A veces, el mundo del periodismo nos sorprende con joyas que, para bien o para mal, nos deja clavados en el asiento. Una de esas piezas es 'Bitch', la revista feminista que desde 1996 no ha parado de darlo todo desde Portland, Oregón. Este emblema del periodismo alternativo proclama un feminismo desenfadado, un tanto caótico, que pretendería desafiar las corrientes establecidas. La publicación, nacida de las mentes de Andi Zeisler, Lisa Jervis y Benjamin Shaykin, se ha convertido en un refugio predilecto para aquellos que creen que la cultura pop y el feminismo debían mezclarse en su dosis más explosiva.
'Bitch' define su misión como un análisis incisivo de los constructos de género, la política y todo lo que te puedas imaginar bajo el paraguas de la cultura pop. Pero no nos dejemos engañar por su aparente profundidad analítica. Al desnudarse de esa capa de rebeldía calculada, lo que queda a la vista son patrones de pensamiento que, lejos de promover un diálogo sustancial, buscan ensalzar unos ideales que, francamente, no todo el mundo está dispuesto a adoptar.
Ahora bien, naveguemos un poco más entre sus páginas digitales. Esta revista no es solamente un ejercicio de escritura creativa que pone patas arriba las verdades aceptadas; es un escaparate para un universo donde las narrativas habituales son vapuleadas con vehemencia. Claro está, no faltará el que crea que esta vehemente crítica es, más bien, la artimaña de una voz que retumba en su propia cámara de eco.
El toque de 'Bitch' rebosa, además, por sus segmentos recurrentes denominados "Bitch Lists", donde sacuden a la sociedad con listados variados sobre cine, literatura y más. Estas listas son un sacudón al sistema -o al menos pretenden serlo- mientras discretamente hacen a uno cuestionar de su objetividad o, incluso, la falta de ella.
Moviéndose con un estilo visual atractivo, 'Bitch' ha logrado crear una identidad inconfundible que, sin embargo, puede perderse en su propia tenacidad impositiva. La revista, fiel a su modus operandi, no duda en hacernos recordar cada tanto el porqué de su nombre, es decir, la famosa palabra que nos han enseñado a rehuir, tanto que se convierte en un símbolo más que en una publicación.
Un claro ejemplo del tipo de contenido que es capaz de ofrecer es un ensayo titulado “La princesa guerrera”, su particular homenaje a los iconos feministas en medios audiovisuales. Una oda que, si uno la analiza con ojo crítico, fácilmente se columpia entre lo ingenioso y lo predecible. Tal es su estilo; seguirán llorando los cerebros más tradicionales cuando se topan con estas joyas de ‘Bitch’.
Sin duda, su enfoque audaz ha permitido que esta revista se mantenga vigente durante décadas. No obstante, los detractores no van a tardar en reforzar los argumentos que postulan a 'Bitch' como un emblema de las resonancias ideológicas extremas. Ya sabes, aleja el sentido común y recibirás a cambio una carga de irreverencia que pondrá a prueba tu tolerancia.
El nombramiento de Zeisler, quien sigue impulsando la revista con la misma dedicación, no hace sino recordarnos que en estos mundos editoriales no hay lugar para los débiles. 'Bitch', con sus colores vibrantes y sus títulos provocativos, es a la vez un entretenimiento y un tema de conversación interminable para algunos. Para otros, queda como el contraste perfecto a todo lo que se han acostumbrado a evitar.
Así que, para aquellos que caminan por el sendero de la paciencia mental aguerrida, 'Bitch (revista)' se alza como una plataforma más que propensa a remover las aguas tranquilas del conformismo. En una era tan convulsiva como la nuestra, siempre habrá quien la aplauda y quien prefiera pasar de largo, incapaz de aceptar su carga de disonancia. ¿En qué lado te encuentras tú?