La cinta "Aquí" nos lleva de regreso al 2011, claramente una época donde las películas aún intentaban ser algo más que un desfile de efectos especiales. En medio de la globalización desenfrenada y una sociedad ansiosa por dar un paso al futuro, surge esta producción que, con un guiño a la nostalgia, nos muestra la sencilla complejidad de lo que solíamos llamar "buen cine". Esta película, dirigida por un cineasta con ambiciones mediocres, emerge en un año donde los dramas humanos, que buscaban ser reflexivos, aún peleaban por un lugar en la cartelera.
La trama se ambienta en un pequeño pueblo de España, capturando con precisión aquellos detalles que parecen forjados en el humo del tiempo, y un reparto que trata de convencernos que la realidad es más interesante que la ficción. A pesar de las intenciones nobles, es evidente cómo algunas ideologías estaban infiltrándose, infundiendo en cada cuadro del filme una sensación de querer ser más de lo que en realidad es. Pero no todos fuimos engañados por lo que algunos podrían llamar 'profundidad'. Mientras modernos críticos aplauden, uno no puede evitar preguntarse si en verdad resonamos con una historia en donde las acciones cotidianas de sus personajes pretenden darnos lecciones filosóficas.
En la película, los personajes, cual marionetas, nos pasean por una narrativa donde el espectador debe encontrar significado en palabras que no fueron tan pensadas. "Aquí" nos demuestra cómo la era digital permitía filmes con aires de importancia, apropiándose sin mucha autoridad de los traumas del siglo XXI. Mientras algunos aplauden los esfuerzos "valientes" de los directores por traer al tablero temas sociales, podemos ver a los mismos como una simple tentativa de ser políticamente correctos. La saga pretende reflejar la lucha de lo humano frente a la deshumanización, pero el resultado es un par de horas donde personajes buscan demasiado significado en eventos mundanos que solo intentan ponerle cara a una mirada perdida.
La película trata de envolvernos en un mundo que es tan nuestro como prestado, pero es en ese préstamo donde se pierde el posible impacto. Al intentar ser universalmente aceptada, se disipan los detalles que la hicieron propia, única. Todo esto empieza y termina en un mundo gris, un mundo que escapa a un contexto más grande y relevante, porque ocupa su tiempo en calcar lo que otros ya hicieron. Y es ahí donde el cine actual encuentra su desafiante realidad: crear algo nuevo bajo el cielo viejo. "Aquí" busca honor de épocas pasadas mientras no dice mucho sobre nadie en particular.
Mientras "Aquí" intenta resonar con la modernidad, no evita caer en clichés que una parte silenciosa de la audiencia aún tiene que tragar. La intención de representar algo más ha hecho de ella una cápsula de tiempo; desafía las normas hasta romperse, y en el camino, pierde esa esencia de querer conectar. Aunque parezca pretender darle voz a lo que no la tiene, al final de cuentas, su eco se mezcla con la multitud de voces que solo logran repetir lo que ya se ha dicho.
Si eres uno de esos que se niega a dejarse arrastrar por la corriente de las tendencias efímeras, "Aquí" se muestra como una especie de antorcha apagada, queriendo iluminarnos sobre lo cotidiano de manera tediosa, pero solo ofrece una tenue luz que apenas penetra. A medida que avanza, parece querer representar al pueblo y sus luchas silenciosas, enfrentándose al gran monstruo del progreso moderno. Mientras algunos pueden llamarlo arte, para otros, solo simboliza una muralla pretendiendo ser puerta.
La película del 2011, quizás un testamento olvidado de una época que aún buscaba su voz entre ecos de globalización y revolución digital, nos deja una lección sencilla: lo de "antes" tampoco siempre fue mejor. Su intento de transmitir la esencia de lo humano de forma "natural" se diluye en su propio deseo de aparentar profundidad. Allí radica su atractivo principal para aquellos que sienten afinidad por la nostalgia, aunque con una mirada que invita más a la crítica que a la emoción pura. En la intersección entre el pasado y el presente, "Aquí" se planta desafiante, pero solo acaba sacudiendo los cimientos de un terreno que otros ya pavimentaron.