Si piensas que el Hollywood moderno está desquiciado, espera a ver 'Babylon', la película de 2022 dirigida por Damien Chazelle que muestra el lado oscuro, frenético y excesivo del cine en su edad dorada. Lanzada el 23 de diciembre de 2022 y protagonizada por Margot Robbie, Brad Pitt y Diego Calva, esta cinta rompió con la visión idílica que muchos todavía tienen de Hollywood, situándose en los turbulentos años 20 y 30. En una era donde la moral parecía más un estorbo que un valor, 'Babylon' arroja una luz fría sobre una industria que siempre se ha presentado como el faro cultural de occidente.
Primero, vamos con los escándalos. La película no escatima en mostrar los excesos de Hollywood, desde fiestas desenfrenadas, abuso de drogas hasta indulgencias de todo tipo. Uno esperaría que esto fuera como el cuento que todos hemos escuchado antes, pero Chazelle lleva el tema al máximo, y no precisamente como una crítica constructiva. Este es un espejo que refleja la corrupción moral con la que el progresismo parece estar siempre cómodo. Y es que, bajo esa capa de glamour, el film revela lo que mucho de la industria todavía quiere ocultar.
Margot Robbie ofrece una actuación que mezcla talento y desvergüenza, interpretando a un personaje atrapado en el torbellino del éxito y la autodestrucción. Pero la originalidad brilla por su ausencia, amigos. Es el mismo Hollywood que tanto presume de modernidad y valores ‘inclusivos’ el que una y otra vez regresa a ideas recicladas. En lugar de intentar ocultar los demonios del pasado, parece revivirlos con nostalgia. Irónico, ¿verdad?
Siguiendo con la línea de la nostalgia, Damien Chazelle se empeña en resucitar la época del cine mudo y la transición al sonoro, una época fundamental donde los sueños de grandeza superaban cualquier escrúpulo. Sin embargo, lo que debería ser una celebración de la evolución del cine termina siendo una de esas historias de redención que tanto adoran los cineastas de izquierda. La trama de ‘Babylon’ se centra en cómo personas ordinarias se convierten en estrellas para perderse luego en su propia decadencia, como si el sacrificio de los valores personales fuera algo admirable.
El guión también juega con los destellos de humanidad en medio de túneles oscuros de comportamiento cuestionable. Pero en esencia, lo que podría haber sido un homenaje se convierte en una glorificación del hedonismo. Con larguísimas escenas de autocomplacencia, la película no cuestiona, simplemente absorbe al espectador con sus nanopartículas de exceso. Y, claro, ese gran guiño al liberal: vivir al límite de la moral encontró aquí su forma cinematográfica.
Pero no podemos olvidar al incombustible Brad Pitt. Su carisma y talento están presentes como siempre, sin embargo, su participación se siente como un acto de reflejar las tragedias del pasado disimulando una crítica moderna. Su personaje oscila entre la simpatía y el cinismo, consolidando el cliché de la estrella envejecida que se niega a adaptarse. ¿Realmente es innovación seguir firmando personajes tan predecibles?
Y, qué decir del nuevo rostro, Diego Calva. En su papel de Manny Torres, lo curioso es cómo su personaje refleja el deseo inmenso de ser parte de una maquinaria que devora sueños y personas por igual. Ofrecen su carrera para recrear un mito sin sustancia y caer en ese error que a uno le suena familiar: sacrificar todo en el altar del éxito.
Con una producción de ese calibre, mucha atención al vestuario y un excelente diseño de producción, no puede negarse que visualmente la película honra su título. Pero al final, uno no puede evitar preguntarse si en vez de un renacimiento de la 'Babilonia' cinematográfica lo que estamos viendo es la misma Los Ángeles que encubre su podredumbre con coloridos escenarios. A lo mejor vendría bien recordar que de aquel esplendoroso imperio bíblico ni cenizas quedan.
'Al final del día,' y perdona la redundancia, ‘Babylon’ es una apuesta por relatar una época que no deja de resonar en nuestros días. Pero por favor, que no se nos ocurra otra vez usarla de ejemplo. Porque aunque el discurso pretenda disimularlo, sigue sin aparecer una trama que señale la verdadera moraleja: la resistencia a aprender del pasado. Cierto es, que Hollywood tiene su propio modo de ver las cosas, y ‘Babylon’ no es una excepción. Es la prueba fehaciente de que mientras más intenten lavarse la cara, siempre habrá un buen detractor señalando que aún tienen que aprender de su propia historia.