Si creías que la fidelidad era una virtud indiscutible, tenías razón, pero al diablo con ella, porque "Boeing Boeing" de 1965 desafía lo que hoy sería políticamente correcto. Esta comedia provocativa aterriza en los años 60, dirigida por John Rich, y no me sorprende que haga resoplar a más de uno. Protagonizada por los encantadores Tony Curtis y Jerry Lewis, la película nos traslada al ajetreado París donde un periodista norteamericano, interpretado por Curtis, ha tejido una compleja red de engaños amorosos entre tres azafatas de distintas aerolíneas. Claramente, el protagonismo rotundo reside en el juego intrépido de Curtis y la torpeza histriónica de Lewis.
La trama se despliega en la bulliciosa capital francesa de los años 60s, época dorada donde el glamour y la despreocupación eran parte de una fórmula perfecta para el entretenimiento. Marcado como un clásico de la comedia, "Boeing Boeing" explora los esquemas de género e inteligencia emocional, provocando risas que desde la óptica moderna podrían parecer políticamente incorrectas. Nos sitúa frente a la auténtica realidad del tramo en donde los hombres eran coherentes con la naturaleza competitiva que tanto molestaría a algunos hoy en día.
Vamos a ser honestos: la historia arranca cuando Bernard Lawrence, nuestro mujeriego protagonista, elige planear su vida amorosa con la precisión de un relojero. Su cínico pero funcional plan es algo casi admirable. Francamente, ¿quién no ha soñado con reinventar el romance a través de un ingenioso uso de horarios de vuelos? Hasta que, como era de esperar, el sistema perfecto se rompe y Bernard debe evitar la inevitable colisión de sus mundos cuidadosamente separados. Y todo ello, mientras se esconde tras la hilarante fachada de mentor de su viejo amigo Robert Reed, magistralmente interpretado por Lewis, mostrando así que, a menudo, la comedia es el alivio frente a las duras realidades.
La química entre Curtis y Lewis es lo que eleva esta cinta, llevándola desde el mero entretenimiento a un espléndido juego de talentos actorales. Curtis, con su encanto encantadoramente pícaro, complementa la excentricidad de Lewis, revelando que las amistades masculinas a menudo tienen una dinámica propia, libre de las sobrecomplicaciones que inundan las relaciones románticas. Y mientras los efectos de cinta y tijera intentan recalcar la comedia, son las actuaciones las que realmente nos regalan una percepción auténtica de los valores masculinos de aquella era, algo que no caería bien entre los progresistas de hoy.
Los escenarios decorados y el vestuario son un tributo a una época donde el estilo y la apariencia lo eran todo. Seamos francos, París no necesita discotecas para ser la ciudad del amor si ya tienes jets cargando aires alrededor del mundo. La fotografía de la película nos sitúa en un tiempo visualmente atractivo, donde podemos saborear cada pequeño detalle, desde el clásico diseño de los muebles hasta la moda de las azafatas, todo cuidadosamente arreglado para plasmar un glamour irresistible.
"Boeing Boeing" es el testimonio de otra época, una que no tiene reparos al mostrar las dinámicas de género de manera, llamémosle, salvajemente ingeniosa. Pero eso es precisamente lo que la hace destacar. Es ese tipo de desfachatez y valentía que no encontrarías en las historias políticamente correctas de hoy en día. Los diálogos rápidos, el ritmo ágil del guión, y la dirección eficiente son suficientes para mantener al espectador entretenido sin cuestionar su brújula moral.
En resumen, "Boeing Boeing" es un bálsamo a la comedia que caracterizó a los años 60. Con un elenco que podría hacer reír a una estatua y una trama que desafía las normas actuales, esta película es un faro luminoso. Los lazos masculinos se llevan a su forma más cómica y se nos recuerda que, a veces, mantener tres romances a la vez requiere el arte preciso de un atleta olímpico del saludo social. Quiéranlo o no, este clásico sigue siendo una lección sobre la complejidad humana envuelta en un paquete audazmente risible.