudio de mercados internacionales, Cheppi y su equipo parecían más enfocados en ver cómo extraer más del ya exprimido sector agrícola. Pero ¿qué se puede esperar de quienes conciben impuestos como soluciones mágicas?
Su regreso a la escena política pareciera más un cuento mal contado que un cálculo astuto. Se le recuerda principalmente por la falta de estrategias sustentables a largo plazo, sumado a la terquedad de imponer decisiones poco populares sin medir las consecuencias. Es lógico entonces cuestionarse si este es el tipo de liderazgo que necesita el país en tiempos de crisis económica y social.
Cheppi intenta lavar la cara de su pasado, pues nadie se aventura dos veces al mismo río sin la esperanza de un cambio. Aunque pareciera que quiere embellecer la escena agrícola orquestando alianzas con diversos sectores, la desconfianza permanece. ¿Quién puede culpar al productor agropecuario por mantener un escepticismo sano?
Claro, algunos dirán que sus intenciones son puras y su conocimiento técnico, invaluable. No obstante, la teoría no siempre se traduce en práctica. Las viejas fórmulas de retenciones y regulaciones draconianas apenas si sirvieron para llenar las arcas estatales de manera temporal, dejándonos con exiguos resultados a largo plazo.
En resumen, mientras los «liberales» alardean de un cambio propuesto, quienes observamos desde la realidad entendemos que tal vez las cosas no sean tan radiantes como las pintan. Carlos Cheppi sigue siendo una pieza de ajedrez conocida en el tablero político de siempre, utilizado y descartado a conveniencia. Tal vez sea tiempo de buscar nuevas jugadas con nuevos jugadores.
La historia lo juzgará, como a todos; pero, hasta entonces, el tablero sigue allí para ser disputado. Es una pena que, en plena crisis mundial, no contemos con un equipo de estrategas que no sólo piense en retener ganancias inmediatas, sino en construir un futuro sólido para el país.