Si alguna vez has pensado que abrazar árboles podría ser la solución para todos los problemas del mundo, prepárate para desilusionarte. "Arborófila", esa moda que suena más a una cuenta de Instagram que a una verdadera preocupación ambiental, está ganando popularidad entre cierto grupo de personas que parece haber perdido el rumbo, y aquí vamos a desmenuzar por qué. Pero antes, vamos a situar la discusión: "Arborófila" es una tendencia que surgió entre ciertos grupetes en zonas urbanas que, al parecer, ya se cansaron de los beneficios del aire acondicionado y han decidido abrazar árboles en su búsqueda de espiritualidad. Desde las grandes ciudades hasta los pequeños pueblitos, este movimiento se esparce como el último hit viral, pero vamos a ver qué tan hueca es esta tendencia.
Primero que nada, hablemos de quién está participando en esta moda. Usualmente, los seguidores de Arborófila son aquellos dados a creer que el progreso es una mala palabra. Adopta la pose de ser amigo de la naturaleza, pero en realidad es un ataque directo al progreso industrial que ha traído bienestar y comodidad a millones. Convocan reuniones, a menudo con títulos como "Festival del Árbol Feliz" en un parque lleno de árboles viejos que ni siquiera saben que entraron en la era Instagram de abrazos involuntarios.
Ahora bien, la esencia de Arborófila es pura palabrería que trata de convencernos de que la conexión con árboles puede sustituir el rigor de las políticas reales y concretas de protección ambiental. En lugar de plantar nuevos árboles o limpiar parques, se trata de sentir y vivir la energía de estos viejos reverendos vegetales. Mientras gente realmente comprometida dona tiempo y donaciones, estos fanáticos del árbol prefieren tocar sus raíces y aspirar su supuesto poder místico.
Es así como Arborófila busca pintarse como la gran solución universal para los problemas medioambientales sin entender que las soluciones reales vienen de políticas claras, regulaciones sensatas y un fortalecimiento de la educación ambiental. Creen que al ser menos tecnológicos y más "naturales" están haciendo la diferencia, pero eso únicamente detrae de la necesidad de empoderar compromisos reales. Y entonces, tal vez, uno se pregunte ¿dónde están estos salvadores abrazando árboles cuando se trata de traer soluciones reales a la mesa?
Desde un punto de vista pragmático, lo que se necesita no es gente trabajando en su nivel de conexión espiritual a través de un tronco. La realidad habla de la importancia de crear sistemas eficientes de reciclaje, mejores prácticas en la gestión del agua y fuentes de energía más limpias. No, la conexión mística no va a solucionar el calentamiento global, ni siquiera cuando te mantengas abrazado todo el día.
Uno debe preguntarse si esta moda no es más que un reflejo de lo fácil que es para muchos no comprometerse verdaderamente con la acción. Nos enfrentamos a problemas que requieren tecnología, innovación y soluciones estratégicas. Para ser justos, hay personas dentro del movimiento que realmente están comprometidas con el cuidado del medio ambiente, pero lamentablemente, la mayoría parece creer que una selfie con un árbol es digna de una estrellita ambiental.
¿Dónde están las acciones reales y tangibles? Se podría argumentar que esta arborofilia podría coexistir con prácticas razonables, una combinación de espiritualidad y prácticas fundamentadas. Sin embargo, la realidad es que, en su mayoría, esta moda disfraza una guerra anti-industrial que culpa a los avances tecnológicos de todos los males de la Tierra. Mientras tanto, el movimiento ha sido aprovechado por ciertos empresarios del verde que promueven productos inútiles y eventos que cobran por la entrada para meditar con un árbol.
No nos dejemos llevar por la nostalgia y el temor de lo que implica la era digital. El romanticismo de volver al pasado no es más que una ilusión cara y estéril. La verdadera fuerza de cambio viene de abrazar el progreso, no de denostarlo. Y mientras algunos siguen buscando la sabiduría de un tronco, el resto del mundo sigue avanzando, procurando dejar un impacto positivo tanto económica como ambientalmente.
Con "Arborófila", pues, estamos frente a una distracción más que nos aleja de la seriedad de los problemas ambientales que enfrentamos. Si verdaderamente queremos preservar nuestros recursos, el camino está lleno de arduo trabajo, de días y noches de estudio y esfuerzo en política pública. La verdadera conexión está en entender, no simplemente en tocar.