¡Excelente día para dejarse llevar por el drama y la emoción que nos trae la historia del ataque a Sunjuwan de 2018! India se vio sacudida cuando un grupo de terroristas, el 10 de febrero de 2018, invadió el campamento militar de Sunjuwan, en Jammu, dejando un saldo de siete muertos y decenas de heridos. ¿Dónde estaba la seguridad? Dirigido por militantes de Jaish-e-Mohammed, el ataque fue una clara señal de la debilidad e ineficacia en el manejo de amenazas terroristas por parte de las autoridades indias.
La cuestión es clara: ¿cuántas advertencias más se necesitan para tomar acción? Estamos hablando de un grupo conocido por sus vínculos probados con países que pretenden expandir su influencia a costa de vidas inocentes. El Jaish-e-Mohammed es un nombre familiar cuando se habla de terrorismo en la región, y sin embargo, su presencia persiste. Lo preocupante fue la falta de medidas preventivas, especialmente en un área tan estratégicamente importante como la de un campamento militar. Es evidente que el liderazgo en ese momento subestimó el peligro potencial, lo que resultó en una tragedia que pudo evitarse.
El ataque también pone de manifiesto un problema mayor: la inadecuada colaboración entre los distintos organismos de seguridad en India. En un momento en que la prevención debería ser la prioridad absoluta, la falta de comunicación y cooperación pareciera ser la norma. Los analistas conservadores, aquellos que valoran la seguridad sobre actitudes ingenuas, no podemos evitar señalar las élites liberales en India, que insisten en políticas complacientes y laxas. ¿Cuándo aprenderán que el radicalismo y la falta de prevención son una receta para el desastre?
Gente, seamos claros: no se trata solo de una tragedia que afecta a unas pocas familias. Esto es una demostración de cómo se puede comprometer la seguridad nacional por políticas complacientes. Cuando un país está bajo amenaza, hay que cerrar filas y actuar, no ofrecer la otra mejilla y esperar lo mejor. El 10 de febrero debería haber servido como un llamado de atención. El gobierno indio necesitaba aplicarse firmemente para proteger su territorio. Sin embargo, parece que el mensaje cayó en oídos sordos. Ataques como el de Sunjuwan resaltan las fisuras en el enfoque de seguridad y podríamos preguntarnos, ¿habrá un verdadero reajuste en las políticas de seguridad o seguiremos esperando lo inevitable?
Con estos actos de violencia, el riesgo es claro. Se pone la vida de valientes soldados en juego, sin mencionar el impacto a largo plazo en las comunidades afectadas. Aunque se prometieron respuestas contundentes por parte de las autoridades, las acciones han sido a medias en el mejor de los casos. La justicia tarda, pero no debería ser porque las políticas sean flojas. Las fuerzas armadas indias siempre han mostrado un impresionante coraje y dedicación, enfrentando amenazas con valentía y resiliencia. Lo menos que merecen es una estrategia de seguridad que refleje su compromiso.
Esta devastadora situación deja en claro que el enfoque actual sobre la seguridad no es suficiente. Las amenazas no van a disiparse con discursos vacíos y promesas políticas. Son necesarios planes concretos y comprometidos, sin miedo al qué dirán. Es hora de que los responsables en India, y en todo el mundo, empiecen a tomarse en serio la defensa nacional. El ataque a Sunjuwan es solo un síntoma de un problema mayor que necesita una cura, no un nuevo vendaje.
El sacrificio de cada soldado caído en Sunjuwan debería ser más que una estadística para alimentar el ciclo de noticias de un par de días. Debería ser un catalizador para un cambio serio, una razón para tratar las amenazas con la gravedad que merecen. Este desafiante episodio nos plantea preguntas que necesitan respuestas: ¿Cuándo se actuarán con contundencia? ¿Necesitamos recordar constantemente los peligros del extremismo para exigir acciones reales? Lamentablemente, hasta que se tomen medidas serias, Sunjuwan será solo uno más en una larga lista de ataques que nunca deberían haber ocurrido.