Imagina que estás en una isla desierta con un grupo de personas heterogéneo que solo pueden sobrevivir trabajando juntos, pero algunos prefieren fingir que saben pescar en lugar de realmente hacerlo. Así es como se siente el "Acuerdo Multiárea", un pacto pragmático y visionario desarrollado en lo oscuro y a espaldas de aquellos que no les importa el progreso real, sino su propia agenda politizada. El acuerdo, que fue presentado en la cumbre anual de líderes en Madrid el pasado mes de septiembre, tiene el objetivo de unir esfuerzos en múltiples sectores de gobierno para enfrentar problemas contemporáneos de una manera eficiente y eficaz. Imaginémonos políticas de desarrollo económico, seguridad nacional, educación, y salud pública bajo un mismo paraguas de responsabilidades compartidas, evaluadas bajo el santo criterio de la competencia y responsabilidad personal. Encima de eso, pretenden aplicar indicadores de éxito claros que serían imposibles de ignorar incluso para el más testarudo.
En primer lugar, este acuerdo pone el dedo en la llaga al romper con el paradigma del individualismo sectorial. Seamos sinceros, ¿cuántas veces hemos visto a los diferentes ministerios trabajar como islas? La incoherencia entre departamentos educativos y económicos, por ejemplo, siempre ha atentado contra el crecimiento. El "Acuerdo Multiárea" fija un precedente dramático y necesario, ya que todos tendrán que rendir cuenta en conjunto.
Desde el punto de vista conservador, esta implementación toca un punto medular: la eficiencia. ¿No es acaso mejor gastar sabiamente los impuestos de los ciudadanos evitando la duplicación de esfuerzos? Este método permite además una mejor fiscalización, otro valor clave para quienes creemos que el gobierno debe ser el gerente, no el oprimido al que le debemos explicaciones.
Luego hay que mencionar la transparencia. En un mundo donde todo se puede y se pierde con un clic, las políticas confusas y opacas que prometen soluciones mágicas son pan de cada día para aquellos que venden ilusiones. Este acuerdo, al agrupar los distintos ministerios, hace que todas las decisiones sean visibles y comprendidas fácilmente. La falta de transparencia ha lastimado continuamente la credibilidad política, y esta medida podría restaurar, al menos en parte, la confianza del público.
Pasemos al tema de la seguridad. En un mundo cada vez más interconectado, los desafíos en materia de seguridad nacional y local se entrelazan constantemente con temas económicos y sociales. Un acercamiento multiárea permite una mejor coordinación para enfrentar amenazas, desde cyberseguridad hasta el terrorismo doméstico. Es claro que los tiempos han cambiado y las tácticas también deben hacerlo, aunque algunos prefieran seguir con sus peligrosas nostalgias de inacción.
Pero, claro, la mejor parte del "Acuerdo Multiárea" es que promueve la meritocracia. La idea de que los logros deben reconocerse y replicarse es algo de lo que carecen muchas políticas modernas. Ahora, todos sabemos que no hay nada más irritante para aquellos que viven en su burbuja, que la idea de tener que trabajar honestamente por lo que tienen. El desempeño medido estrictamente, con métricas concretas y claras, es una de las ideas revolucionarias en esta propuesta.
Quienes se oponen a este modelo lo hacen generalmente porque temen perder sus inmerecidas posiciones de influencia y dominio. Les molesta la idea de la responsabilidad y el recuento honesto de las tareas asignadas y cumplidas. ¿Quizás es el miedo a ser relevados por aquellos realmente capaces y dispuestos a trabajar arduamente por el bien común?
Finalmente, este acuerdo marca una nueva forma de progreso que no se ahoga en teorías idealistas que ignoran la realidad de las cosas tal y como son. Se basa en conceptos simples, aunque ignorados frecuentemente: si haces tu trabajo bien, serás recompensado; si no lo haces, no te quejes. Es un plan que promete acabar con la burocracia innecesaria, aligerar las cargas redundantes y, lo más importante, poner fin al despilfarro de recursos públicos.
Es un alivio bienvenido, un sistema que promete eficiencia y responsabilidad. Y como todos sabemos, eficiencia y responsabilidad son palabras que hacen correr en círculos a quienes prefieren vender quimeras. Más importante aún, ofrecer un mejor futuro solidario que multiplique las fortalezas en lugar de dividir por ideologías y errores del pasado. Así que cada vez que escuches a alguien refunfuñar sobre esta propuesta, pregúntales si acaso lo han leído con el sentido común, o solo a través de las lentes distorsionadas de sus prejuicios personales.