¿Quién hubiera pensado que una simple calle podría desatar pasiones tan intensas? Calle Pusey, una modesta calle ubicada en el Reino Unido, ha estado recientemente en el centro de una polémica que muchos han promovido, pero que pocos realmente entienden. Alguna vez pensar que el nombre de una calle desencadenaría debates tan encarnizados parecía absurdo, pero el simbolismo nacional y social está en juego, aunque algunos intenten ocultarlo.
Comencemos con el 'quién': Calle Pusey lleva el nombre del reverendo Edward Bouverie Pusey, una figura prominente en el Movimiento de Oxford, un movimiento religioso del siglo XIX que defendía valores tradicionales y reformistas dentro de la Iglesia de Inglaterra. Así que ahí lo tienen, una calle dedicada a un hombre que representaba, en muchos sentidos, una resistencia contra los vientos del cambio liberal. Y, francamente, la cuestión de 'qué' se está discutiendo aquí es algo más que el nombre de una calle. Egocéntricos, algunos quisieran que la historia se reescribiera y que figuras como Pusey fueran barridas bajo la alfombra, casi como si nunca hubieran existido.
Pasemos al 'cuándo' y 'dónde': la conversación sobre Calle Pusey explotó hace solo unos años cuando ciertos grupos intentaron multiplicar sus voces, quejándose de que el nombre de la calle necesitaba una revisión. Una revisión, dicen, en un mundo que no da lugar a ciertos discursos. Mientras algunos de ellos alucinan bajo la bandera de la inclusión, otros tenemos los pies en el suelo recordando que la historia es historia, con sus luces y sombras, y que a veces no hay que cambiarle el nombre a las cosas solo porque nos sentimos incómodos.
¿Y 'por qué', se preguntarán algunos, debería importar el nombre de una calle? Simple: porque el cambio de un nombre es sólo el comienzo. Después vienen las lecciones escolares, los libros, las estatutas. En esencia, la memoria colectiva de una nación está en juego. Hay quienes defienden este cambio alegando modernidad, pero otros lo vemos como una amenaza velada. Y no, no es por aferrarse a los 'buenos viejos tiempos' —que por cierto sí que los hubo—, sino por una torpe y ciega carrera por borrar cualquier cosa que no encaje en un molde mutante de corrección.
Calle Pusey es solo un ejemplo más en el catálogo de cancelaciones absurdas. La historia, querida audiencia, debe servir como alerta, no como borrado. Porque después de las calles, ¿qué sigue? Al fin y al cabo, el nombre de esta calle es solo un símbolo —inocente y llano— de lo que está en juego: una nación que trata de conectarse con su pasado, mientras lidia con un presente que se acerca rápido al abismo del revisionismo sin sentido.
Vayamos por el carril de la lógica, por si acaso alguien aún se lo cuestiona. Nadie puede negar que ciertos nombres en la historia tienen un peso negativo y debemos enfrentarlos con conocimiento de causa. Pero Pusey no encaja aquí, pese a los cantos de sirena que algunos sostienen. Era, después de todo, un hombre de dios, no un dictador.
La propuesta de cambiar el nombre de una calle como Calle Pusey es una distracción para evitar hablar de los verdaderos problemas que aquejan a la sociedad. Decisiones triviales que parecen ser más un espectáculo mediático que una solución. Honestamente, si se aplicaran las mismas energías para resolver problemas más graves, se avanzaría más. En lugar de debatir sobre el nombre de una calle, sería interesante discutir cómo la ideología de Pusey dentro del Movimiento de Oxford sigue influyendo en la sociedad actual.
Llamar 'al pan pan y al vino vino' puede ser molesto para algunos, es verdad. Pero Calle Pusey forma parte de una narrativa más amplia. La narrativa de aquellos que aún defienden un mundo con tradiciones, historia y raíces profundas, que pese a todo, algunos siguen luchando incesantemente por cambiar.
Así que no, Calle Pusey no necesita cambiar de nombre. Lo que necesita es el respeto que se gana la historia, buenos y malos momentos incluidos. Y si estamos listos para un debate honesto y franqueza sobre qué constituye la esencia de una nación, qué mejor lugar para comenzar que con una calle que ha soportado las mareas del revisionismo y ha salido ilesa, al menos hasta ahora.