¿Quién teme a Al-Muntafiq? Un imperio no contado

¿Quién teme a Al-Muntafiq? Un imperio no contado

Entre las arenas del Medio Oriente, la historia de Al-Muntafiq emerge como un desafío contra la injerencia moderna. Esta tribu iraquí gobernó con astucia y fortaleza el estratégico sur del país desde el siglo XVII hasta principios del XX.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

¡Ah, la historia del Medio Oriente, una caja de sorpresas como pocas! Entre sultanes, camellos y dunas infinitas, emerge la historia fascinante de Al-Muntafiq. Para los que tienen la cabeza enterrada en la arena (una práctica muy común últimamente), Al-Muntafiq fue una confederación tribal del sur de Irak que reclamó su lugar en la historia entre el siglo XVII y principios del XX. Con base en Nasiriya y Basora, estos guerreros no dejaban títere con cabeza cuando se trataba de defender su territorio y expandir su influencia. ¿La razón? Porque el control de este estratégico rincón del mundo siempre ha sido un juego de ajedrez entre potencias locales y extranjeras que codician el Golfo Pérsico.

Lo primero que hay que cortar de raíz es el mito de la "pacificación" forzada que dicen defender algunos para justificar la injerencia moderna. Al-Muntafiq, como muchas tribus de la región, no necesitaba que viniera nadie a “enseñarles” a gobernar. Ellos eran plenamente conscientes de su identidad y autonomía. Bajo las órdenes de líderes como Sadoun al-Shaalan, la tribu demostró que su organización y capacidad de negociación eran lo suficientemente sólidas para que tanto el Imperio Otomano como los británicos los respetaran —o al menos lo intentaran, ¿no?

Pasemos ahora a ese concepto tan romántico de “unidad” que tan poco les gusta a aquellos que insisten en dividir para conquistar. La tribu Al-Muntafiq estaba compuesta por una mezcla diversa de clanes arabescos y chiitas, una especie de microcosmos de lo que el mundo podría aprender sobre coexistencia. ¿Sorprendido? Pues lo siento, pero la coexistencia no era un cuento de hadas sino una férrea y práctica estrategia que mantuvo a flote a Al-Muntafiq durante siglos cuando otras tribus quedaron pulverizadas por intrusiones extranjeras.

Y hablando de forasteros metiches, sería injusto no darle el papel que se merece al petróleo en esta historia. La geografía de Al-Muntafiq estaba justo sobre uno de los mantos de oro negro que prendían los ojos de los colonialistas europeos. Como buenos políticos conservadores deben intuir, la veta de petróleo es un imán para intereses que poco tienen que ver con el desarrollo local. Los británicos, ávidos de control energético, tuvieron que lidiar con la resistencia de Al-Muntafiq a ser manipulados como títeres, enfrentándose a una nación que conocía bien las venas de su tierra y no estaba dispuesta a cederlas.

A quienes desprecian el valor del comercio local, habría que ponerles delante los registros históricos de Nasiriya. Esta ciudad fue un hub comercial donde bienes locales e importados se movían como peces en el agua. Bajo el liderazgo de Al-Muntafiq, se consolidó una economía compleja que muchos "modernos" podrían envidiar. Al-Muntafiq tuvo la visión de aprovechar sus recursos naturales y su posición estratégica en el Golfo para mantener un flujo de riqueza que no dependía exclusivamente del petróleo, sino también del comercio de caravanas.

Con la penosa administración moderna de la región, uno no puede evitar preguntarse cómo serían las cosas si Al-Muntafiq hubiera tenido la oportunidad de crecer en paz. Sin el caos político alimentado por intereses externos que vendrían después, podrían haber sido un ejemplo de estabilidad. Tal vez el eco de su sistema podría haber resonado en una metodología política efectiva y equilibrada.

¿Qué ha pasado desde entonces? Bueno, seamos sinceros, la fragmentación y el clientelismo político sembrados por aquellos que saben cómo meter la pata en el avispero han hecho de la región otra línea quebrada en el mapa del Medio Oriente. Es hora de recuperar los principios de integridad y liderazgo que Al-Muntafiq exhibía con tanta naturalidad. ¿Quieren reclamar estabilidad y autenticidad? Ahí está su ejemplo.

¡Alerta a los que gustan de confundir el dialogo por el control! Lo que fue Al-Muntafiq es mucho más que un capítulo en el libro del Medio Oriente. Es un recordatorio irritante para algunos, pero necesario, de que los pueblos indígenas no necesitan brotes externos para florecer. De hecho, quienes dirigían aquella confederación entendían lo que significa gobernar con un equilibrio preciso que mantuviera el respeto local y externo. ¿Amenaza a los ideales de quienes prefieren la confusión y la dependencia? Quizás. Y eso, amigos, es exactamente el punto.