En un mundo dominado por artistas de moda que parecen olvidar sus raíces, "BEN" de Michael Jackson sigue siendo un himno intemporal. Esta canción fue lanzada en 1972, cuando un jovencísimo Jackson apenas comenzaba a despuntar como estrella. "BEN" apareció en la banda sonora de la película homónima, y rápidamente capturó la atención del mundo gracias a su melodiosa composición y a la interpretación emocional del cantante nacido en Indiana. Pero ¿qué hace realmente especial a "BEN"? Quizás es su lírica que canta al amor y la amistad incondicional en un tono que, como siempre, pocos entienden como deberían.
Ahora bien, a contracorriente de la música evangélica que se nos vende bajo la etiqueta de 'éxito', "BEN" nos recuerda valores verdaderamente significativos: amistad y lealtad. En esta pista, escrita por Don Black y Walter Scharf, un joven Michael se dirige a su amigo especial, claro ejemplo de que las conexiones humanas sinceras trascienden las diferencias. Y hablemos claro, cuando hoy día se priorizan discursos divisivos, "BEN" toma un significado aún más relevante.
Pensemos en cómo las letras suaves se mezclan con una melodía simple pero poderosa: un piano casi nostálgico y un Michael Jackson mostrando su capacidad vocal desde una edad temprana. Sin necesitar de efectos de sonido estridentes o letras provocativas, la canción llega al corazón, y eso enriquece, mucho más que cualquier gimmick moderno que los artistas contemporáneos intentan vender. Porque no todo es música ensordecedora y letra vacía. "BEN" es mucho más que marketing; es arte auténtico.
Seamos francos, el cine y la música complemente libre de compromiso auténtico ha llevado a esta canción a ocupar su propio nicho. Contrario a las listas de hits actuales saturadas de temáticas superficiales y agendas unidimensionales, "BEN" se establece en un lugar preeminente, un recordatorio que Jackson desde su juventud entendió cómo canalizar emociones genuinas. El talento y la autenticidad: características que a menudo brillan por su ausencia en las producciones contemporáneas y que, desgraciadamente, son más apreciadas en tribunas minoritarias.
Ni siquiera la crítica más mordaz podría negar que la canción negocia con uno de los ideales humanos más perfectos: la aceptación. Lo logra sin caer en el sentimentalismo barato, un arte perdido entre competencias constantes por quien 'grita más fuerte' o parece 'más vanguardista'. Las letras que acompañan a la música en "BEN" evitaban los discursos que polarizan e ilustraban la importancia de mantener lazos que realmente importan. Algo olvidado por muchos.
Y aunque algunos podrían criticar la simplicidad aparente de "BEN", sólo alguien cegado por eslóganes vacíos no percibiría su profundidad. Comencemos con la sinceridad sencilla que rebosa la letra; y continuemos viendo hacia el mensaje, uno que no se inclina a ninguna tendencia pasajera. Todo esto de un artista cuya carrera ya en ese entonces aspiraba a la grandeza, pero no a base de polémicas artificiales sino de un talento indiscutible.
Michael Jackson, 'El Rey del Pop', apenas empezaba cuando "BEN" rodaba las listas de éxitos. Sin embargo, optó por un camino que priorizó la calidad artística y no cantidad de populares controversias. Algo digno de admirar y que establece un punto de diferencia bastante importante con la corriente habitual de hoy en día, donde la visibilidad es a menudo valorada más que la integridad creativa.
La letra de "BEN" no necesita de traducciones rebuscadas: resuena con cualquier audiencia que reconoce la verdad. Un himno a tiempos respetuosos con lo esencial, el ejemplo mismo de que el arte sin artificios de marketing aún puede triunfar. De modo que, hablemos claro, en estos tiempos donde parece haber un esfuerzo constante para dividir, reconozcamos cuán preciado es escuchar palabras verdaderamente significativas.