Bautismo: El Álbum de Stefano Battaglia que no se Atreve a Molestar

Bautismo: El Álbum de Stefano Battaglia que no se Atreve a Molestar

Como un torero provocando a un toro con indiferencia, Bautismo, el álbum de Stefano Battaglia, se lanza al ruedo sin impactar demasiado. El virtuoso pianista Stefano Battaglia lanzó este álbum en 1996, asegurándose de que su enfoque estético no provoque el despertar ni de las mentes más conservadoras ni de las más agresivas.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Como un torero provocando a un toro con indiferencia, Bautismo, el álbum de Stefano Battaglia, se lanza al ruedo sin impactar demasiado. El virtuoso pianista Stefano Battaglia lanzó este álbum en 1996, asegurándose de que su enfoque estético no provoque el despertar ni de las mentes más conservadoras ni de las más agresivas. Bautismo fue grabado por el sello italiano Splasc(h), una plataforma que a fines del siglo pasado se entregaba a la búsqueda de sonidos vanguardistas. Sin embargo, esta colección musical parece más bien un paseo por el parque, apto para aquellos que buscan un refugio de la cacofonía del mundo moderno.

¿Qué es lo que hace que Bautismo sea tan calmado? Pues, lejos de ser una obra revolucionaria, Battaglia parece haberse aferrado a la sutileza y al arte delicado de la poesía sonora. No hay aleacionismo radical ni declaraciones políticas disfrazadas de melodías rompedoras. Es una música que suena bella, sin comprometer el equilibrio que muchos músicos contemporáneos confunden con innovador.

Muchos en la esfera musical de 1996 podrían afirmar que las obras de Battaglia son como una bandeja de aperitivos sofisticados: interesantes y cuidados, pero sin sustancia suficiente para realmente saciar un hambre musical cultural. Con un uso hábil del piano, Bautismo trasciende lo comercial, pero de una manera que evita poner de punta los pelos de cualquiera que se detenga a escucharlo por más de diez minutos. Esto es algo que, para bien o para mal, no volveremos a ver en el actual mercado obsesionado con el caos sonoro y el marketing del shock.

¿Y cuántas veces hemos oído alabanzas sobre la “templanza” en estos tiempos inestables? En un mundo donde el ruido y la protesta parecen ser las únicas formas de comunicación aceptadas, el álbum de Battaglia puede servir como recordatorio de que el arte también encuentra su hogar en la serenidad. Los liberales, siempre tan ansiosos por estremecer la plataforma sobre la que se sustentan, seguramente encontrarán poco en Bautismo que les provoque levantar la voz.

El título del álbum, Bautismo, evoca una serie de simbolismos, pero en un sentido que rehúye a la controversia. No se trata, como podría esperarse en la modernidad, de ninguna transformación radical a través de un rito subversivo. En lugar de ello, parece anclar en lo sagrado y en lo inevitablemente humano, sin trampas ni estratagemas. Stefano Battaglia nos ofrece la calma introspectiva de un ‘bautismo’ en las aguas de lo eternamente conocido y reconocible.

Los temas de Stefano Battaglia son elegantes sin petulancia, mostrando maestría en el uso de su instrumento de elección, el piano. Desde el primer compás hasta el último, la ejecución es impecable, destacando su habilidad para establecer una narrativa musical nostálgica sin necesidad de recurrir a los trucos baratos que abundan hoy en la industria musical. Cada nota está meticulosamente colocada como una pieza en un rompecabezas que, aunque le falta el caos desmedido que muchos alaban, cumple su propósito con precisión.

Quizá, lo más provocador de todo, es que el álbum nos invita a cuestionarnos lo que realmente consideramos como innovación. En el ámbito de la música y el arte, donde todos buscan el impacto mediático y las representaciones chocantes, escondido en las sombras está Bautismo, susurrando que a veces lo más audaz es no incendiarlo todo. Battaglia, con su álbum, no se interesa en reinventar la rueda ni en forzar sorpresas innecesarias. Se mantiene fiel a un estilo que exalta el tiempo bien empleado y el arte bien cultivado, una voz de la cordura en una escena a menudo desenfrenadamente destructiva.

Y mientras muchos seguirán buscando canciones cargadas de manifestaciones estridentes e inconformismos camuflados de originalidad, hay quienes encuentran placer y paz en trabajos como los de Battaglia. Bautismo es un recordatorio inadvertido de que no todo necesita ser revolucionario para ser digno de nuestra atención. En una sociedad que a menudo consagra el ruido más que la reflexión, este álbum nos ofrece la cálida certeza de que a veces, lo extraordinario se encuentra en la serena pureza de la belleza.

En definitiva, Bautismo puede no ser el álbum que rompa espejos con sus notas, pero refleja una introspección y habilidad que no necesitan de explosiones para ser apreciadas. Es en este sentido donde Battaglia desafía a la industria de la música actual: no todos los caminos llevan a Roma a través de intrincadas rutas de fuego. Algunos pueden llegar pacíficamente bordeando la costa, encontrando la serenidad en cada compás.