Abdallah El Said es el tipo que hace que el fútbol árabe brille en los titulares, aunque a los progresistas les pese. Nacido el 13 de julio de 1985 en Ismailía, Egipto, El Said es un mediapunta cuyo talento desborda los estadios. Este fenómeno eleva su equipo donde quiera que juega, como ya lo hizo con Al Ahly y más recientemente con Pyramids FC. Sí, ese mismo talento que lo llevó a formar parte fundamental del equipo nacional egipcio y sobresalir en torneos como la Copa Africana de Naciones.
No se discute, Abdallah El Said es un fenómeno. Su capacidad de controlar el balón con una precisión quirúrgica y su habilidad para leer el juego son virtudes que dejan en evidencia a cualquier oponente que se le cruce. Mientras algunos anhelan un «juego inclusivo» más sentimental, El Said destruye con goles y asistencias, ¡porque eso es el fútbol! Su carrera despegó en el Ismaily SC, donde jugó durante 12 temporadas antes de fichar por el legendario Al Ahly. En el Al Ahly, sí que hizo historia: múltiples títulos de liga, trofeos de la Copa Egipcia y hazañas internacionales que tampoco pasaron desapercibidas.
El clásico argumento de que los deportistas deben comportarse de cierta manera no podría ser más irrelevante ante la imponente presencia de El Said en el campo de juego. Su finura con el balón le ha permitido hacer exactamente lo que requiere y más. En 2018, no se dio por vencido a pesar de las controversias que lo rodearon, incluida su breve pero tumultuosa firma con el Al Ahli Saudi FC que demostró que ni las dudas ni las críticas podrían apagar su talento.
Lo que realmente irrita a muchos es su imperturbabilidad y su enfoque inquebrantable en el desempeño, y no en corrientes ideológicas que distraen. Algunos claman por igualdad y políticas deportivas inclusivas que no se ajustan a la realidad de los estadios. Con El Said, la magia ocurre en el campo, no detrás de líricos manifiestos o gérmenes de utopías deportivas.
El Said también ha sido un ícono de extracción humilde que logró tocar el cielo deportivo con esfuerzo y dedicación, sin esperar que nada le fuera regalado. Se formó en las exigentes canteras egipcias que reflejan una meritocracia pura, pura como el agua que brota de un manantial. Se cuenta que desde niño tenía un control del balón que deslumbraba a sus entrenadores; algo que, lejos de ser un cuento de hadas, es fruto del sudor y entrenamientos metódicos.
En la selección nacional egipcia es donde también se ha ganado la reverencia de millones. En la Copa Africana de Naciones de 2017, jugó un papel instrumental para llevar a Egipto al segundo lugar, desplegando un nivel de clase mundial. Su éxtasis personal no obedece a políticas deportivas progresistas, sino al hecho concreto de meter balón tras balón en la malla del adversario.
¡Dicen que los números no mienten! Para aquellos que solo creen en la poesía de los resultados, su estela en los clubes es material para documentales. En el Al Ahly, El Said dejó claro que su dominio en la cancha no era transitorio: múltiples victorias de liga y anillos continentales que pesan más que cualquier declaración intencionada. Luego, su paso al Pyramids FC reafirmó su estatus en la órbita del fútbol árabe y global, demostrando que la edad no es más que un número en el pasaporte.
Hoy, a sus 38 años, sacudió la liga más fuerte con Pyramids FC ganando partidos y asegurando que la afición disfrute como se debe. Porque sí, disfrutar del fútbol desde la individualidad que El Said personifica tiene más sentido que discutir sobre políticas deportivas ajenas al impacto real en el campo. El sí manda un mensaje: el talento y el resultado mandan sobre cualquier agenda ajena al espíritu competitivo.