En un mundo donde las películas son aclamadas por su narrativa única y original, "Aruba" no es precisamente eso. Estrenada en 2023 y dirigida por un director infamemente conocido por su enfoque 'revolucionario', este drama posapocalíptico no hace más que reintegrar por qué ciertas tendencias en el cine moderno necesitan un cambio drástico. Filmada bajo la soleada pero desolada isla de Aruba, la trama supuestamente narra la historia de una sociedad post-industrial que lidia con los remanentes de un desastre global. Bienvenidos al tren del despropósito cinematográfico, amigos.
La película reúne un elenco lleno de nombres conocidos. Por desgracia, incluso los actores de calibre no pueden salvar un guion que carece de orientación coherente. La cinta parece más una plataforma para empujar ideas y narrativas políticas que de contar una historia cautivadora. El guion está poblado de personajes que, aunque deberían representar la complejidad humana, se convierten en meros estereotipos acartonados que reflejan la agenda del guionista más que una reflexión auténtica de la humanidad.
Aruba intenta abordar temas que suenan nobles en papel: el cambio climático, la desigualdad social y el reparador poder de la naturaleza. Sin embargo, en sus 120 minutos, se enreda en su propio discurso pseudo-intelectual. ¿Cómo un guion que alardea de ser una profunda crítica social se convierte en una serie de diálogos forzados que ningún ser humano razonable pronunciaría? Aquí, el drama postapocalíptico se convierte en un manifiesto politizado en lugar de una experiencia cinematográfica envolvente.
Por supuesto, la diversidad forzada es otro sello de esta obra. A medida que la trama avanza, nos bombardean personajes de toda forma, color y trasfondo. Aunque esto es celebrado típicamente -y a veces con razón- en la industria del cine, "Aruba" lo ejecuta de manera tan burda que el espectador siente que está asistiendo a una lista de verificación sociopolítica, en lugar de disfrutar de una narrativa fluida.
La preciosidad visual de Aruba podría ser su única gracia salvadora. El impresionante telón de fondo está capturado con un ojo que hace justicia a la isla. Sin embargo, incluso los paisajes más espectaculares no pueden distraer del hecho de que la historia misma es un cabildeo emocionalmente desarticulado.
Algunos pueden argumentar que "Aruba" fue pensada como una metáfora elaborada de la condición humana moderna. Sin embargo, en su intento por ser intelectualmente desafiante, la película se convierte en un ejercicio tedioso, lleno de diálogos soporíferos que bordean lo absurdo. La película que pretendía ser una reflexión compleja acerca de los problemas actuales termina siendo una demostración de cómo no hacer cine.
El final de la película, destinado a ser una catarsis emocionante, se arrastra de manera prolongada, dejando a la audiencia preguntándose si el tiempo invertido realmente valió la pena. Aunque algunos críticos influyentes de la industria, alineados por supuesto a ciertos sectores del espectro político, podrían aplaudir la audacia de "Aruba", la verdad es que la cinta apenas consigue entretener. Es una amalgama errática de ideas y símbolos sin cohesión que podrían haber sido mucho más efectivos con un poco menos de ostentación ideológica.
"Aruba" nos recuerda que no todo lo que se titula revolucionario merece ser elogiado. En el fondo, el cine debe contar una historia, capturar la imaginación, y mover las emociones humanas de un espectador. Lamentablemente, esta película es una exhibición de aspiraciones espurias que subestiman la inteligencia de la audiencia. En el afán de forzar contenido políticamente aprobado, "Aruba" se sumerge en un océano de contenido que, para muchos, quedará aún más olvidado al mover el dial hacia el próximo blockbuster.