Imagina una librería donde la palabra "diversidad" esté tallada en cada rincón, y los libros son el mantra santo en el que creen quienes temen salir de sus burbujas ideológicas. Sí, eso es Bluestockings, un escondite situado en el Lower East Side de Nueva York, donde los llamados "progresistas" encuentran consuelo en su eco-chamber. Fundada en 1999, esta librería siempre se ha definido por ser un espacio seguro para individuos con ideas afines, que no están abiertos a escuchar ni un milímetro más allá de la retórica tolerante y desbordante de corrección política.
En un mundo donde la palabra "inclusividad" ha sido secuestrada para justificar los encuentros de la izquierda radical, Bluestockings se presenta como el bastión de la libertad de expresión. Pero resulta que esta ya famosa librería es menos sobre explorar nuevas ideas y más sobre reforzar una sola narrativa. Aquí, los libros no solo se leen, se veneran. Pero solo si predican a los conversos sobre lo malos que son los sistemas existentes y lo genial que es todo lo contrario. Un santuario donde cualquier posición que se atreva a desafiar el status quo políticamente correcto es tan bien recibida como un té lleno de azúcares refinados.
La idea de una librería que se vanagloria de su radicalidad, y que organizan talleres, grupos de discusión y eventos, parecería atractiva. Al menos para aquellos que todavía creen que ser radical es suficiente para cambiar el mundo. Este lugar se comporta más como un club excluyente que una librería donde se deberían dar debates constructivos. Bluestockings te envolverá en el manto de lo "progresista", pero a menudo con una agenda que en realidad no acepta otro punto de vista que no resuene con sus ideales.
Parte de la ironía está en que mientras Bluestockings halaga valores feministas y anticapitalistas, no es difícil imaginar que su audiencia se siente tranquila al olvidar que ningún otro tipo de pensamiento diferente tiene lugar aquí. Se anuncian como una cooperativa, lo que simplemente se traduce en buscar una forma divertida y creativa de disfrazar la venta de productos en su tienda. Porque ¿qué otra cosa están vendiendo si no es un estilo de vida?
Los eventos que realizan, desde lecturas hasta sesiones de poesía, son un reflejo de una ideología que se vende como rebelde pero se parece más al conformismo moderno. En sus paredes, más que libros, se encuentran folletos que abogan por una causa tras otra, como si fuera un mosaico de quejas del mundo real. Sin embargo, paradójicamente, la resistencia aquí viene en un menú que uno debe escoger cuidadosamente para no traspasar las líneas invisibles impuestas por la masa que se congrega en este nicho tan selecto.
La atmósfera de Bluestockings es desigual; un paseo por sus maderos podría equivaler a entrar en un lugar donde solo se está permitido pensar una cosa. Los eventos organizados son llamativos solo si se alinean con la visión de una sociedad "ideal", y por ende, son una extensión más de una burbuja frágil que es incapaz de sostener un debate verdadero. Hasta los empujones más sutiles hacia una conversación honesta son sofocados por una pasión ciega que favorece sermones monótonos sobre modas ideológicas actuales.
Para muchos, Bluestockings es un refugio necesario en un mundo lleno de problemas. Pero esto solo es aplicable si consideramos que los problemas del mundo pueden ser entendidos y resueltos desde un solo lugar. Lejos de ser un punto de convergencia de ideas nuevas, es una declaración pública de guerra contra cualquier forma de diversidad de pensamiento verdadera. El discurso entero a menudo es una predicción de su propia caída: un espacio tan lleno de la supuesta libertad de expresión, es realmente una élite intelectual predicando a aquellos que ya creen en lo mismo.
Para los que buscan exportar el modelo de Bluestockings, pensar que librerías así surgirán por doquier puede ser el sueño de quienes no aspiran a más que ser consolidados en sus mismas ideologías preexistentes. Los eventos son abundantes y los libros son entregados con repulsión a cualquier elemento tradicional. Aquí se genera, sin dudas, una atmósfera donde la palabra "liberal" te debería asustar si acaso sostienes una conversación en un círculo donde la discordia solo se percibe como una amenaza a la libertad de pensamiento.
Más que nada, Bluestockings es un recordatorio perfecto de lo que sucede cuando una única ideología reina suprema: crea un enclave donde los mismos y aburridos discursos se reciclan una y otra vez, esperando que, al menos un visitante ocasional pueda encontrar compañía en medio de un espectáculo de homologación teórica. Esto no debe confundirse con un culto a la libertad intelectual. Bluestockings se cocina y se revuelca en su propia receta de desafío a lo convencionalista, cuando de lo revolucionario no guarda ni el aroma.
En apariencia, Bluestockings es el tipo de lugar donde te dirán que puedes ser y hacer lo que quieras, siempre que estés de acuerdo en que las fronteras propias se alinean con las suyas. Quizás sea sólo un ejemplo más de la paradoja que implica todo aquello que trata de fijarse como contracultura sin entender la contradicción inherente a seguir siendo parte de la cuestión que propone combatir.