Candados del Amor: ¿Romántico o Simplemente una Plaga Urbana?

Candados del Amor: ¿Romántico o Simplemente una Plaga Urbana?

Los 'candados del amor' pueden parecer una expresión romántica, pero en realidad son un desgaste innecesario en las infraestructuras públicas que deberíamos cuestionar.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

El fenómeno de los ‘candados del amor’ puede parecer adorable o hasta apasionante en un mundo donde el amor a menudo lucha por encontrar un lugar permanente. Todo comienza cuando las parejas colocan candados en puentes, columnas o cualquier otra estructura pública como símbolo de su amor eterno, tirando luego la llave al agua. ¿Pero quién tuvo la brillante idea de convertir nuestras ciudades en un basurero de metal oxidado? Este fenómeno se popularizó en Italia pero rápidamente invadió ciudades de todo el mundo como París, Nueva York y Seúl. Los llamados turistas románticos creen que es una tradición inofensiva, pero la realidad es otra.

La tradición puede tener un origen en la novela italiana "Ho Voglia di Te" de Federico Moccia, donde una pareja hace precisamente eso para simbolizar su amor eterno. Pero, como los cuentos de amor, esto es pura ficción. Pronto, París se convirtió en la capital de los candados del amor, especialmente en el Puente de las Artes, que en su momento estuvo cubierto por más de un millón de candados pesando varias toneladas.

Dado que muchos liberales abrazan fervientemente cualquier expresión pública de sentimentalismo como si fuera política, aquí tenemos una cruzada que debería hacernos pensar dos veces. Estas escenas idílicas de amor terminan erosionando estructuras públicas, generando costos masivos de reparación y provocando contaminación. La polémica es clara: ¿el romanticismo supera en valor al costo (literal) que tiene sobre el patrimonio cultural?

¿Por qué algunos defienden esta práctica? Sencillo, quizás porque creen en las fantasías colectivas más que en las consecuencias tangibles. Imaginen el impacto de miles de candados pesando sobre una estructura que no fue diseñada para soportar tanto peso. Numerosos puentes han sufrido daños considerables debido a esto. En 2014, se tuvo que retirar una sección del Puente de las Artes por riesgo de colapso.

Sin embargo, hay quienes se aferran a estos símbolos como si fueran alambiques de amor incorruptible. Cualquier empleado de la ciudad te diría lo contrario. Estos candados ensucian, generan trabajo extra para las autoridades locales y representan un peligro para las infraestructuras. A los románticos no les importan mucho las reparaciones financiadas con impuestos locales, por lo visto.

Hablemos de las alternativas sensatas que han surgido. Puentes en París y otras ciudades han comenzado a reemplazar barandas simples con paneles de vidrio, impidiendo que los candados sean colocados en ellos, sin hablar de las multas impuestas por vandalismo. Pero no es solo el cristal lo que ha entrado al juego; varias ciudades han tomado esfuerzos innovadores para redirigir las ansias amorosas de los turistas.

Por ejemplo, Seúl ofrece "árboles de amor" en los que las parejas pueden colgar sus candados de forma regulada y con menor impacto material. Aunque esta iniciativa es menos destructiva, todavía representa una idea cuestionable basada en romance turbio y poco sustancial. De hecho, se podría argumentar que el verdadero compromiso no necesita de candados en primer lugar. Los conservadores saben que el amor genuino se demuestra en otros aspectos del día a día y no en simples exhibiciones públicas que terminan como chatarra.

No es que sea escéptico sobre el amor, pero el amor urbano no necesita arruinar las vistas y paisajes de nuestras ciudades. Las ciudades históricas se encuentran amenazadas porque se convierten en blanco fácil para modas efímeras. Y como si el problema físico no fuera suficiente, las toneladas de llaves en ríos y mares locales también revelan otro nivel de descuido ambiental.

Conforme más ciudades se muestran firmes y retiran estos irritantes objetos, uno puede sólo desear que este fenómeno no solo pierda popularidad sino que se extinga por completo. La practicidad, después de todo, deberá prevalecer sobre la supuesta "belleza" de un acto de amor que en la práctica es un crimen contra el buen sentido y el espacio público.